"Miembro fantasma" (Fernanda Trías) Subrayadas (226)

10/8/26

Se preguntó si la intolerancia al calor podía ser hereditaria. Recordaba a su padre fumando en la bañera llena de cubos de hielo y lo recordaba en el mar, sumergido hasta los ojos como un hipopótamo.

Arturo le había enseñado, con esas maneras suyas, que la verdadera felicidad debía parecerse al aburrimiento. Lo otro se llamaba euforia y estaba destinado a extinguirse.

Las tormentas se parecían a la vida, porque llegaban de golpe y nadie se daba cuenta de que venían anunciándose hasta que el destrozo ya era irreparable. Eso, al menos, le había pasado a ella con la vejez, que vio antes en los ojos de los demás que en los suyos propios.

¿En qué año me dijo que se fue? Entonces recordará lo que le cuento. ¿No? Tener mala memoria es un privilegio, yo sé por qué se lo digo.

La verdad no se le otorga al que la merece, sino al que puede soportarla.

El odio no disminuye, disminuye el recuerdo del odio.

Me resultaba asombroso que una persona quisiera comprar algo solo porque novecientos noventa y nueve mil personas antes que ella también quisieron hacer lo que otro había hecho. FOMO, le llaman en inglés, Fear of Missing Out. Miedo a ser el único que se lo pierda. Ya no se necesitaban adjetivos, ya no se necesitaba entender por qué debería un lector comprar un libro: alcanzaba con el miedo. Salí de la librería sin comprar ninguno; no había podido sostener tanto interés y terminé no interesándome en nada. El asombro se agotaba por anulación, por exceso de estímulo, igual que durante la pandemia no significaban nada, ya, aquellas cifras: doscientos, quinientos, mil muertos diarios.

Yo no extraño –ni siquiera siento– la ausencia de recuerdos. ¿De qué sirve acumular experiencias? ¿No basta con haberlas vivido? Es como llenar la casa de basura, guardar papeles viejos, souvenirs que juntan polvo. Yo no busco recordar, solo mirar el vacío de mi mente, reconocer lo que quedó como quien hace un inventario después del desastre.

Ahora te escribo esta carta como quien arroja una cuerda al fondo de ese pozo oscuro que es el pasado. Excepto que ahí no hay nadie a quien rescatar.

Mirá que la memoria es como un animal asustadizo, si te acercás demasiado se puede escapar para siempre.

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