7/4/26
Intentar comprender el pasado es imposible. Me he obsesionado con detalles inocentes y los he forzado para que entren en la historia, he buscado miradas donde no las había y he tratado de recordar palabras olvidadas para encontrar señales que el tiempo ha borrado.
Vuestra historia nos enseñó que amor quiere decir esperar. Amor quiere decir que el tiempo se escapa. Amor quiere decir saberlo desde el principio, verlo muy claro, que la duda no centellee jamás. Pero sé que también estaba el miedo, en esa historia, la certeza de no saber; sé que había una suerte de inseguridad indestructible, la del deseo cuando empieza, la de cuando uno quiere más, pero no sabe cómo, cuando uno lo quiere todo, pero no tiene nada aún.
El duelo es una manera insistente de negar el olvido que, inevitablemente, llega con el tiempo. Matarse, en cambio, debe de ser la mejor forma de asegurarse de que los vivos no te olvidarán fácilmente.
Querría añadirlo a la autopsia, todo esto. Escribir que, detrás del nombre, se esconde una historia, y que cada historia es la memoria que otra persona recuerda. Y que ahora tu nombre solamente es un grito en un valle perdido.
Ahora intentamos ser amigos, pero no hay nada más triste que reconocer el aburrimiento de alguien a quien has querido.
El enfermo es el mundo y no el suicida, el suicida es aquel que se atreve a renunciar a la mediocridad que le rodea.
La noche terminará como han terminado todas las noches hasta ahora, convencidos de que cada vez tiene menos secretos que revelarnos, la noche, que solo hay un rato muy breve, impuro, casi desnudo, en el que todo es posible, que a veces no llega ni a existir, ese momento, y que volveremos a casa solos, que cuando uno quiera irse el otro querrá más, que nos dará pereza pagar un taxi y cruzaremos la ciudad a pie calladamente, con la tristeza esa que duele en el pecho cuando la noche se cierra y el día comienza, y la gente que va a trabajar nos mirará con envidia y furia, y sentiremos que el corazón nos late con nerviosismo: el miedo que indica que los días de juventud se empiezan a acabar.
Los jóvenes, cuando se juntan, lo que mejor saben hacer es buscarse, que es una manera de decir que lo único que quieren es no estar solos.
Aunque deseamos olvidar, no soportamos que nos olviden.
Uno llega a viejo y todo se vuelve pesado y agotador, el corazón se resiste a olvidar, pero el corazón sabe que hay cosas que duran demasiado tiempo en nosotros: y el propio corazón es una de ellas. O bien el amor se transforma, con los años, en una obsesión fútil que ha perdido ya su razón de ser, y se vuelve demasiado doloroso evocar el tiempo en el que uno estaba famélico de ternura y deseo.
La memoria es un músculo, y la escritura, una forma de entrenarlo.
Cada amor nuevo descansa sobre las ruinas de uno antiguo.
Una historia existe porque alguien, un día, la escribió.














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