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Respira profundamente en tu sueño agradable y toma aliento, relajada, y prepárate para un viaje a la poesía, al infinito más cálido y confortable, al lejano horizonte sin ruidos. Agárrate a lo único a lo que puedes agarrarte con fuerzas y sin miedo (a tu ilusión), sin vacilación, porque nos marchamos a una nueva galaxia con número de identificación pero sin fecha de caducidad, hecha de sueños y sentimientos, de belleza etérea y de color intangible, de emoción luminosa y de melancolía en blanco y negro.
Cuando, de vez en cuando, buscas en la música intensidad y desechas superficiales propuestas, deseando sumergirte en esas aguas densas y espesas que te transmitan emociones, que te sacudan, te hagan reaccionar, cuando buscas compromiso
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con una forma de sentir la música, de vivir experiencias irrepetibles cerrando los ojos y dejándote transportar a algún sitio inconcreto, te acercas a historias como las que
Dean Wareham (guitarras, voz),
Damon Krukowski (batería) y
Naomi Yang (bajo, voz) se empeñaban en desarrollar, como las que este trío construía desde la inspiración cuidada y llevaba a la práctica desde sus tres discos que llegaron a poner en manos de todo aquél que quisiera viajar a sus mundos tensos y elegantes, tenues y sombríos, lánguidos y emotivos. Los nombres de aquellas joyas,
"Today" (1988),
"On Fire" (1989) y "
This Is Our Music" (1990).
Nunca olvidamos del todo (nos negamos a ello, nos resistimos por miedo a perder demasiado) sus tres trabajos en estudio que se reeditaron junto a un cuarto de rarezas en una caja preciosista y esencial. También salían a la luz un disco con una grabación en directo en
Copenhague, uno de rarezas y unas
"Peel Sessions", todos ellos para asegurar que siguen cerca, que están por ahí, vagando su espíritu entre estrellas fugaces y satélites caducos. Así que ya sabes, coge lo necesario (si acaso la capacidad de escuchar, la de emocionarte y la de poder transmitir tu alegría, tu tristeza, tu gozo y tu recogimiento) y marchémonos, chica triste, a vagar entre sones eternos y melodías infinitas. Y si no llegamos, por alguna razón oculta, a alcanzar la Galaxia, siempre podremos parar a coger fuerzas en la
Luna.
x Javier M. Carpi
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