"Despedidas" (Julian Barnes) Subrayadas (227)

19/8/26

El cerebro nos tiene mucho más calados que nosotros a él: sabe todo cuanto sabemos, mientras que nosotros solo sabemos una parte de lo que sabe él.

¿Qué dijo T. S. Eliot del recuerdo? Que por mucho que lo envuelvas en alcanfor las polillas se colarán igualmente. 

La actitud mental, contrariamente a lo que nos gustaría creer, no cambia nada en el desenlace de un cáncer. «Ser valiente» o cagarse de miedo, o adoptar un punto intermedio de terco autoengaño, no altera nada. Esa típica frase necrológica: «Murió después de una larga y valiente lucha contra el cáncer», debería ser, más bien: «Murió después de que el cáncer librara una larga y valiente lucha contra él».

No es un tipo de cáncer por el que pueda sentirme responsable y por tanto culpable. Ah, si por lo menos hubiera fumado/bebido tanto / comido tantos alimentos ultraprocesados... Es un cáncer causado por el cuerpo que envejece y empieza a desmoronarse y rebelarse contra sus propios intereses. Es un cáncer enraizado en la absoluta indiferencia del universo. Es aleatorio, carece de sentido: no es más que el universo realizando su cometido. No añadamos moralidad ni propósito a su evolución y desenlace.

He reflexionado mucho sobre la manera en que recordamos a los muertos, en la rapidez con que el recuerdo se convierte en mito y personas que estuvieron vivas se transforman en una serie de anécdotas (pero ¿acaso podría ser de otro modo?).

La cabeza y el corazón rigen mientras el cuerpo declina. Pero mejor así que al revés.

Algunos aman y más tarde lloran por lo que tuvieron y han perdido. Otros intentan amar y lloran por lo que no consiguieron: se duelen, de hecho, por no haber logrado tener una vida que, con el paso de los años, podría haberlos abocado a una aflicción total y completa. ¿Tiene sentido esto?

Después del diagnóstico, Jean decidió que la naturaleza siguiera su curso. Como le dijo a su médico: «A mí me interesa vivir, no solamente existir». Un sentimiento que muchos comparten, pero que a menudo se tambalea cuando se vislumbra el final.

Casi todos morimos como perros; siempre lo he pensado.

La vida no es una tragedia con un final feliz, pese a lo que prometa la religión; más bien es una farsa con un final trágico o, como mucho, una comedia ligera con un final triste. O, como dijo aquel, «una comedia para los que piensan, y una tragedia para los que sienten».

«Tan pronto como venimos a este mundo», dijo Flaubert, «empezamos a perder pedazos de nosotros mismos.»

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