"Comerás flores" (Lucía Solla Sobral) Subrayadas (209)

14/1/26

A veces, encendía el único ordenador de sobremesa que había para toda la familia y transcribía las letras de mis grupos favoritos para subirlas a las webs de letras y acordes. Las de El Niño Gusano eran mis preferidas, no las entendía pero me hacían reír. Media vida, pero media vida entera enterita entera, viviría aplastada entre el sofá y una pila de vinilos. Y la otra media, en los conciertos y las ganas de hacer crónicas de todos ellos. Alguna vez envié crónicas gratis por si me las publicaban, pero nunca me respondió nadie. No hablaba sobre la limpieza del sonido, la distorsión, los riff de guitarras y los punteos, yo escribía sobre el esternón, la nostalgia, la amistad y sobre colgar en el tendal camisetas de grupos.

El amor antes de Jaime funcionaba así. Tú me haces caso, yo te hago caso, tú me pellizcas, yo te pellizco, tú me quieres, yo te quiero. Lo importante era darse cuenta de que la otra persona te hacía caso, te pellizcaba, te quería.

Si el mal tiene remedio, ¿de qué preocuparse? Y si no tiene remedio, ¿para qué preocuparse?

Cambiar de escenario no hace que los problemas desaparezcan. Los mueves de sitio, los paseas por parques diferentes, los llevas a otras terrazas, los enredas en tu coletero.

Es una verdad universalmente reconocida que a una persona que escribe a las tantas de la mañana no se le puede seguir el juego. Sobre todo, si una está con su novio durmiendo al lado.

Y otra vez su mano en mi brazo y otra vez un beso que fue largo largo como los rabos de una cereza o como un regaliz o como unas vacaciones en casa. Se acabó el beso y pensé estamos muy cerca de casa, demasiado cerca. Y le dije que chao, pesado, pero lo besé otra vez y me dio igual estar a trescientos metros de casa. Solo eran unos segundos, unos besos, los últimos. Me despegué. Le dije, este es el último. Y él se rio y mis labios besaron sus dientes y mis muslos, ay, mis muslos. Los rabos de cereza, el regaliz, las vacaciones. Entonces sí me fui. Y paseé con Frida porque volar no podía.

Sabrás que lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después.

Sabía que había hombres que gritaban, que controlaban, que humillaban, pero no sabía que era posible enamorarse de ellos.

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