A los que leen. Capítulo IV

19/1/08

"El gran sueño del paraíso" (Sam Shepard)



Año nuevo, libro viejo. El tiempo cambia pero algunos títulos no hay manera de echarlos de la cabeza. Me remonto a una gélida mañana invernal, ¿o tal vez era una tibia tarde primaveral? Los años bisiestos traen mucha confusión.

Esto ocurría hace ya unos cuantos años en la biblioteca del Matadero, la de mi ex barrio. En un artículo de Ajoblanco figuraba su nombre como uno de los herederos de la beat generation... Por curiosidad, bajé a las estanterías de narrativa, busqué en la S y encontré "Luna Halcón". Y aquí estamos todavía, ahora con "El gran sueño del paraíso", revisitando los mismos polvorientos panoramas.

Cine, música, teatro y relatos cortos. Sam Shepard tira al aire una moneda, nada se mueve en varios kilómetros, sólo el pensamiento de sus personajes, pequeños, ínfimos en ese gran horizonte que a veces se rompe en millones de pedazos. Las decisiones drásticas no necesitan muchas páginas. Desaparecer entre el polvo del desierto, esfumarse con el vapor del asfalto ardiente, huir apestando a mierda de vaca y echarse a la carretera dejando el pasado colgado en el auricular de una cabina telefónica. ¿Cara o cruz?

Domadores de caballos, viejos dormitando a las puertas de un bungalow. Una conversación absurda, una pregunta injusta, una frase escrita en un cartón aceitoso. De todo se puede sacar una lección, o un escarmiento. Alguien irrumpe cochambrosamente en la primera página, alguien se busca a deshora en la última frase.

Las composiciones de Shepard no son sinfonías, son chispazos eléctricos que anuncian tormenta en el no tan lejano horizonte. América profunda o Los Monegros post-Gran Scala.

A la moneda la parte un rayo. "El gran sueño del paraíso", más Shepard. Yo gano. x Asun No


SAM SHEPARD: SEXO, DROGA Y ROCANROL
(Rayuela nº 42, El Periódico de Aragón, 6/2/1992)

El escenario del Teatro del Mercado todavía está caliente. La compañía zaragozana Tántalo Teatro representó hace no demasiados días "Locos de amor" que, junto a "El verdadero oeste", es una de las obras más destacadas del tremendo corpus teatral engendrado por Sam Shepard (Illinois, 1942), autor también de dos libros de poemas y prosas publicados por Anagrama ("Crónicas de motel" y "Luna Halcón"), dignas huellas del pulso beat.

Escritor, guionista, actor nominado para el Oscar y marido de Jessica Lange, su nombre aparece en la agenda de gente de la calaña de los Stones, Patti Smith o Wim Wenders; en la lista de poseedores del Pulitzer y en obras ajenas a su mano como Las leyes de la atracción, de Ellis, además de tocar la batería. Y es que Shepard, afortunadamente, parece ostentar el don de la ubicuidad; o eso, o está endiabladamente enamorado de su trabajo. Algo de agradecer, ya que si verle sonreir en la pantalla es un regalo, leer –y releer- sus creaciones es siempre una desesperada plegaria a la maldita trinidad.

Quien persiga agudezas conceptuales o exquisitos circunloquios que se olvide de este hombre; pero quien desee palpar experiencias paradójicas, crueles, reales en definitiva, que no busque más. Porque si algo caracteriza a este autor es que su escritura, tome la forma que tome, está viva y se come cruda, directamente, por lo que muchos no llegarán a apreciarla. Ya se lo avisaba Lee a su hermano Austin en "El verdadero oeste": "Es la pura realidad… Por eso te sorprende… Porque te estoy contando la pura verdad"; o el Viejo en "Locos de amor": "Quiero enseñarte algo. Algo real, ¿quieres? Algo verdadero".

Escritos en los años sesenta, los relatos, poemas y monólogos que conforman "Luna Halcón" parecen haber sido modelados a golpe de baquetas, tal y como delata ese alud de frases disparadas, de voces escupidas y agresivamente instantáneas (léase Ritmo), que marcan el compás de la lectura, cuando no se pierden en un delirio de imágenes recobradas, de alucinaciones sentidas y sentidos alucinados. Textos que no atienden a reglas ni a consecuencias, sino a salvajes impulsos que enlazan con la prosa espontánea de Kerouac, a quien estas páginas rinden un culto especial. El simplemente ir de palabras y personajes deambulando por el limbo rural del oeste norteamericano. Cowboys caducos, ladrones de caballos, indios reducidos a reclamo turístico… Sombras sin identidad que tantean los imprecisos bordes de dos presencias constantes en la literatura de Shepard: la autenticidad y la falsedad, con todo lo que su confusión conlleva.

Cualquier pretexto sirve para mostrarnos cómo los frágiles cimientos de la happy family de los shows y barbacoas en el jardín –la falsedad-, se retuercen y sucumben bajo las maldiciones de fetiches indios y fuerzas telúricas –la autenticidad-. Porque en Shepard siempre hay algo oculto que, tarde o temprano, sale a la luz.

Un final distorsionado para cada ocasión. Cuerpos que arden, camionetas que vuelan, plumas que hablan, peleas, sexo alternativo (el orgasmo eléctrico de "Cobra Moonster" entre las cuerdas de su Gibson en "Wipe out"). Huidas al desierto, a la carretera –otra vez Kerouac- o al particular triángulo de las Bermudas de los fuera de lugar; y todo a ritmo de rock and roll. Porque "El rock & roll es la violencia manifiesta sin hacerle daño a nadie como no sea alguna patada en la boca y un buen puñetazo" , es "el ruido de Estados Unidos, resquebrajándose por la mitad y hundiéndose en el mar". Rock & roll es Luna Halcón.

Luna Halcón. Relatos, poemas y monólogos. Sam Shepard. Editorial Anagrama: Colección Contraseñas. Barcelona, 1986.

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