20/7/26
Él sabe mejor que nadie que para desaparecer primero hay que trabajarse el olvido. Hacerlo hasta que no te recuerden. Desde hace tiempo —un año, quizá algo más— no tiene ganas ni ánimos para ver a nadie. Hasta no hace mucho se preguntaba por qué, pero ya no. Se siente viejo, cansado y adicto sin mucha más profundidad ni calado. La vida le pesa, y no ha sacado muchas más conclusiones al respecto.
La nave buscó la diagonal en pista, cogió velocidad, alzó vuelo y se dirigió, sin más dilaciones, hacia lo que viene siendo un accidente aéreo sin supervivientes: un divorcio sin hijos.
Lo primero que descubres al despertar es que, si oyes al otro respirar y seguir vivo, tú también lo estás. Si te despiertas solo, nunca estás del todo seguro de no estar muerto.
Sin preguntas no hay mentiras.
Se conocen en persona desde hace apenas unas horas; de modo virtual, unas semanas, quizá un par de meses. Álex desearía tener sexo con ella, pero su deseo vive siempre dentro de una cueva. Y esa cueva está en la barriga de una ballena llamada «pereza».
Tampoco pintaría tal y como los ve él a esos hombres y mujeres cincuentones, abotargados por el alcohol y el fracaso. Todos con cuitas de dinero y honor con hermanas, socios, amigos y cuñadas. Hinchados y tatuados, con el orgullo estúpido de haber vivido algo digno de sus tatuajes ridículos.
Desde niño ha estado acostumbrado a sentirse desdoblado hacia dentro, como un estuche donde se guardan secretos, filias y taras. Que te gusten o te disgusten cosas sin razón, como esos alimentos que te asquean sin haberlos probado nunca. Un color favorito. La desidia. El odio hacia alguien que ni conoces. Como hacia ti mismo. Tu propio campo de concentración. Tu propio holocausto.
Los hombres son niños, y todos los niños, libros abiertos por la misma página.
No se ha enamorado, sino que pertenece a una casa, a una silla en la cocina y otra en el comedor, a unos horarios, a unos rituales. Pero no, no está enamorado, porque todo el mecanismo del enamoramiento ya fue destruido, arrasado.
Escapa, corre, no mires atrás. Quien fuiste solo es un leproso que intenta inocularte su tristeza y, poco a poco, pudrirte y matarte.
Hay gente que se pasa la vida esperando el momento propicio, y luego llega y no se da cuenta.
La vida es un continuo escapar de quien has sido.





























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