9/10/26
Si alguien se me acercaba como era debido, podía mostrarme abierto, encantador, verdaderamente gregario. Si no, era un ser reservado y taciturno, apenas presente. Creía en mis capacidades, y sin embargo no tenía confianza en mí mismo. Era atrevido y tímido, ágil y torpe, resuelto e impulsivo: un monumento viviente al espíritu de la contradicción.
Al final, de mala gana, me rendí. Como en cualquier otra decisión equivocada que he tomado en la vida, actué contra mi deseo, dejando que consideraciones secundarias influyesen en la claridad de mi intuición. En este caso, lo que inclinó la balanza fue el dinero.
Llegados a cierto momento de la vida, descubrimos que nuestros días transcurren tanto en compañía de los muertos como de los vivos.














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