"Despedidas" (Julian Barnes) Subrayadas (227)

19/8/26

El cerebro nos tiene mucho más calados que nosotros a él: sabe todo cuanto sabemos, mientras que nosotros solo sabemos una parte de lo que sabe él.

¿Qué dijo T. S. Eliot del recuerdo? Que por mucho que lo envuelvas en alcanfor las polillas se colarán igualmente. 

La actitud mental, contrariamente a lo que nos gustaría creer, no cambia nada en el desenlace de un cáncer. «Ser valiente» o cagarse de miedo, o adoptar un punto intermedio de terco autoengaño, no altera nada. Esa típica frase necrológica: «Murió después de una larga y valiente lucha contra el cáncer», debería ser, más bien: «Murió después de que el cáncer librara una larga y valiente lucha contra él».

No es un tipo de cáncer por el que pueda sentirme responsable y por tanto culpable. Ah, si por lo menos hubiera fumado/bebido tanto / comido tantos alimentos ultraprocesados... Es un cáncer causado por el cuerpo que envejece y empieza a desmoronarse y rebelarse contra sus propios intereses. Es un cáncer enraizado en la absoluta indiferencia del universo. Es aleatorio, carece de sentido: no es más que el universo realizando su cometido. No añadamos moralidad ni propósito a su evolución y desenlace.

He reflexionado mucho sobre la manera en que recordamos a los muertos, en la rapidez con que el recuerdo se convierte en mito y personas que estuvieron vivas se transforman en una serie de anécdotas (pero ¿acaso podría ser de otro modo?).

La cabeza y el corazón rigen mientras el cuerpo declina. Pero mejor así que al revés.

Algunos aman y más tarde lloran por lo que tuvieron y han perdido. Otros intentan amar y lloran por lo que no consiguieron: se duelen, de hecho, por no haber logrado tener una vida que, con el paso de los años, podría haberlos abocado a una aflicción total y completa. ¿Tiene sentido esto?

Después del diagnóstico, Jean decidió que la naturaleza siguiera su curso. Como le dijo a su médico: «A mí me interesa vivir, no solamente existir». Un sentimiento que muchos comparten, pero que a menudo se tambalea cuando se vislumbra el final.

Casi todos morimos como perros; siempre lo he pensado.

La vida no es una tragedia con un final feliz, pese a lo que prometa la religión; más bien es una farsa con un final trágico o, como mucho, una comedia ligera con un final triste. O, como dijo aquel, «una comedia para los que piensan, y una tragedia para los que sienten».

«Tan pronto como venimos a este mundo», dijo Flaubert, «empezamos a perder pedazos de nosotros mismos.»

"Miembro fantasma" (Fernanda Trías) Subrayadas (226)

10/8/26

Se preguntó si la intolerancia al calor podía ser hereditaria. Recordaba a su padre fumando en la bañera llena de cubos de hielo y lo recordaba en el mar, sumergido hasta los ojos como un hipopótamo.

Arturo le había enseñado, con esas maneras suyas, que la verdadera felicidad debía parecerse al aburrimiento. Lo otro se llamaba euforia y estaba destinado a extinguirse.

Las tormentas se parecían a la vida, porque llegaban de golpe y nadie se daba cuenta de que venían anunciándose hasta que el destrozo ya era irreparable. Eso, al menos, le había pasado a ella con la vejez, que vio antes en los ojos de los demás que en los suyos propios.

¿En qué año me dijo que se fue? Entonces recordará lo que le cuento. ¿No? Tener mala memoria es un privilegio, yo sé por qué se lo digo.

La verdad no se le otorga al que la merece, sino al que puede soportarla.

El odio no disminuye, disminuye el recuerdo del odio.

Me resultaba asombroso que una persona quisiera comprar algo solo porque novecientos noventa y nueve mil personas antes que ella también quisieron hacer lo que otro había hecho. FOMO, le llaman en inglés, Fear of Missing Out. Miedo a ser el único que se lo pierda. Ya no se necesitaban adjetivos, ya no se necesitaba entender por qué debería un lector comprar un libro: alcanzaba con el miedo. Salí de la librería sin comprar ninguno; no había podido sostener tanto interés y terminé no interesándome en nada. El asombro se agotaba por anulación, por exceso de estímulo, igual que durante la pandemia no significaban nada, ya, aquellas cifras: doscientos, quinientos, mil muertos diarios.

Yo no extraño –ni siquiera siento– la ausencia de recuerdos. ¿De qué sirve acumular experiencias? ¿No basta con haberlas vivido? Es como llenar la casa de basura, guardar papeles viejos, souvenirs que juntan polvo. Yo no busco recordar, solo mirar el vacío de mi mente, reconocer lo que quedó como quien hace un inventario después del desastre.

Ahora te escribo esta carta como quien arroja una cuerda al fondo de ese pozo oscuro que es el pasado. Excepto que ahí no hay nadie a quien rescatar.

Mirá que la memoria es como un animal asustadizo, si te acercás demasiado se puede escapar para siempre.

Cuando la luz empieza a declinar El viento sopla donde quiere (4)

1/8/26

Antes del anochecer encuentra su centro cuando la luz empieza a declinar y la narración se adentra en terreno conocido, a través de un camino arenoso, entre las ruinas de una Grecia humillada que no puede dejar de hablarnos de nuestro eterno pasado de saberes perdidos y testamentos traicionados. Entonces Céline detiene el paseo y le pide a Jesse que la mire fijamente a la cara, que le diga sinceramente si se interesaría por ese rostro que ahora de la misma forma que se interesó por él dieciocho años antes, en un tren vienés, cuando la vio por primera vez y quiso ensayar diferentes juegos de seducción. Jesse sabe que se trata de una pregunta trampa e intenta escapar de la encerrona dialéctica, pero el envite no puede ser más oportuno. La verdadera partida de la película empieza a jugarse en ese preciso instante. Linklater lo sabe bien y por eso coloca a sus personajes frente al espejo del tiempo y del cine, convocando a aquella pareja de Rossellini en la seminal Viaggio in Italia y abriendo una nueva entrada en esas historias del cine escritas y reescritas sobre diferentes parejas enfrentadas a su disolución.

Jonás Trueba. "El viento sopla donde quiere" (Athenaica Ediciones, 2025)

"Peces" (Eva Baltasar) Subrayadas (225)

29/7/26

"Los monstruos son el verdadero rebaño del amor" (Victor Hugo).

La escritura no te libra de nada. De ningún dolor ni de ningún recuerdo, ni siquiera de un leve pesar. De nada.

Una parte de mí la quiere conocer, intuyo que es sencilla como un cántaro y que puedo llenarla. Pero está dañado, hay una fisura por donde el amor gotea y se pierde. No tiene nunca suficiente de mí. Me quiere cerca y concentrada en ella, no le interesa mi vida.

El deseo es de la ausencia, por completo. En la presencia el deseo se vuelve efervescente y se pierde en el ansia de la carne, que es primitiva. Los dominios del deseo son las esperas, es en ellas donde el deseo elabora lo que lo define: la ficción. Desear es una facultad de la víscera que en la espera deviene intelectual y volitiva.

"Objetos perdidos" (Carlos Zanón) Subrayadas (224)

20/7/26

Él sabe mejor que nadie que para desaparecer primero hay que trabajarse el olvido. Hacerlo hasta que no te recuerden. Desde hace tiempo —un año, quizá algo más— no tiene ganas ni ánimos para ver a nadie. Hasta no hace mucho se preguntaba por qué, pero ya no. Se siente viejo, cansado y adicto sin mucha más profundidad ni calado. La vida le pesa, y no ha sacado muchas más conclusiones al respecto.

La nave buscó la diagonal en pista, cogió velocidad, alzó vuelo y se dirigió, sin más dilaciones, hacia lo que viene siendo un accidente aéreo sin supervivientes: un divorcio sin hijos.

Lo primero que descubres al despertar es que, si oyes al otro respirar y seguir vivo, tú también lo estás. Si te despiertas solo, nunca estás del todo seguro de no estar muerto.

Sin preguntas no hay mentiras.

Se conocen en persona desde hace apenas unas horas; de modo virtual, unas semanas, quizá un par de meses. Álex desearía tener sexo con ella, pero su deseo vive siempre dentro de una cueva. Y esa cueva está en la barriga de una ballena llamada «pereza».

Tampoco pintaría tal y como los ve él a esos hombres y mujeres cincuentones, abotargados por el alcohol y el fracaso. Todos con cuitas de dinero y honor con hermanas, socios, amigos y cuñadas. Hinchados y tatuados, con el orgullo estúpido de haber vivido algo digno de sus tatuajes ridículos.

Desde niño ha estado acostumbrado a sentirse desdoblado hacia dentro, como un estuche donde se guardan secretos, filias y taras. Que te gusten o te disgusten cosas sin razón, como esos alimentos que te asquean sin haberlos probado nunca. Un color favorito. La desidia. El odio hacia alguien que ni conoces. Como hacia ti mismo. Tu propio campo de concentración. Tu propio holocausto.

Los hombres son niños, y todos los niños, libros abiertos por la misma página. 

No se ha enamorado, sino que pertenece a una casa, a una silla en la cocina y otra en el comedor, a unos horarios, a unos rituales. Pero no, no está enamorado, porque todo el mecanismo del enamoramiento ya fue destruido, arrasado.

Escapa, corre, no mires atrás. Quien fuiste solo es un leproso que intenta inocularte su tristeza y, poco a poco, pudrirte y matarte.

Hay gente que se pasa la vida esperando el momento propicio, y luego llega y no se da cuenta.

La vida es un continuo escapar de quien has sido.

"El estado de la unión" (Nick Hornby) Subrayadas (223)

8/7/26

Hemos envejecido de un modo distinto. Yo creo que los cuarenta son como los treinta, salvo que tienes que ir más al gimnasio. Tú crees que tener cuarenta y cuatro es como tener sesenta y cinco, salvo que con hijos más pequeños. ¡No se ha terminado! ¡Nada ha terminado! ¿Dónde están tus ganas de luchar?

—El problema es que el matrimonio es como un ordenador. Puedes despedazarlo para ver lo que hay dentro, pero luego te quedas con un millón de piezas.
Louise suspira, asiente desesperada y luego se repone.
—¿Qué tal esto? —dice—. Volvemos a guardar las piezas grandes, tiramos las pequeñas, lo cerramos y seguimos adelante.
—Pero no funcionará.
—No funcionará, pero parecerá un ordenador.
—¿Es eso lo que quieres? ¿Un matrimonio que parezca un matrimonio? ¿Aunque no funcione?

—En realidad no me gustan las películas en blanco y negro. O sea, admito que algunas son buenas. Pero… tienen algo que te hace sentir un poco como si estuvieras comiendo verdura.

"Era todo el mismo hueco" (Eider Rodríguez) Subrayadas (222)

29/6/26

Ixabel sintió prisa por preguntarle en qué trabajaba, no sabía estar con la gente sin conocer sus profesiones, sin entender por qué desagüe se les derramaba la vida.

Quizá no habían estado enamorados nunca, pero Ixabel sabía que el enamoramiento se derrite enseguida, basta con un pequeño cambio de viento para que se transforme en un charco gris, al contrario que la voluntad y la ternura: estas seguían ahí estación tras estación, sin celebraciones, como el agua de grifo que no sabe a nada especial pero nos mantiene vivos.

Nunca te fíes de alguien que lleve zapatos de cuero sin calcetines.

Vivía con Tristán, su novio. Nos enamoramos. O así lo llamábamos entonces. Tristán y yo nos prometimos que no pasaría nada entre nosotros, por Berta, por Andoni. Se lo contamos a Berta y Andoni. Mantuvimos la promesa y no pasó nada. Y lo que pasó fue mucho más destructivo que lo que no pasó: jugábamos a escondidas con una pasión que no se resolvía, dos cuerpos jóvenes cargados de promesas y de imposibles, mucho más excitantes y violentos que en una transacción carnal.

Siempre se le hacía raro escuchar a Gaizka hablando de ella a través de otros. Le gustaba; allí, en el espejo de los demás, Gaizka parecía un hombre dulce y responsable que la adoraba. Pero aquello solo existía en los relatos ajenos. La relación se alimentaba de recuerdos, se sostenía por lealtad y avanzaba con la energía de los maltratos leves (sufrirlos hoy, infligirlos mañana). Elena se daba cuenta. Pero no entendía cómo era posible que no se dieran cuenta desde fuera. Mientras tanto, los textos ajenos le ayudaban a no perder el hilo de aquella representación colectiva.

Era fácil cuidar a una moribunda, resulta bastante más difícil cuidar a alguien que quiere vivir.

Hábitos malignos Subrayadas (221)

21/6/26

Corro con tos o sin tos, con dolor o sin dolor, con cansancio o sin cansancio, con ganas o sin ganas, más cómoda o más incómoda, a buen ritmo o a ritmo espantoso, pero últimamente llena de hábitos malignos: pedazos de poemas que no arman nada, preocupaciones ilógicas, recuerdos como troncos pudriéndose en una laguna, jirones de amor estancado, evocaciones exigentes, congojas que supuran cosas que ni siquiera recuerdo, añoranzas del año 2023, iras criminales, envidia por nada ni por nadie (envidia ocurriendo en una atmósfera con ausencia de gravedad), consumo inapropiado de fotos fijas de un tiempo mejor, una tendencia cada vez más marcada al aislamiento, un apetito cada vez más intenso de soledad, una sensación cada vez más fuerte de desinterés, demandas a las que no quiero atender, preguntas que no quiero contestar, cantidades abundantes de decepción e hipocresía, la idea inabarcable de que antes era mucho más fácil tener días buenos, canciones estériles que fabrican anestesia, desistimiento, fatiga miserable, así que, de todas maneras, voy y corro arrastrando el cuerpo ahora que parece el final del tiempo, ahora que ya nunca es la primera vez. Todos, tarde o temprano, dejamos atrás el país de las primeras cosas. (Leila Guerriero. Del artículo "Consumo inapropiado", El País, 6 de junio de 2026)

"Hombres enamorados" (Irvine Welsh) Subrayadas (220)

12/6/26

Me aparto y me abro paso hasta la barra. Pido una cerveza y me quedo en un rincón mirando a los juerguistas. Debo de tener una pinta aberrante de rarito aquí plantado, bebiéndome una cerveza a sorbos. La soledad es sin duda una pista de baile abarrotada.

Principal consejo para mentir: introduce siempre un elemento sólido de verdad en tu trola. De hecho, consejo número dos: una mentira funciona mejor cuando es una verdad a la que aspiramos con fervor.

Me mira como intentando determinar si soy un caballero de reluciente armadura o solo un tarado baboso intentando a la desesperada caerle en gracia. Me divierte comprender que ambas proposiciones, lejos de ser mutuamente excluyentes, están conectadas.

En esta choza pequeña de Dunbar, la carga de la decepción de mis padres nos aplasta a todos. Es tal el alivio que siento cuando llega el momento de dejarlos y coger un vuelo a Ámsterdam que me da vergüenza.

Mujeres: no tengo ni puta idea de lo que ven en los hombres. Si yo mandara, les pagaría a ellas cuatro veces más que a los tíos por hacer el mismo trabajo. La sociedad mejoraría al instante si esos inútiles se suicidaran en masa.

Muchos cantantes heterosexuales tienden a los excesos del rock and roll por poderes: disfrutan de la fachada de su compañero drogata y autodestructivo, normalmente el guitarrista, y eso les otorga una credibilidad indirecta.

¡Salve, ignorancia, reina majestuosa, de porte enigmático, oscura y poderosa! No eres hija de la advenediza claridad, sino de la antigua casa de la oscuridad. MARY SHELLEY

Su mujer sigue siendo hermosa, pero una dureza desconcertante la permea. No ha aparecido con la edad. Siempre ha estado presente, pero la piel suave de la juventud le había permitido hacer la vista gorda o interpretarla como sofisticación altiva. Ahora parece una muestra de un espíritu más oscuro, quizá maculado por la inevitable desilusión con la vida que acarrea envejecer.

Creo que se puede aprender de la gente y uno puede cambiar su forma de ser, pero no la de los demás; una relación no debería cargar con esa expectativa.

Cree profundamente que todas las mujeres y todos los hombres pasan por una fase en la vida en la que actúan movidos por una necesidad subconsciente de que un amante los trate mal.

La culpa está haciendo acto de presencia: una respuesta perfectamente natural a su infidelidad. Al montarse en el tren, decide luchar contra esa cabrona hasta la victoria. Si no, siempre cabe la posibilidad de «romper el cristal en caso de emergencia»: el confesionario de la iglesia católica local.

Es fácil enamorarse de alguien. La clave está en enamorarse de la persona adecuada. Eso es mucho más difícil. Te pega un subidón de dopamina y luego te das cuenta de que, tengáis o no compatibilidades reales para empezar, los dos sois imágenes en movimiento, una obra en constante cambio, y es más fácil alejarse que crecer juntos.

Así que, si hoy en día aguantas cinco años en una relación, cuenta como un éxito tremendo. Diez es un resultado fenomenal; si has llegado ahí puedes darte palmaditas en la espalda. A partir de diez, o bien has descubierto el secreto del amor eterno, o solo eres un puto dejado que se pliega a la costumbre y la economía, y por tanto la vida te ha derrotado. Tal y como van las cosas, ser capaz de tener cualquier tipo de relación emocional y sexual durante más de unas pocas semanas, hasta que el subidón de dopamina desaparezca del cuerpo, será casi imposible. El amor eterno será, más que nunca, un espejismo.

El mejor plan El viento sopla donde quiere (3)

9/6/26

Todos sabemos que el mejor plan suele ser el que no se planea. Cuando esperamos mucho de algo casi siempre termina por decepcionarnos. Es muy difícil estar a la altura de lo que uno ha imaginado, fantaseado, soñado. Por eso, aquello que no podíamos esperar es lo que nos hace felices.
*
"Manhattan", con su apariencia de círculo que se cierra sobre los edificios de la ciudad, no es más que un final abierto, algo tan sencillo y bonito como 'esto es todo, amigos': algunos momentos grandiosos y otros más bien tristes, parejas que empiezan y terminan, fragmentos de vida, etc.

Jonás Trueba. "El viento sopla donde quiere" (Athenaica Ediciones, 2025)

"Los diarios de Emilio Renzi" (Ricardo Piglia) Subrayadas (219)

28/5/26

Mi abuelo, dijo Renzi, abandonó el campo y vino a vivir con nosotros a Adrogué cuando murió mi abuela Rosa. Dejó sin cambiar la hoja del almanaque en el 3 de febrero de 1943, como si el tiempo se hubiera detenido la tarde de la muerte. Y el aterrador calendario, con el bloc de los números fijo en esa fecha, estuvo en casa durante años.

La experiencia, se había dado cuenta, es una multiplicación microscópica de pequeños acontecimientos que se repiten y se expanden, sin conexión, dispersos, en fuga. Su vida, había comprendido ahora, estaba dividida en secuencias lineales, series abiertas que se remontaban al pasado remoto: incidentes mínimos, estar solo en un cuarto de hotel, ver su cara en un fotomatón, subir a un taxi, besar a una mujer, levantar la vista de la página y mirar por la ventana, ¿cuántas veces?

A veces, los momentos perfectos tienen por testigo sólo a quien los vive. Podemos llamar a ese murmullo —ilusorio, ideal, incierto— la historia personal.

Ella se fue a fin de mes y antes de irse me dijo que me quería, que habíamos pasado unos días inolvidables. Y después, con un gesto encantador, se sacó el flequillo de los ojos y me dijo que iba a Buenos Aires a casarse. Quedé fulminado. Se casa pronto y vino a Mar del Plata a buscar una aventura para sus últimos días de soltera. Vos no sabés cómo me llamo ni quién soy, vos me dijiste que te llamas Emilio y que sos escritor. Uno miente cuando está apasionado y vive una aventura de corta vida. Me quedé seco. Se fue el lunes y no me dejó que fuera a despedirla a la estación. Se reía como si todo fuera muy divertido. Te voy a extrañar, dijo, y no te voy a olvidar. Mentía. Pero no me importa, las mentiras, me dijo, hacen más llevadera la vida.

Ya no pienso en ella. Paso la mañana en la playa y la tarde en la biblioteca pública, revisando viejos números de la revista Martín Fierro. Me conformo pensando que dentro de un mes, dentro de un año todo esto que parece insuperable será —apenas— un recuerdo. Pensamientos compensatorios, coartadas.

La vida es una cadena de encuentros casuales pero tratamos de explicarnos a nosotros mismos como si hubiéramos elegido desde el comienzo. Caminos que «parecen» casuales pero son el resultado de toda una manera de vivir.

Cuando quiero tranquilizarme me refugio en el futuro: dentro de diez años me voy a reír de todo esto.

Para pensar hay que dejar de tomar decisiones. Hay que forzar la inteligencia en el ejercicio inútil del pensamiento puro. La indecisión ya es una enfermedad del pensamiento. Y ése es el origen de la filosofía.

La soledad es un momento amable si hay alguien en la periferia, la única soledad insoportable es la de no «contar» para nadie. Para mí, el solitario no es Robinson Crusoe sino alguien en medio de la multitud a quien nadie conoce.

Lo único que me hace seguir anotando los días en estos cuadernos es el intento de encontrar un sentido que quiebre la opacidad de las horas sin huellas.

Me miro la cara en el espejo mientras me afeito, es el primer chiste del día.

Vivir en la incoherencia es algo que debemos envidiarle a los locos.

El sufrimiento escapa al saber en tanto es vivido por uno a pesar del conocimiento, que no puede transformarlo ni evitar que suceda. Una frase de Sartre puede ligarse a esto que digo: «La conciencia no es conocimiento de las ideas, sino conocimiento práctico de las cosas. No basta conocer la causa de una pasión para suprimirla; hay que vivirla, hay que oponerle otras pasiones, hay que combatirla con tenacidad».

Obsesión secreta, pasión solitaria, el suicidio es un vicio del pensamiento, manía del intelectual que piensa demasiado, que está condenado a pensar.

Mi historia se resume así: ahora me escapo, después veremos.

Es absurda esta especie de necesidad de que los días pasen, indefinidos, a la espera. Supongo que nunca me detuve a pensar que estos días son en realidad lo que tengo y que daré cualquier cosa por ellos en el futuro.

¿Qué importa? Todo tiene el mismo fin. Esforzarse para demostrarse a sí mismo y a los demás que uno tiene talento. ¿Por qué? ¿Para qué?

Bella frase de Marx: «La muerte, esa revancha de la especie sobre el individuo».

Es imposible vivir sin ilusiones, pero hay que saber que las ilusiones son historias imaginarias que uno se cuenta a sí mismo.

No se trata de fomentar el autocontrol, sino de controlar el descontrol.

Un hombre que le cuenta a otro sus aventuras amorosas es un tarado, y si encima es el padre de uno, esa estupidez infantil se convierte en algo siniestro.

El tiempo vivido se embellece justamente porque está en el pasado. Estos días oscuros se verán luminosos cuando la distancia me permita observarlos como si fueran un paisaje.

Estos días que ahora se arrastran lentamente, y que tanto cuesta soportar, serán solamente una nostalgia melancólica. El enamorado se entrega al alivio del tiempo que pasa, única compensación frente a la pérdida.

Hace falta mucho coraje para retirarse antes de que suenen los avisos de incendio.

En el diario de Pavese el «tema» parece ser la imposibilidad de suicidarse («Nunca podré hacerlo, es más difícil que un asesinato»). R. Akutagawa: «¿No querrá alguien apretarme el cuello, calladamente, mientras yo duermo?».

Todos, decía mi abuelo, somos muertos con permiso.

"El celo" (Sabina Urraca) Subrayadas (218)

16/5/26

Piensa en los dos diazepanes que se ha dejado a sí misma como premio sobre la cómoda, en el lugar exacto donde estaría la tele en un salón normal. Su ocio es esa suspensión de la vida.

Cerró los ojos y se recordó tres meses antes, aún viviendo en la planta de arriba de la casa, tumbada sobre una manta de cuadros, disciplinándose para hacer algo que no quería hacer y que ya había hecho otras veces: ceder su cuerpo como quien va al dentista y abre la boca y baja la lengua, y no la cierra aunque le duela la mandíbula, aunque le parezca que se le van a rajar las comisuras.

A veces Mecha intenta explicarse reciclando malamente el lenguaje del grupo de terapia. Mezcla palabras. Dice alineada en lugar de alienada. Aunque quizá sea igual. ¿No es lo mismo vivir controladas por una fuerza superior a ellas que formar fila sin salirse ni un paso de la línea? Mecha, corazón siempre a punto de salirse del pecho, nube de humo, ojos como dos puñaladas que se derraman, dice síndrome de estrés posdramático en lugar de síndrome de estrés postraumático. Pero también la Humana cede paso a esa palabra en su cabeza.

El amor, inmenso poltergeist.

¿Tú sabes que no se puede obligar a ser feliz a alguien que no puede?

Había un perro guardián en las obras de Las Aguas que tiraba y tiraba, fiero, bestial, ladrando como un cancerbero. Los niños se acercaban disfrutando del terror. Un día, en uno de los tirones, la cadena se rompió. Silencio sepulcral, la mano de Piti apretando su brazo. Entonces el perro empezó a lloriquear. Se volvía hacia la atadura rota, temblando. No sabía vivir suelto, el cambio de las dimensiones del mundo lo aterraba.

El único modo de sobrevivir a la inmortalidad El viento sopla donde quiere (2)

10/5/26

Jarmusch es uno de esos cineastas que marca un cambio de paradigma o una auténtica fisura generacional. Primero tuvimos cineastas que en realidad eran pintores frustrados, luego tuvimos cineastas que en realidad eran escritores frustrados; incluso tuvimos escultores y fotógrafos frustrados recorriendo una gran parte del siglo XX, pero fue en la década de los ochenta cuando llegaron los músicos frustrados que se metieron a cineastas, y muchos de ellos eran rockeros. Jarmusch fue uno de los primeros y, aún hoy, aspirante a rey de toda una generación que sigue marcando tendencia, generando adhesiones y repudios.
*
"Creo que el único modo de querer vivir para siempre [...], el único modo de sobrevivir a la inmortalidad, sería tener capacidad de asombro e interés por las cosas. De lo contrario, te suicidarías. ¿Quién quiere vivir para siempre si no le interesa su propia conciencia?". Me emociona la curiosidad de Jim Jarmusch, su defensa de las cosas que le rodean y por las que sigue mostrando fascinación.

Jonás Trueba. "El viento sopla donde quiere" (Athenaica Ediciones, 2025)

"Las personas del verbo" (Jaime Gil de Biedma) Subrayadas (217)

7/5/26

Quizá hubiera que decir algo más sobre eso, sobre el no escribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo pregunto. Y preguntarme por qué no escribo inevitablemente desemboca en otra inquisición mucho más azorante: ¿por qué escribí? Al fin y al cabo, lo normal es leer.

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
-así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

Antonio Machado

MAÑANA DE AYER, DE HOY

Es la lluvia sobre el mar.
En la abierta ventana,
contemplándola, descansas
la sien en el cristal.
Imagen de unos segundos,
quieto en el contraluz
tu cuerpo distinto, aún
de la noche desnudo.
Y te vuelves hacia mí,
sonriéndome. Yo pienso
en cómo ha pasado el tiempo,
y te recuerdo así.



HAPPY ENDING

Aunque la noche, conmigo,
no la duermas ya,
solo el azar nos dirá
si es definitivo.
Que aunque el gusto nunca más
vuelve a ser el mismo,
en la vida los olvidos
no suelen durar.



A UNA DAMA MUY JOVEN, SEPARADA

En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del matrimonio.
Y una buena mañana
la dulce libertad
elegiste impaciente,
como un escolar.
Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por banda
-Isabel, niña Isabel-,
sobre un taburete erguida,
radiante, despeinada
por un viento solo tuyo,
presidiendo la farra.
De quién, al fin de una noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar!
Y todo me lo han contado.
¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?
Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.
Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.



DE SENECTUTE

No es el mío, este tiempo.
Y aunque tan mío sea ese latir de pájaros
afuera en el jardín,
su profusión en hojas pequeñas, removiéndome
igual que intimaciones,
no dice ya lo mismo.
Me despierto
como quien oye una respiración
obscena. Es que amanece.
Amanece otro día en que no estaré invitado
ni a un instante feliz. Ni a un arrepentimiento
que, por no ser antiguo,
-ah, Seigneur, donnez-moi la force et le courage!-
invite de verdad a arrepentirme
con algún resto de sinceridad.
Y a nada temo más que mis cuidados.
De la vida me acuerdo, pero dónde está.




CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!


NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
—como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
—envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.


DE VITA BEATA

En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

"Una historia del Kronen" (José Ángel Mañas) Subrayadas (216)

25/4/26

Los mejores personajes literarios son como el monstruo de Frankenstein, retazos de personas reales.

Una de mis opiniones más fijas es que las personas nos pensamos libres porque nos podemos mover, pero al final estamos tan arraigadas como las plantas.

Somos como barcos zarandeados por olas y vientos que lo más que podemos es marcar un rumbo y cruzar los dedos para que las tormentas durante la travesía no sean demasiado peligrosas.

Me dio por reflexionar sobre qué había sido de aquel veinteañero que no hacía tanto pegaba brincos en el Ghetto al son de Faith No More. Me recordé berreando con el resto de los energúmenos descamisados aquel estribillo que, a toro pasado, tenía algo de himno generacional.
—Be aggressive! Be be aggressive! B-E A-G-G-R-E-S-S-I-V-E.

Chimo Bayo siempre dice que la Ruta primigenia tenía una atmósfera positiva, hedonista. Para mí la ha idealizado porque yo en las discotecas que frecuentaba, y no digo ya el New World, Overdrive, The Omen o Epsilon, lo que veía era mal rollo, gente chunga esperando a volcar al vecino, miradas torcidas, empujones malintencionados, peleas e incluso alguna cuchillada en las zonas de aparcamiento donde siempre había bronca.

La M-600 se convirtió en el nuevo cordón umbilical que nos vinculaba a la civilización. Era una carretera y, como tal, hecha del mismo material que cárceles y sueños. Por eso las pisoteamos y veneramos por igual: asfalto y horizonte, contención y libertad, Roma y Kerouac, piedra y aventura.

Mi propio hijo pasó de tener un libro a tener un móvil en la mano y no volver, prácticamente, a tocar un libro. Si lo pensamos, es lógico. La capacidad cronófaga de esos dispositivos es absoluta. El tiempo que queda para lo demás es exiguo.

En los noventa pensé que iba a ser un icono de la independencia autorial, un Juan Palomo de la literatura, un Fugazi de las letras, ¡qué tontería más grande!

Y así habíamos llegado a la idea autonómica de España, bajo la batuta cafetera de un Adolfo Suárez que para resolver tres problemas provocó veintisiete y nos llevó al desastre actual: creo que ya nadie duda de que el Estado de las autonomías ha fracasado.

Por alguna razón, nunca he entendido la capacidad movilizadora de sentirse parte de una comunidad, esa necesidad sicológica que explotan hasta la saciedad las redes sociales.

Y mientras caía el manto violeta de la noche, concluí que yo era como uno de esos gatos callejeros buscando su sustento entre pecios consumistas. O como un intruso no invitado a una fiesta que decide no abandonarla. Un parásito, si se quiere. Pero también un superviviente nato.

Suele decirse que lo más difícil no es llegar sino mantenerse. Mentira. Lo más difícil es caer.

Últimamente me pasa que me cruzo con gente conocida, a la que no he visto en algún tiempo, y me encuentro con personas mayores, envejecidas. Y me da rabia saber que ellos piensan lo mismo.

Los noventa fueron la estética grunge, la sala Maravillas, el Festival de Benicàssim y ese Siglo XXI deliciosamente anacrónico, todavía muy roquero, de Radio 3. Los noventa fueron una época dorada para los fanzines y un pequeño templo de la palabra «independencia» con sordina, sin grandes aspavientos ni pintas estrafalarias.

"300 razones" (Sarah Manguso) Subrayadas (215)

16/4/26

En las reuniones del claustro me sentaba al lado de gente que había vendido dos millones de copias de sus libros. El éxito parecía tan cerca, al alcance de la mano. En los bancos del metro me sentaba al lado de gente que tenía gangrena, que se estaba muriendo, pero nunca se me ocurrió pensar que iba a pillar lo que ellos tenían.

La oscuridad lo posee todo, pero el sol sale lo bastante a menudo como para que creamos que el universo es mitad oscuridad, mitad luz.

Imaginaos un almacén cerrado repleto de todas las partituras viejas que tuve que rendir para profesores de música y directores de coros, papeles abandonados sin usar durante décadas, amarilleando, con anotaciones a lápiz, páginas contenedoras de tanta alegría que a veces me dejaban muda de la emoción. Nadie que las recoja podrá saber nunca cómo me salvaron la vida, una y otra vez.

El problema de permitir que te vean en tu peor momento no es que se acuerden, es que te acordarás tú.

Cuando perdí la esperanza de superar mis miedos, dejaron de ser una carga. La esperanza era lo que los convertía en una carga.

A la gente interesante no le interesa parecer interesante.

Es preferible imaginarte que los demás te odian a aceptar tu insignificancia.

¿Qué es más emocionante que una aventura? Saber que el otro está dispuesto a tener una aventura.

Hubo algunos a los que quise tanto antes de tenerlos que toda la experiencia de tenerlos fue el luto por mi antigua hambre.

Nos escondemos a simple vista, en nuestros cuerpos.

No hay recuerdos, solo artefactos históricos. Y todos mienten.

Verdaderamente, hay dos clases de personas: tú y todas los demás.

Respetad al artista con un solo éxito no por ese único éxito, sino por todos los días que habrá sufrido después, intentando conseguir otro.

La preocupación es la impaciencia por el próximo horror.

El fracaso es una buena preparación para el éxito, que llega como una sorpresa agradable, pero el éxito es una mala preparación para el fracaso.

Solía perseguir las cosas habituales -sexo, drogas, barrios peligrosos- para disfrutar de la sensación de desperdiciar mi vida, del peligro tentador. La maternidad por fin ha satisfecho esa hambre. Es una autodestrucción que no se acaba nunca y que no nota nadie.

Miro a la gente joven y me maravillo de su ignorancia de lo que está por venir, y la gente mayor me mira a mí.

"Reliquia" (Pol Guasch) Subrayadas (214)

7/4/26

Intentar comprender el pasado es imposible. Me he obsesionado con detalles inocentes y los he forzado para que entren en la historia, he buscado miradas donde no las había y he tratado de recordar palabras olvidadas para encontrar señales que el tiempo ha borrado.

Vuestra historia nos enseñó que amor quiere decir esperar. Amor quiere decir que el tiempo se escapa. Amor quiere decir saberlo desde el principio, verlo muy claro, que la duda no centellee jamás. Pero sé que también estaba el miedo, en esa historia, la certeza de no saber; sé que había una suerte de inseguridad indestructible, la del deseo cuando empieza, la de cuando uno quiere más, pero no sabe cómo, cuando uno lo quiere todo, pero no tiene nada aún.

El duelo es una manera insistente de negar el olvido que, inevitablemente, llega con el tiempo. Matarse, en cambio, debe de ser la mejor forma de asegurarse de que los vivos no te olvidarán fácilmente.

Querría añadirlo a la autopsia, todo esto. Escribir que, detrás del nombre, se esconde una historia, y que cada historia es la memoria que otra persona recuerda. Y que ahora tu nombre solamente es un grito en un valle perdido.

Ahora intentamos ser amigos, pero no hay nada más triste que reconocer el aburrimiento de alguien a quien has querido.

El enfermo es el mundo y no el suicida, el suicida es aquel que se atreve a renunciar a la mediocridad que le rodea.

La noche terminará como han terminado todas las noches hasta ahora, convencidos de que cada vez tiene menos secretos que revelarnos, la noche, que solo hay un rato muy breve, impuro, casi desnudo, en el que todo es posible, que a veces no llega ni a existir, ese momento, y que volveremos a casa solos, que cuando uno quiera irse el otro querrá más, que nos dará pereza pagar un taxi y cruzaremos la ciudad a pie calladamente, con la tristeza esa que duele en el pecho cuando la noche se cierra y el día comienza, y la gente que va a trabajar nos mirará con envidia y furia, y sentiremos que el corazón nos late con nerviosismo: el miedo que indica que los días de juventud se empiezan a acabar.

Los jóvenes, cuando se juntan, lo que mejor saben hacer es buscarse, que es una manera de decir que lo único que quieren es no estar solos.

Aunque deseamos olvidar, no soportamos que nos olviden. 

Uno llega a viejo y todo se vuelve pesado y agotador, el corazón se resiste a olvidar, pero el corazón sabe que hay cosas que duran demasiado tiempo en nosotros: y el propio corazón es una de ellas. O bien el amor se transforma, con los años, en una obsesión fútil que ha perdido ya su razón de ser, y se vuelve demasiado doloroso evocar el tiempo en el que uno estaba famélico de ternura y deseo. 

La memoria es un músculo, y la escritura, una forma de entrenarlo. 

Cada amor nuevo descansa sobre las ruinas de uno antiguo.

Una historia existe porque alguien, un día, la escribió.

El triple de nuestras vidas El viento sopla donde quiere (1)

29/3/26

Contemplando "Yi Yi" uno tiene la tentación de frotarse los ojos más de una vez. ¿Es posible semejante maravilla? ¿Es posible expresar cosas tan complejas con tal sencillez? ¿Quién está detrás de lo que estoy viendo? ¿Qué edad tiene? ¿Cómo alguien puede acumular tanta sabiduría y luego ser capaz de compartirla con tanta humildad?
*
Me gusta el cine de Edward Yang porque me gusta el cine. ¿Y por qué me gusta el cine? "Porque con el cine vivimos el triple de nuestras vidas", responde el mismo personaje poco después. Esa ecuación se revela de pronto como una evidencia científica, evidente y cristalina, pero es el resultado de una búsqueda vital y cinematográfica. La suya, sin duda. Pero también la mía, y la de tantos otros que le otorgamos al cine una dimensión crucial, oracular, en nuestras vidas.

Jonás Trueba. "El viento sopla donde quiere" (Athenaica Ediciones, 2025)

"El año del pensamiento mágico" (Joan Didion) Subrayadas (213)

28/2/26

El dolor por la muerte de un ser querido, cuando llega, no es en absoluto como esperamos que sea. No fue lo que sentí al morir mis padres: mi padre murió cuando le quedaban pocos días para cumplir ochenta y cinco años, y mi madre a falta de un mes para los noventa y uno, los dos después de varios años de ir perdiendo salud. Lo que yo sentí en ambos casos fue tristeza, soledad (esa soledad del hijo abandonado a la edad que sea), pesar por el tiempo pasado, por las cosas nunca dichas, por mi incapacidad para compartir o incluso para admitir de ninguna forma real, al final, el dolor, la impotencia y la humillación física que los dos experimentaron. Yo entendí que las muertes de ambos eran inevitables. Llevaba mi vida entera esperando aquellas muertes (temiéndolas, teniéndoles terror, imaginándomelas). Cuando por fin tuvieron lugar, se quedaron a cierta distancia, separadas de la cotidianidad de mi vida.

Durante ese período indeterminado que denominamos duelo, es como si estuviéramos en un submarino, en silencio sobre el lecho oceánico, sintiendo las cargas de profundidad, a veces cercanas y a veces lejanas, que nos azotan con recuerdos.

Melanie Klein hizo una valoración similar: «La persona que experimenta el duelo está de hecho enferma, pero como su estado mental es tan común y nos resulta tan natural, al duelo no lo denominamos enfermedad. […] Para expresar con mayor exactitud mi conclusión: debo decir que durante el duelo el sujeto atraviesa un estado maníaco-depresivo modificado y transitorio y lo supera».

Las reacciones inmediatas más frecuentes a la muerte son el shock, el no sentir nada y la incredulidad: «En un plano subjetivo, los supervivientes pueden sentir que están envueltos en un capullo o en una manta; ante los demás dan la impresión de estar llevándolo con entereza. Como la realidad de la muerte todavía no ha penetrado en la conciencia, puede parecer que los supervivientes están asimilando muy bien la pérdida».

La autocompasión siempre ha sido el más común y el más universalmente repudiado de nuestros defectos de carácter, y su potencial pestilente para la destrucción nunca se cuestiona.

Siempre nos imaginábamos que sabíamos todo lo que el otro pensaba, hasta cuando no necesariamente queríamos saberlo, pero con el tiempo he llegado a darme cuenta de que la verdad es que no sabíamos ni una minúscula fracción de lo que había que saber.

Somos seres mortales imperfectos, conscientes de esa mortalidad incluso cuando la apartamos a empujones, decepcionados por nuestra misma complejidad, tan incorporada que cuando lloramos a nuestros seres queridos también nos estamos llorando a nosotros mismos, para bien o para mal. A quienes éramos. A quienes ya no somos. Y a quienes no seremos definitivamente un día.

"Fractal" (Andrés Trapiello). 3.ª parte Subrayadas (212)

16/2/26

"Fractal" (Andrés Trapiello) 3.ª parte. Libro 3 (2001-2006)

Él decía, ánimo, esto no es nada. Y llenaba alegremente los volantes para el ecógrafo y el hematólogo. Cumplimentaba aquellas papeletas como si fuesen una quiniela. Todos los síntomas que tenía al entrar desaparecieron como por ensalmo al salir. Creo que el miedo es con toda probabilidad un eminente terapeuta en algunas dolencias menores.

El escepticismo es óseo y el entusiasmo una víscera. Con el tiempo solo queda el esqueleto.

No hay alegría elevada que no sobrevuele una melancolía de fondo, una tristeza propia. 

Se me había olvidado contar que también atardece delante del hotel, como un pase privado de la más grandiosa película de cinemascope. Y esa tarde el atardecer se anunciaba en los carteles como de una extraordinaria belleza, que invitaba a quedarse tranquilo, en silencio, viendo la única película del mundo que todos podemos ver en versión original y sin subtítulos.

Los maestros no están vivos ni muertos: están presentes.

No se sabe el valor real de una cosa hasta que no se la ha visto en un cajón de mudanzas. Y en ese caso, siempre suele valer la mitad de lo que se creía.

Tan malo como resignarse es no aprender a resignarse.

Comprende uno perfectamente a los ricos: lo primero que les inculcan a sus hijos es que hablar de dinero es una falta de educación, no hay modo de cogerlo sin que te manche un poco: bien porque no te ha costado nada ganarlo, lo que quiere decir que se lo has quitado a otro con engaño o por fuerza, bien porque te ha costado demasiado ganarlo, y en ese caso te has quitado a ti mismo algo que no se puede comprar con dinero: la vida.

La felicidad consiste en aceptar nuestra infelicidad endémica, como acepta y llega a olvidar un reumático sus pequeños dolores de huesos, vivir con ellos como con el aire que se respira.

Me fijo entonces en la casa de RG. y veo sus ventanas, foscas y sin vida, y me acuerdo de él. Me digo, se está muriendo lejos de aquí, y aquí, a mi lado, conmigo. Lo que me muero yo es la parte de su muerte en mí.

«Sin pena ni gloria» debería ser nuestro lema, el de todos aquellos a los que la falta de gloria no causa pena.

Cuando me di cuenta estaba llorando. Últimamente lloro sin darme cuenta. Era gratitud y dolor al mismo tiempo, dicha y angustia. La dicha de vivir aquel instante y la angustia de perderlo cuando llegaba.

Los locos tienen algo que nos admira a todos en lo más profundo, algo en lo que nos sentimos hermanados con ellos, por ridículos y desaforados que puedan parecernos, acaso el saber que todos tenemos la puerta de la locura ahí, y que si no la abrimos nosotros, vendrá alguien del otro lado, le pegará una patada y hará saltar por los aires la cerradura.

La naturalidad es ya una forma de extremismo en un mundo tan complaciente con el artificio...