Abraham Boba. Piano piano Riguroso directo

11/11/22

ABRAHAM BOBA. PIANO PIANO. (9/11/22. Centro Cívico Universidad)

En apenas seis meses Abraham Boba ha vertido su trabajo artístico en Zaragoza en cuatro ocasiones bastante heterogéneas: en junio, la sesión como DJ en el Bosque Sonoro de Mozota; en julio, la intimista performance presentando su libro “Esto no es una canción”; en septiembre, desbaratado enloqueciendo a las masas con León Benavente en el Vive Latino, y ahora en noviembre, un lujazo, un concierto de piano íntimo, a media luz, donde pudimos escuchar canciones de su trayectoria en solitario y algunas de las que comparte con su grupo actual.

Y ocurrió así: Fue una tarde cualquiera de otoño. Llegamos semiembrutecidos por un trabajo matutino anodino a una sala en penumbra y este músico nos ungió con el precioso bálsamo de su voz y sus melodías, dejándonos la piel emocionada y el rictus sonriente.

El piano comenzó a sonar con “Las hermanas Sánchez”, la primera de sus canciones. Siguió con “Capital” y “La educación”, regalándonos temas de aquellos discos en solitario de hace ya unos cuantos años. Nos habló sobre recuerdos y vivencias tales como el influjo de Leonard Cohen en su decisión de dedicarse a la música, su vida y huida de Madrid (“Así se vive aquí”), el concierto de Daniel Johnston en Austin al que acudió con Nacho Vegas (hizo una versión en español de “True Love will find you in the end”), su amistad inquebrantable con sus compañeros de León Benavente…

Boba interpretó las maravillosas “Hagamos algo antes de morir” y “Estado provisional”, así como  “Tu vida en directo”, de la que nos contó cuánto le costó grabarla, en un estudio en Miralbueno, ya que suele hacerle llorar cuando la canta; ayer no fue el caso.

Volvió al presente con la autobiográfica “La cámara de ecos”, perteneciente a “ERA” y a continuación sacó su libro “Esto no es una canción”, del que recitó un texto de memoria aunque nos hizo el teatrillo de  estirar el brazo y hacer ver que no leía bien por la presbicia. Qué coqueto, Abraham… Qué afable y sonriente... Parecía feliz ante esta propuesta de recuperar sus viejas canciones al piano; y el público agradecidísimo, aplaudiendo  efusivamente a un artista que se expande polimorfo y del que no nos cansamos nunca.

El recital terminó con “Podría haber sido peor”, pero no lo fue. Fue un tiempo de mágica evasión. Boba, nos has malacostumbrado a ti en Zaragoza. ¿Qué tal otro concierto en Navidad…? x Asun No

"Endlove" (Patricia Blanco Embid) A los que leen. Capítulo XXXI

3/6/22

Último viernes de mayo en Le Petit Coin, rinconcito de microclima artístico y cultural desde cuyos techos y paredes llueve literalmente poesía, desde cuyos muebles germinan libros y fantasía. Copas de cava se llenan y rellenan, brindando por la presentación de EndLove, primer libro de la filóloga y docente zaragozana Patricia Blanco Embid. Editado por la editorial granadina Esdrújula, su portada de claro influjo grosziano promete una obra intensa, perturbadora, rebosante de emociones ambiguas, difíciles de perfilar pero indelebles física y anímicamente.

Muy influenciada por “Rayuela” de Cortázar, Patricia no ha dejado escapar su homenaje al escritor argentino en la arbitraria distribución de sus textos, de la cual nos avisa en la bitácora que inicia el libro. Lectura libre, a capricho, al igual que irrumpe el amor, y se va… De ello tratan estas bocanadas de sudor y estupor, de pasiones y estragos producidos por el barrunto del fraude y la extinción del amor. El fuego, el ardor, las cenizas, el cuerpo y el ánimo arrasados son una constante en la voz de estos escritos.

Patricia es una mujer viajera, lectora, melómana, inquieta y sensible ante cualquier atisbo de cultura. En este libro nos regala trocitos de ciudades, canciones, lenguas, películas… Europa, huellas y guiños a sus innumerables variantes artísticas acarician las páginas de EndLove, como los dedos de esa mujer que recorre la salada piel broncínea de su amante, rotundo y cincelado con músculos de estatua griega.

EndLove muestra todo lo que suponen las fases de agonía, muerte y duelo del amor. El amor que ya empieza a morir cuando nace, la fatalidad de saber que la montaña rusa de atracción y lujuria siempre terminará en vía muerta. El desapasionamiento, el vacío, el asco, la rabia, la indiferencia, la soledad deseada, son algunas de las vivencias que explora la autora a través de preguntas retóricas, principios filosóficos, axiomas, colores, pecados… intentando buscar una explicación a lo inexplicable.

El pasado se resiste a caducar y se convierte en un eterno clásico en un presente en decadencia, aunque también hay ciertos momentos para la auto-reconstrucción y el optimismo. EndLove, el fin del amor, imbatible como el amor mismo; perenne como el mármol del Pentélico. Endlove, el fin de los amores eróticos y un maravilloso inicio editorial, fruto del amor sin fin de Patricia por las letras. x Asun No

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Permanentemente Ana Curra A los que leen. Capítulo XXX

10/1/22

A los 16 años clavé en la pared de mi habitación adolescente una foto en blanco y negro de Parálisis Permanente recortada del periódico. Aparte de las canciones y la atmósfera lúgubre de un grupo irrepetible, me fascinaba Eduardo Benavente, su silueta, su actitud, su sobria palidez… y el magnetismo y belleza punk de Ana Curra. Una pareja que para mí significaba una atractiva alternativa juvenil, a pesar de que Eduardo acababa de fallecer.

Con el libro de la periodista zaragozana Sara Morales, "Conversaciones con Ana Curra", he vuelto a poner al día aquella intacta, y ahora acrecentada, fascinación. A ritmo de preguntas y respuestas, en diez sesiones llevadas a cabo hace ahora un año, con Filomena incluida, Ana Curra narra las vivencias que le señalaron los caminos para llegar a ser quien quiso ser.

Sus influencias tempranas son numerosas y variadas, propio de una persona rebosante de inquietud y curiosidad. La estética siniestra e inquietante de los colegios de monjas donde abundaban las hagiografías repletas de milagros y levitaciones de santas; su pueblo, El Escorial, con su telúrico monasterio, o la vidente Amparo luciendo estigmas y llagas, dejando olor a rosas a su paso. Su amplia cultura musical, debida a su formación clásica en el conservatorio, y a los variopintos discos de sus hermanos, a quienes acompañaba a ver conciertos desde muy joven.

La horrible experiencia con su primer novio y el consiguiente primer viaje a Londres junto a su traslado a Madrid para estudiar farmacia supusieron un punto de inflexión en su vida. Ahora comenzaría a forjarse la figura de Ana Curra, a la que esperaba la diversión, la amistad, el amor, el dolor y el vacío, sentimientos que siempre le sirvieron para aprender y reconstruirse.

Ana Curra relata una época frenética y frívola, el paso por diferentes grupos, el trasiego de gente sin ninguna idea de música entre distintas formaciones, el ambiente provocador de la “movida”, el descaro, el ansia de ser feliz y el apoyo fundamental de los bares y salas de conciertos del momento. Ana Curra se emociona, ríe y llora respondiendo a las preguntas de Sara.

Especialmente valiosas son las sesiones dedicadas al nacimiento, vida y desaparición de Alaska y los Pegamoides, Parálisis Permanente o Los Seres Vacíos. Y, sobre todo, las palabras y el amor que derrama sobre los hombres de su vida, Eduardo Benavente, Alberto García-Alix (imprescindibles sus rotundas fotos), El Ángel y César Scappa. Todos ellos abordaron a Ana Curra atrapados por su fuerte magnetismo, a pesar de que ella prefería quedarse siempre en segunda línea, rehuyendo la notoriedad.

Las maravillosas fotografías incluidas en el libro, su estética punk y su tendencia a la oscuridad, las calles en las que vivió, sus músicos predilectos (Siouxsie, Killing Joke, la Velvet, Bowie, Iggy Pop), su discografía, las referencias literarias y cinematográficas, los viajes, los bares, los amigos… Lo que complementa y enriquece una vida. O la magulla, ya que también hay espacio para la pésima relación con la familia de Eduardo Benavente, las malas prácticas de las casas discográficas, las pérdidas o sus años de adicción a la heroína.

Ana Curra renace una y otra vez. Autora de himnos esenciales como “Quiero ser santa”, “Nacidos para dominar” o “Unidos”, colaboradora en La Edad de Oro, profesora de piano, dueña de una trayectoria honesta y coherente con su personalidad y respetada por ello. Aquí está. Requerida y versionada por jóvenes generaciones de músicos, apoyando diversas actividades culturales e inmersa en nuevos proyectos.

Aún conservo esa foto borrosa como una reliquia de aquellos años en los que casi todo estaba por descubrir. Ahora que ya casi todo está descubierto, conservaré y mostraré este libro. Permanentemente. Como un estigma más de mi adolescencia. x Asun No

Me han dicho que caíste

20/7/20


Llegué tarde a Marsé.

Me hubiera gustado leerle en la adolescencia; cómo le habría disfrutado entonces…, pero mis escritores preferidos en aquella época, Baroja y Galdós, tampoco le eran unos extraños. Realismo social, caracteres miserables y desesperados tirados por los barrizales del atraso. Nadie en el Silos nos habló nunca de Marsé, aunque un día, durante una clase de COU, giré la cabeza y, en el pupitre de detrás, Chusé Izuel leía con diecisiete años un libro naranja de la colección Club Bruguera: “Si te dicen que caí”.

Me sirvió de indiscutible referencia pero conocí antes las novelas de Marsé por el cine que por sus páginas, a las que me adherí desordenadamente tiempo después: “El embrujo de Shanghai”, “Últimas tardes con Teresa”, “Si te dicen que caí”, “La oscura historia de la prima Montse”, “El amante bilingüe”, “Un día volveré”, “Rabos de lagartija”

No pude evitar ligar el Guinardó de los 40-50 al barrio de Las Fuentes de los 70, a las impresiones que me causaron ciertas personas y situaciones que por allí deambulaban en mi infancia. Barrios orillados y marginales salpicados de personajes apabullados por las secuelas de nuestra historia, por décadas de franquismo y humillación.

El Pijoaparte o nuestro quinqui de pantalón de campana, robando radiocassettes de los coches, que nunca conoció a su Teresa. Los matones de penumbra o el exlegionario reconvertido a equilibrista, "El hombre foca", que con un tablón alzado en su barbilla cantaba “Mañana por la mañana te espero Juana en el café; te juro que tengo, Juana, ganas de verte la punta el pie”.

Calles embarradas de farolas rotas. El olor a basura quemada de los solares del Carmelo era el mismo que hedía en las chabolas de gitanos de los descampados de Torrerramona. Sus charnegos, nuestros sorianos. Sus policías perdonavidas, nuestro vecino facha, borracho y putero que nos amenazaba con pegarnos cuatro tiros con la pistola que conservaba de sus tiempos en la División Azul. La vieja enlutada y encorvada que contaba agazapada en los portales la calderilla de las limosnas. Historia social contemporánea de tapa blanda.

Hace ya tiempo que me fijé en el parecido físico y, en algunos aspectos, literario de Juan Marsé con Raymond Carver, aunque son hijos de distintas circunstancias. Facciones anchas, rudas, mirada directa y severa, cazadoras de piel, tipos genuinos como sus desesperanzados personajes, resignados a tropezar constantemente con sus propias vidas.

Encerrada con mi propio Marsé, todavía me quedan algunos de sus libros por leer, pero ya son pocos, muy pocos.

(A mi madre, que falleció el mes pasado también a los 87 años).
x Asun No.

Prince, otro genio arrebatado

23/4/16

No encontré a nadie que me quisiera acompañar a ver a Prince a la Multiusos. Era diciembre de 1998. Recuerdo que esa misma tarde me llamaron para trabajar en el LIDL de debajo de casa, interrumpiéndome la emoción previa al concierto. Así que bajé a firmar el contrato y me fui pitando.

Ya estaba la sala llena y, ajena a malos modos, me fui aproximando al escenario, aunque no tanto como hubiera querido. Prince, pequeño y poderoso, surgió caminando desde el fondo del escenario, tranquilo, simpático, hasta que el espectáculo comenzó. En aquella gira Prince iba acompañado de su entonces esposa, Mayte García, que en unos cuantos temas no paró de bailar, subida por todas partes, con un escueto vestido rojo, dando mucho juego al público y a su marido. Coqueteo, pícaras sonrisas, miradas lascivas, electricidad en bandolera, arte y ritmo sin fin.

Recuerdo a Prince sentado al piano blanco, situado cerca de mi punto de mira, disfrutándole en los momentos más reposados de la actuación. Inevitable “Purple Rain”, estremecedora, con fondos violetas, azules, estrellas plateadas en movimiento… Muy Prince. Aún veo la cascada de colores con las que empapaba cada canción. Glamurosa estela de Hendrix con tacón de aguja.

Esperé a la salida para verle marchar. Pasó delante de mí una limusina blanca con cristales tintados y allí me quedé, con una sensación agridulce, convencida de que ya no volvería por esta ciudad.

Ayer, viendo un informativo lleno de caras de corrupción, cuando irrumpió su imagen y dieron la noticia me dio un vuelco el corazón. Un ridículo pareado para describir el momento de anunciar su muerte. Maldije, maldije… Maldije esta decadencia y mediocridad. ¿Qué tipo de ídolos nos emocionarán ya?

Parte del bagaje cultural de mi tierna juventud se queda huérfana. Otro genio precioso nos ha sido arrebatado, momentos bellos y felices que todavía nos merecíamos. Prince, Bowie… Vaya mierda de año. Todavía me quedan unos cuantos, pero me estoy quedando sin mitos de una manera cruel. x Asun No.

"Noche de los enamorados" (Félix Romeo) A los que leen. Capítulo XIV

11/3/12

"Noche de los enamorados" (Mondadori). De Félix Romeo.

Trabajé durante casi dos años en el Juzgado de Instrucción nº 2 de Zaragoza como agente judicial y, desde el primer día, pensé que aquel lugar sería un buen escenario para cualquier reality show. Años después me choca leer el nombre de ese lugar en una novela de Félix Romeo, aunque sólo sea una simple mención.

Fui a la cárcel de Torrero un par de veces, en sus últimos días de funcionamiento, para hacer unas notificaciones a unos presos. Puertas pintadas de verde, paredes pintadas de verde, desconchones blancos y un mínimo receptáculo donde quitarse abrigo y bolso y sacar unos papeles y un boli de una carpeta era casi tan complicado y risible como la escena del camarote de los hermanos Marx.

En ambas ocasiones inevitablemente me imaginaba a Félix, -y también a Javier Estella y a Martín, chicos inquietos e insumisos como él-, cruzando el triste atrio de entrada, el pesado portón metálico, y las rejas que quedaban a mi izquierda al girar hacia los locutorios.

Ahora pienso en aquellos momentos leyendo su último libro, “Noche de los enamorados”, noche de los recién encarcelados, noche para quedarse calvo de miedo. Me ha gustado la constante referencia al pelo, a los pelos, a su ausencia. El pelo es un hilo argumental, y su falta una herramienta para la humillación. La pelona es la muerte y pelona quería dejar a la víctima su asesino.

El asesino comparte celda con Félix y tarda en levantar la cabeza para ver a su nuevo compañero. No tiene gran interés. Parece ser la víctima, en cambio, la que reclama la receptividad de Félix, la intervención del escritor que dormitará en la misma litera que su verdugo, para que alguien dignifique algo su muerte, para que se lave un poco su imagen de borracha y puta por la que parecía merecer lo que le pasó, y que permitió al cofrade falangista Santiago Dulong cumplir rápidamente su condena.

Noche de los enamorados” echa por los aires sentencias, tests psicológicos, juicios y prejuicios, y rinde un pequeño homenaje a la mujer asesinada, averiguando los lugares en los que vivió, visitando registros civiles, indagando por Internet y por el vecindario, reinventando la vida de Mª Isabel Montesinos antes de casarse con su asesino. Es la pauta marcada en “Amarillo”, pero ahora siguiendo el rastro de una desconocida.

Noche de los enamorados” no tiene nada que ver con el día de San Valentín. El único amor que se aprecia en sus hojas es el del autor por las palabras. Félix ha hecho en este pequeño libro un uso absoluto de la novela volcando, revolviendo y resolviendo las palabras en cualquier modo de agrupación o definición: investigación, diccionario, confesión, artículo periodístico, recuerdo, entrevista, testimonio, canción, humor negro… Félix recoge datos biográficos, históricos, vicisitudes que va engranando en un mecanismo que no se detiene siquiera con el crimen.

Como tampoco se detendrá el rastro de Félix, en tantísimas cosas. A pesar de la pelona. De ésa que a muchos, hace hoy cinco meses, nos dejó calvos de la pena. ¡Viva Félix Romeox Asun No.

Félix, siempre en este barrio

10/10/11

El viernes por la tarde las sucias y largas uñas de la muerte me arrancaron de cuajo una de las partes más importantes de mi vida. Ya me hizo lo mismo otra tarde de viernes de hace media vida. Qué bien escoge lo que se lleva.

Siempre he recordado la fecha en que conocí a Félix. El 26 de noviembre de 1984. Era lunes. Fue por medio de Chusé, que iba a mi clase. Nos encontramos en la puerta del Teatro Principal para ver desde lo más alto del gallinero “Cinco horas con Mario”, interpretada por Lola Herrera. En la vuelta a casa Félix me contó mi vida, me intrigaba y me hacía reir.

Era un hado padrino que nos hechizó a muchos con la necesidad de verle y de tratarle. Llegaba y te daba un cariñoso empentón, o golpecitos en la punta del pie mientras te sometía a un divertido interrogatorio sobre lo que hacías o dejabas de hacer. Hacía premoniciones divertidas y te animaba a escribir, a leer. ¡Aquellos raticos en el Kraters!

Me salen por los bolsos recortes de artículos suyos, me resisto a tirar unas viejas sandalias que me dijo le gustaban, guardo como un valioso tesoro un ramillete de flores de plástico que me regaló en el K2 una noche de fiestas del barrio, y que previamente había arrancado de uno de sus maceteros artificiales. Pidió zumo de melocotón, pero el melocotón lo pillábamos los demás. Guardo muchos recuerdos maravillosamente tontos, cualquier detalle para el corazón.

Todo lo que estoy leyendo estos días sobre él sé que es cierto, porque aunque desde hace muchos años ya sólo lo veía muy de cuando en cuando, aquel chico de Las Fuentes ya no podía ser de otra manera.

La última vez que hablé con él fue esta primavera, en la sección de frutas y verduras del Carrefour, haciendo la compra con un carro. Imagen insólita de un genio. Le abordé pero al instante empezó con sus preguntas azules y, de repente, ya no estaba.

Esta vez no me hizo la pregunta del millón: “¿Eres feliz?”. x Asun No.

"The pillow book" Tocinillo de cine (23)

3/6/11

Cosas bonitas con que ganar la tarde: la fresca comodidad de un cine. Un caramelo de regaliz. Relajar el cuello ante una gran pantalla. Ornarse los ojos de sugerencias. Haikus de infinita verdad. Ewan McGregor. “The Pillow Book”.

Torpezas que amenazan con perderla: el niñato-chándal de mi derecha. Su oportuna impuntualidad. Su mandíbula moliendo palomitas. Su estereofónica apertura de la lata de coca-cola. Su mochila de rasponas cremalleras. Sus toses histéricas. Su boca escupiendo bolitas de maíz en el cartón de las palomitas. Sus bailecitos tontos de muñeca a lo largo del film. Paciencia oriental, la mía.

¡Bah! ¡Como la película se lee...!

No conozco muy bien la trayectoria profesional de Peter Greenaway pero sí su marca inequívoca y la sensación que siempre me dejan sus películas, la de haber asistido a un espectáculo barroco, a un drama rebosante de artificios, belleza, inquietud, sorpresa, contrastes. Un carnaval de posibilidades estéticas que buscan una dimensión más refinada a las eternas fuerzas de la pasión, la traición, el poder y la muerte.

Si el dibujo, la arquitectura, la gastronomía, la manipulación o el sexo son algunas de las artes ya consagradas por Greenaway en sus títulos cinematográficos -por no adentrarnos en sus exposiciones- , ahora, con “The Pillow Book”, realiza todo un culto a la palabra desde su más humilde principio hasta su culminación en la obra total, jugando con todo un despliegue de campos y recursos inimaginables sin tal concepto: sonidos guturales, nominación y significado de cosas y personas, lengua materna, traducción, haikus, pergamino (¡pobre Jerome!), encuadernación, edición, libro, y la infinidad de pensamientos, soportes e idiomas que vertebran la literatura. Pero también aparece la fotografía, las pasarelas, la escultura viva pintada de poesía... Y de los cielos del arte al deseo infernal de poseer la belleza y comerciar con ella. He aquí la cuestión.

El Gran Mercado del Arte. Una trama calderoniana adaptada a los últimos tiempos; un juego de trampas y pasiones shakesperianas lujosamente ensambladas por el dorado hilo de un espíritu obsesionado con erigir un mundo por y para el arte: Greenaway. x Asun No. Publicado en So Young #12 (1997).


"The pillow book".
Director: Peter Greenaway. Intérpretes: Ewan McGregor, Vivian Wu, Ken Ogata. Música: Brian Eno. Premios: Sitges'96: mejor película y mejor fotografía.

Leo Bassi: el bufón utópico y realista Riguroso directo

17/10/10

Estuvimos viendo a Leo Bassi el jueves en el Circo Insecto, rodeados de un público no demasiado infantil pero sí inquieto y entregado al bufón grosero llegado del mundo de los mundos. Malabarismos, calcetines en la boca y un plato lleno de espuma de afeitar le hacían encajar bien en el programa de el Festival de Payasos, pero su aplastante puesta en escena, sus bailes rotundos y su llamada al “grito atávico y primigenio”, dejaban con la boca abierta a niños de 6 años, que se oían llamar anarquistas tal vez por primera vez en sus vidas.

El espectáculo era un preludio de lo que íbamos a contemplar la noche siguiente en la Plaza de San Bruno, justico al lado del Palacio Arzobispal, dónde algún residente sentiría aporrear sus felices sueños con carcajadas de pesadilla.

Ves “Utopía” y piensas cómo en tiempo tan escaso se da tal repaso a la humanidad desde todos los frentes, con la voz y la visión de un hombre emocionado con su trabajo y decepcionado con la realidad. Leo se ríe de todo y de él mismo y le da un corte de mangas a quien sea. Tirados por el suelo de la plaza, nos partíamos de risa y nos mirábamos con complicidad. Nada nuevo nos mostraba pero necesitábamos verlo así, con mala leche enrojecida.

Desde el origen de la crisis internacional, la corrupción valenciana, los campos de golf y la persecución a Garzón, los “culo stretto” de la 5ª fila y el libro de Aznar sacudido por los testículos danzantes de Bassi, hasta el primer payaso nacido hace 70.000 años, el bufón grosero se aferra más que nunca a la idea de la utopía y se enfunda el traje del Payaso Blanco, se maquilla y reclama lo que pueda quedarnos de inocencia lanzando patitos de goma por encima de nuestras cabezas.

Y en mitad de todo ello, cuando el asunto se ponía tierno, rememorando a su abuelo payaso en la 1ª Guerra Mundial, de repente el sonido desapareció, y tal y como Leo advirtió y el técnico de sonido corroboró así fue: boicot de la extrema derecha, como viene siendo habitual en los últimos meses. Pero el espectáculo continuó, con 6 generaciones de Bassi, atravesando el tiempo, el espacio y la canallesca política. x Asun No

"Trainspotting" Tocinillo de cine (14)

15/5/09

Elige Tom Hanks. Elige Kevin Costner. Elige Whitney Houston ululando que siempre te amará. Elige Macarenas, Camelas y camelos de temporada. Elige el rancio hedor de la parroquia apoltronada en el plató de "Compresa Compresa". Elige el concierto que llevas esperando un año siempre en otro lugar. Elige la gesticulante ridiculez de las series americanas y las fotocopias apolilladas de TVE. Elige un programa interesante e intenta descodificarlo o mejor te tomas dos litros de café y aguantas hasta las cuatro de la mañana. Elige un trabajo incierto y recopila datos para una enciclopedia sobre la estupidez. Elige la última hornada de pesadillas cotidianas como encontrarte en el Casco Viejo rodeada de garrulos y preguntarte un sábado por la noche qué coño pinta esto en tu vida. Y entonces comprendes que el vertedero te tiene acorralada casi, casi, casi por todas partes. Yo elegí no elegir nada. Hasta que apareció el joven Mark Renton en la pantalla y me obligó a elegir "Trainspotting". Siempre quedan pequeñas rendijas por las que respirar, pero ver esta película ha sido como abrir de par en par los balcones al cierzo. Un guión desenfadado e impactante, una propuesta atractiva y desenvuelta a la que, incomprensiblemente, el boca a boca tacha de "fuerte, violenta y 'de drogadictos'", lo que supone despojar a esta obra de todo el entramado artístico que la sostiene, por no insistir en la frescura, vitalidad y humor que desborda en la mayor parte de las secuencias. Humor amargo en algunas ocasiones, pero eso es todo. Lo justo para corroerte la carcajada momentos antes de que la azafata enlatada te recuerde que eres un guarro mientras intentas asimilar la última sonrisa de Ewan McGregor. Pero que no me vengan ahora con sensiblerías absurdas atacando a un film singularmente joven y europeo, que ya estamos todos demasiado curtidos como espectadores de las más variadas barbaridades. Ya entrando en materia y puesto que, inevitablemente, las obras de un mismo autor van heredando diversos elementos una tras otra, Danny Boyle no iba a ser la excepción. Y así, lo que en la rescatada “Shallow Grave” eran simples esbozos (el muñeco gateador, los monólogos que enmarcan el film, el lado más borde de la gente, los siniestros contraescenarios, las peripecias que conlleva salir por la vía más fácil...) en su siguiente trabajo ha llegado a esculpir grandes momentos. Pero esta vez el acierto del director se debe, además, a la perfecta armonía conseguida entre música e imágenes, revolviéndonos los sentidos con el peculiar caleidoscopio de ritmos y matices que, a fin de cuentas, es lo que la película se propone. Una estética fulminante, totalmente absorbida ya por la publicidad y el cine español: una música que, más que añadida, parece haber sido compuesta por encargo, tal es el realce que aporta a las escenas. Imposible pensar en la sobredosis de Renton sin la voz de Lou Reed velándole con su “Perfect Day”, poco más o menos lo que sucede cuando suena “Born Slippy” de Underworld, “2:1” de Elastica, “Trainspotting” de Primal Scream, New Order, Pulp, Iggy Pop, Blur, Sleeper... e incluso la cancioncilla entonada malamente por el perjudicado Spud, recogida en los créditos finales junto a los demás. Si Irvine Welsh supo enriquecer un tema más que manido con los personajes de Sick Boy, Spud Murphy, Begbie y Mark Renton a la cabeza de este colectivo cutre y majete, a Boyle debemos agradecer su confianza en el actor Ewan McGregor, sin olvidar a los entrañables Ewen Bremner y Jonny Lee Miller. x Asun No (So Young #10, diciembre 1996).

"Sin hablar con nadie" (Ángela Labordeta) A los que leen. Capítulo VI

10/5/08

"Sin hablar con nadie" (Ángela Labordeta)

"Sin embargo fui cobarde, permanecí en silencio, sin hablar con nadie". El mutismo sobre lo que pasó una extraña noche, un manojo de minutos que trastocaron la vida y el entorno de Matilde por culpa de un amor confuso y una ausencia de reacción. Palabras bajo llave, otra llave más añadida a las cuatro que abren el nuevo libro de Ángela Labordeta, dedicado a sus amigas, pues la amistad es el único valor que sobrevive cuando se suelta el molesto lastre de sentimientos arrastrados a lo largo de toda una década.

En un pueblo próximo a Illueca, cuatro jóvenes (Matilde, Catalina, Ismael y Juan), se jugarán el futuro con una baraja de cuatro palos muy delicados (amistad, amor, traición, abandono). ¿Qué encajará con quién?, o viceversa. En Zaragoza, años después, Matilde ha de elegir dos de cuatro llaves en la broma póstuma que su exmarido le ha preparado.

Aquí y allí, cuatro mujeres adultas acompañan a Matilde en distintos momentos con sus particulares halos maternales: la madre huida, la odiada madrastra, la atenta criada, la tía consejera. Mujeres con los destinos revueltos por mano y mando de los hombres, otra de las constantes de esta narración. Solterona, viuda, novia, madre soltera, hija humillada,…la mujer definida por su tipo de relación con el hombre.

"Sin hablar con nadie" es un drama de secretos silenciados, de un ir y venir en el tiempo de personajes apenas esbozados y completamente creíbles, de parcas palabras y bruscas decisiones, con opciones incómodas de asumir y que van dejando rastros que otros habrán de encarar muchos años después.

Los posos del pasado, del silencio, del dolor, del error de haberse dejado guiar una noche por la estrella equivocada, comienzan a dispersarse cuando la vieja amistad renace y, por fin, una pequeña llave logra encajar en su sitio. Y quizás Matilde también.
x Asun No

"Ropa tendida" (Eva Puyó) A los que leen. Capítulo V

29/2/08

"Ropa tendida" (Eva Puyó)

Conocí a Eva Puyó en la primera edición de Pirineos Sur, cuando podías elegir con los ojos cerrados en qué trozo del pelado campo de fútbol que hacía las veces de camping querías acampar. Iba en nuestro grupo de amigos y compartía tienda con Vicky Calavia y Javi Estella, así que con semejantes huéspedes, el modesto tenderete emitía por la noche rayitos fosforescentes de cultura literaria y audiovisual. Vimos cometas perfilando la cumbre de Peña Foratata.

Recientemente, Eva Puyó ha publicado su primera obra narrativa, "Ropa tendida", todo un libro de historia contemporánea, pues las generaciones que afortunadamente no sufrimos grandes cismas ni tragedias, también tenemos nuestras pequeñas marcas a fuego ganadas con el tiempo: empleos precarios, sorteos de pisos de VPO, trapicheos familiares, broncas fraternales, el profesor de autoescuela más borde del mundo… ¿Quién no ha padecido una de estas ampollas?

Tu vida o/y la de tu vecina, en primera persona. No por común deja de ser un argumento interesante, y más aún si se aborda con chispa e ironía, mucha ironía. No más príncipes matando dragones, no más empacho feliz de perdices. Sandra es la heroína de nuestros días, de La Jota, hija de una mujer de la limpieza y un ludópata, cuida niños, compra en Zara, escucha a Kase-O, acumula objetos robados por su padre y torres de cedés por el suelo.

Sandra registra con sus recuerdos y anécdotas el día a día de cualquier familia ‘estructurada’. Va creciendo con todo ello, quemando etapas, pasando pruebas (el carnet de conducir, la oposición, el sorteo de pisos, nuevo novio). Heroína en silencio, como su abuela durante la guerra civil, como tantas.

“Nacimiento”, “Amigos de mi padre”, “Las señoras”, “Llaves”, “Suegros”, “Varices” son algunos de los escuetos y elocuentes títulos que marcan el ritmo de este pequeño libro, pero las cosas suceden como vienen y tampoco hay tiempo para la reflexión. Ni tendría mucho sentido. Es historia, digo, no filosofía.

Tras diversos avatares, parece que Sandra finalmente consigue lo que quiere, lo que han hecho que queramos: piso y trabajo fijo. Y llega, así, triunfante y dichosa al último episodio, “Paraíso”: El edén es un huerto abandonado de un barrio rural en el que no se escuchan precisamente trompetas de júbilo, sólo el crujir de una rama de caqui al que su padre ha trepado para robar fruta.

Ropa tendida, sin centrifugar, chorreando intimidad familiar por el patio de luces y por las calles de Zaragoza. Una nutrida generación en boca de una nueva voz. Eva Puyó, calentando motores.
x Asun No

"El gran sueño del paraíso" (Sam Shepard) A los que leen. Capítulo IV

19/1/08

"El gran sueño del paraíso" (Sam Shepard) Año nuevo, libro viejo. El tiempo cambia pero algunos títulos no hay manera de echarlos de la cabeza. Me remonto a una gélida mañana invernal, ¿o tal vez era una tibia tarde primaveral? Los años bisiestos traen mucha confusión. Esto ocurría hace ya unos cuantos años en la biblioteca del Matadero, la de mi ex barrio. En un artículo de Ajoblanco figuraba su nombre como uno de los herederos de la beat generation... Por curiosidad, bajé a las estanterías de narrativa, busqué en la S y encontré "Luna Halcón". Y aquí estamos todavía, ahora con "El gran sueño del paraíso", revisitando los mismos polvorientos panoramas. Cine, música, teatro y relatos cortos. Sam Shepard tira al aire una moneda, nada se mueve en varios kilómetros, sólo el pensamiento de sus personajes, pequeños, ínfimos en ese gran horizonte que a veces se rompe en millones de pedazos. Las decisiones drásticas no necesitan muchas páginas. Desaparecer entre el polvo del desierto, esfumarse con el vapor del asfalto ardiente, huir apestando a mierda de vaca y echarse a la carretera dejando el pasado colgado en el auricular de una cabina telefónica. ¿Cara o cruz? Domadores de caballos, viejos dormitando a las puertas de un bungalow. Una conversación absurda, una pregunta injusta, una frase escrita en un cartón aceitoso. De todo se puede sacar una lección, o un escarmiento. Alguien irrumpe cochambrosamente en la primera página, alguien se busca a deshora en la última frase. Las composiciones de Shepard no son sinfonías, son chispazos eléctricos que anuncian tormenta en el no tan lejano horizonte. América profunda o Los Monegros post-Gran Scala. A la moneda la parte un rayo. "El gran sueño del paraíso", más Shepard. Yo gano. x Asun No
SAM SHEPARD: SEXO, DROGA Y ROCANROL (Rayuela nº 42, El Periódico de Aragón, 6/2/1992) El escenario del Teatro del Mercado todavía está caliente. La compañía zaragozana Tántalo Teatro representó hace no demasiados días "Locos de amor" que, junto a "El verdadero oeste", es una de las obras más destacadas del tremendo corpus teatral engendrado por Sam Shepard (Illinois, 1942), autor también de dos libros de poemas y prosas publicados por Anagrama ("Crónicas de motel" y "Luna Halcón"), dignas huellas del pulso beat. Escritor, guionista, actor nominado para el Oscar y marido de Jessica Lange, su nombre aparece en la agenda de gente de la calaña de los Stones, Patti Smith o Wim Wenders; en la lista de poseedores del Pulitzer y en obras ajenas a su mano como Las leyes de la atracción, de Ellis, además de tocar la batería. Y es que Shepard, afortunadamente, parece ostentar el don de la ubicuidad; o eso, o está endiabladamente enamorado de su trabajo. Algo de agradecer, ya que si verle sonreir en la pantalla es un regalo, leer –y releer- sus creaciones es siempre una desesperada plegaria a la maldita trinidad. Quien persiga agudezas conceptuales o exquisitos circunloquios que se olvide de este hombre; pero quien desee palpar experiencias paradójicas, crueles, reales en definitiva, que no busque más. Porque si algo caracteriza a este autor es que su escritura, tome la forma que tome, está viva y se come cruda, directamente, por lo que muchos no llegarán a apreciarla. Ya se lo avisaba Lee a su hermano Austin en "El verdadero oeste": "Es la pura realidad… Por eso te sorprende… Porque te estoy contando la pura verdad"; o el Viejo en "Locos de amor": "Quiero enseñarte algo. Algo real, ¿quieres? Algo verdadero". Escritos en los años sesenta, los relatos, poemas y monólogos que conforman "Luna Halcón" parecen haber sido modelados a golpe de baquetas, tal y como delata ese alud de frases disparadas, de voces escupidas y agresivamente instantáneas (léase Ritmo), que marcan el compás de la lectura, cuando no se pierden en un delirio de imágenes recobradas, de alucinaciones sentidas y sentidos alucinados. Textos que no atienden a reglas ni a consecuencias, sino a salvajes impulsos que enlazan con la prosa espontánea de Kerouac, a quien estas páginas rinden un culto especial. El simplemente ir de palabras y personajes deambulando por el limbo rural del oeste norteamericano. Cowboys caducos, ladrones de caballos, indios reducidos a reclamo turístico… Sombras sin identidad que tantean los imprecisos bordes de dos presencias constantes en la literatura de Shepard: la autenticidad y la falsedad, con todo lo que su confusión conlleva. Cualquier pretexto sirve para mostrarnos cómo los frágiles cimientos de la happy family de los shows y barbacoas en el jardín –la falsedad-, se retuercen y sucumben bajo las maldiciones de fetiches indios y fuerzas telúricas –la autenticidad-. Porque en Shepard siempre hay algo oculto que, tarde o temprano, sale a la luz. Un final distorsionado para cada ocasión. Cuerpos que arden, camionetas que vuelan, plumas que hablan, peleas, sexo alternativo (el orgasmo eléctrico de "Cobra Moonster" entre las cuerdas de su Gibson en "Wipe out"). Huidas al desierto, a la carretera –otra vez Kerouac- o al particular triángulo de las Bermudas de los fuera de lugar; y todo a ritmo de rock and roll. Porque "El rock & roll es la violencia manifiesta sin hacerle daño a nadie como no sea alguna patada en la boca y un buen puñetazo" , es "el ruido de Estados Unidos, resquebrajándose por la mitad y hundiéndose en el mar". Rock & roll es Luna Halcón. Luna Halcón. Relatos, poemas y monólogos. Sam Shepard. Editorial Anagrama: Colección Contraseñas. Barcelona, 1986.

"Leer para ti" / "Todo cuanto amé" (Siri Hustvedt) A los que leen. Capítulo III

21/11/07

"Leer para ti" / "Todo cuanto amé" (Siri Hustvedt)

Acaba de llegar a tierras mediterráneas "Leer para ti", un libro de poesía que finge no serlo, y al que desenmascaras por la esencia que logra exprimir y concentrar en cada línea. Galería fotográfica en pocas palabras de lo que fue y lo que queda. Impresiones y recuerdos, "squares", tragedias breves y eternas al borde de fiordos noruegos llevadas hasta el otro lado del océano, al norte de América, con el eco familiar de las sagas nórdicas guardado en el fondo del equipaje. Eisenhower en la letrina, niños perdidos en el bosque, el baile de la tristeza y el olvido, fotos de muertos en medio del salón, el "amor" que nunca se nombra y a veces se escribe en una carta, los trastos del garaje y los gritos del piso de arriba, el clima y las constelaciones. Rápido inventario para historias que agotan décadas y generaciones. Su autora, Siri Hustvedt, crítica de arte fascinada por la obra de Goya, ensayista, poeta y autora de un, por ahora, escaso puñado de novelas, colecciona las más elogiosas críticas sobre su quehacer intelectual, claramente plasmado en sus escritos. Aunque "Leer para ti" nos llega con unos cuantos años de retraso, sí que conocíamos ya a esta narradora por su obra en prosa publicada en nuestro país: "Los ojos vendados", "El hechizo de Lily Dahl" , "En lontananza" y "Todo cuanto amé".

En realidad, aprovecho la excusa de la publicación de "Leer para ti" para hablar de este último título. "Todo cuanto amé" arranca de la fascinación que la obra del desconocido pintor Bill Wechsler produce en Leo Hertzberg, historiador de arte. Sentimiento que irremediablemente le llevará a conocerle y a congeniar con él hasta el punto de que su amistad y la relación íntima que establece con su mundo creativo y su familia, marcará el resto de sus vidas.
La figura central del artista refugiado en su obra dará forma a una novela urbana que merodea por la escena neoyorkina de los últimos lustros. Un libro denso con una variedad interesante de personajes y escenarios: tres mujeres, dos hombres, dos niños; exposiciones descritas al detalle y macabras performances, amores y rupturas, drogas, trastornos alimentarios, crimen... El barro tal vez no salpique la obra del pintor Bill Wechsler, pero sí cuanto le rodea, y el historiador de arte Leo Hertzberg se convertirá en testigo, protagonista y narrador de todo ello por las buenas artes de la diosa Siri. Una buena lectura para las frías noches que espero nos esperen.
Y no pienso decir con quién está casada. x Asun No

"Trescientos días de sol" (Ismael Grasa) A los que leen. Capítulo II

14/6/07

Ismael Grasa: "Trescientos días de sol" (2007)

En los libros editados por Xordica –ortiga en aragonés- podrás encontrar una constante y fuerte apuesta por los jóvenes autores aragoneses y una nutrida selección de atractivas portadas, entre las que se cuentan la de "Trescientos días de sol", último título del oscense Ismael Grasa, un escritor ya bien curtido y reconocido en el mundillo literario de estas tierras.

Trescientos días de sol que algunos de sus personajes, si se descuidaran, podrían pasar a la sombra, pues van tentando a la criminalidad, al delito o, simplemente, a la falta, desde cualquier circunstancia anodina de esta vida: una charla, un paseo por el bosque, una boda… ¡Ay, las bodas!

Extrañeza de lo cotidiano, rutinas incómodas, convicciones largamente mantenidas y fácilmente contrariadas. Hermanos, novios, funcionarios, seres comunes haciendo ejercicios de equilibrismo familiar, sentimental, laboral. Algunos logran mantenerse en la cuerda floja; los más, quedan colgados de un solo pie. Sin red.
Narrativa del momento, breve, directa, punzante. Doce relatos o un mal pellizco que te despierta de la modorra circundante y al que bruscamente te gustaría responder.

Algo así le ocurre al protagonista de “No me gustan los psicólogos” en el día de su boda: “Saqué la navaja y entonces me vieron. Miré la cara de miedo de mi hermano mientras sostenía el arma. Ese gesto suyo me hizo sentir bien de repente. Guardé la navaja y volví a la fiesta”. O al personaje principal de “Un robo”, en otra boda: “Sólo la iniciativa de aquel ladrón que reventaba por su cuenta puertas de coche me parecía algo real”.
La lectura de "Trescientos días de sol" propende a un resquemor escocido similar al del contacto con la ortiga. Cuidado al pasar las páginas. x Asun No.