2500 pasos

24/10/25

2500 pasos en Soyuz (octubre 2006-octubre 2025). Gracias a colaboracionistas y visitantes fieles y ocasionales.


Chimeneas a lo lejos
Pasos por un campo helado
Voy viajando por un tiempo
Que es real e imaginado
A la tarde azul
De cualquier lugar

Y las imágenes bailan
La música de los cielos
Somos lo que dejamos
Somos lo que dejaremos

Me ahoga la ciudad
En su soledad
Y vuelvo a los mismos sitios
Mientras me hablan los demás

Arrastrado por un río
Solo me importa el amor

Esta noche voy a dormir
En la azul habitación
De mi casa a la playa habrán
Dos mil quinientos pasos sin ti

Esta noche voy a dormir
En la azul habitación
De mi casa a la playa habrán
Dos mil quinientos pasos sin ti

Esta noche voy a dormir
En la azul habitación
De mi casa a la playa habrán
Dos mil quinientos pasos sin ti

Puedo escuchar
La voz de mi abuelo cantar
Azul habitación
Esto todo cielo al mirar.

6000 días

6/3/23

The Jesus & Mary Chain: "Munki" El arca del fanzinefable

27/7/21

The Jesus And Mary Chain: “Munki” (1998).
Publicado en So Young, diciembre de 1998

   

Comentar el nuevo disco de The Jesus & Mary Chain, "Munki" (Creation / Sony), invita más a una discusión sobre el rock, la independencia, la necesidad o no de una evolución musical y otros millones de aspectos, que propiamente a hablar de las canciones del grupo. Los hermanos Reid son la demostración más flagrante de todo el circo del rock’n’roll de que aquello de ‘renovarse o morir’ es una de las grandes pijadas que se han sentenciado en este siglo. The Jesus & Mary Chain’ 98 son un calco sonoro de The Jesus & Mary Chain’87 con algunas arrugas más, la misma mala leche y las mismas canciones inconfundibles e imprescindibles. El tiempo ha pasado y nosotros hemos cambiado de gustos, pero ellos se mantienen fieles a un sonido y una imagen que les encumbró en la pasada década. Al poner su nuevo disco “Munki” (“Cracking Up”, “Stardust Remedy”), la teletransportación a aquellos años es inmediata y no creo que, en general, desmerezca la trayectoria de los escoceses. Estuvieron en Benicássim sobre el escenario y no sabías distinguir de cuándo eran las canciones, pero seguías embobado con ese estilo electrizante y nebuloso. El cristal con que se les mire puede estar empañado pero no lo suficiente para ver que lo nuevo de J&MC son unas canciones que ya oímos hace diez años y que se les ha cambiado el nombre y algún que otro acorde, pero también que siguen siendo exclusivas composiciones con tremendo gancho e incuestionable electricidad. Si fuéramos sobrados de grandes bandas... y no te digo si empezamos a hablar de las evoluciones musicales de algunos grandes y sagrados grupos supervivientes de los ochenta...
Me vuelvo a poner “Munki” y sigo disfrutando de los Jesus & Mary Chain de toda la vida. Me alegro y espero que sigan así de cabrones. Y al final, lo de siempre: si tanteamos el universo musical actual, la oferta de J&MC sigue siendo más que válida. Y para gustos pescado o lechuga, pero yo me quedo con la carne de primera de los Reid.

   

2000 afiches pequeños

9/1/21

Si en junio pasado celebrábamos los 5000 días de Soyuz, hoy la efeméride son las 2000 primeras entradas. El caso es celebrar. Celebrar que a pesar del tiempo, de la edad, de los mil dolores pequeños, del acecho de las implacables fauces devoradoras de la apatía, la pereza y la desilusión, aquí seguimos escribiendo cosas inservibles. Celebrando estar vivos -o no muertos en vida-, todavía.

Las estadísticas del Sr. Google, sin que me crea que son muy fiables, dicen que lo que más ha llegado a los ojos de la gente han sido cosas tan dispares como las listas inservibles "Naringología" y las canciones de la serie "Misfits", el papá o mamá de Austin TV, las frases subrayadas de Karmelo C. Iribarren e Iñaki Uriarte, la primera canción de la cinta de 60 ("Letter never sent" de Trembling Blue Stars), la vuelta de The Jesus & Mary Chain, The Charlatans y Ride y algunos "Algoritmo HITS" y bocados (band)camperos (Say Sue Me, Rolling Blackouts Coastal Fever).

Las que menos visitas han tenido no sé cuáles son, pero lo mismo dan unas y otras, más o menos leídas, porque está claro que lo que desde aquí se trata es plasmar cualquier pequeña pasión y gusto por la música, el cine y la literatura, anclándolo a la red internáutica como una baliza para la memoria de lo que nos gustó en un determinado momento en el tiempo. Mientras la mente resista a las fauces arriba mencionadas, seguiremos in the breach.

Tributo a Woody Allen El arca del fanzinefable

21/6/20

"Tributo a Woody Allen" fue publicado en So Young #5, enero de 1996.


Sin ser un Errol Flynn 
ni tampoco la Rudi
nació en el 35
un genio llamado Woody.

"De pequeño sabía que podía hacer reír a los demás. Lanzaba ocurrencias divertidas en clase y contaba chistes en el recreo. La mayoría me los inventaba. Si alguien me pide que analice mi éxito como cómico, no sabría qué responder, es algo que entra en el terreno de lo intrínsecamente imposible".

Reconoces tu torpeza
al tratar a las mujeres
pero no he visto ni dos veces
que te quedes sin pareja.

"En el fondo, todos estamos tras la chica y con miedo a morirnos. La gente me observa en la pantalla, me ve citándome con una chica, saliendo con ella sin dejar de meter la pata, intentando besarla torpe e infructuosamente, y se ríe porque piensan: 'Oh, Dios bendito, a él también le pasa lo mismo' y creen que se ríen de mí, pero se ríen de sí mismos. Y eso, en el fondo, les gusta".

"Comencé a leer a los 17 años, cuando empecé a salir con chicas, y como yo era un inculto, no podía mantener una conversación con ellas. Eran mujeres seductoras, inteligentes, que leían mucho, y yo no las podía seguir. Esa fue la única razón que me impulsó a leer, a pesar de que la lectura no me interesaba en absoluto. Compréndalo, jamás había visto a mi padre o a mi madre con un libro en la mano".

Ah neurótico sin par
tú convives con pastillas
y siempre vas al psiquiatra
por salir de tus casillas.

"Aparentemente, no hay un motivo especial para que yo sea el tipo neurótico que soy. Lo mío debe de ser una insatisfacción genética con las cosas. Hoy, después de veinte años de psicoanálisis freudiano, lo único que he conseguido es reducir las sesiones de cinco a tres a la semana".

Y para que quede impoluto
el nombre del anfitrión
acaba aquí mi tributo
a este hombre sin parangón. x Crackity Jones

5000 días

9/6/20

Como figura solo un poco a la derecha de estas líneas, hoy Soyuz cumple 5000 días, los que, sumados a los 3893 días de vida de su predecesor, el fanzine So Young, hacen un total de 8893 días de existencia, lo que equivale a algo más de 24 años de escritos sobre música, cine, relatos, listas y lecturas.
Gracias a Simón Zico por ser el cosostenedor de este artilugio de puro entretenimiento sin ánimo de nada, así como  a los sospechosos más o menos habituales de colaborar o de haber colaborado (Atreyu, Sergio Casado, Asun No, Roez, etc.) para hacerlo más variado y ameno. Nos vemos (o no) dentro de otros 5000, ahí a la vuelta de la esquina en 2034.

"This is hardcore" (Pulp) Rescatalogados (18)

19/4/20

Pulp: “This his hardcore” (Island-Polygram) . 
Publicado en So Young, mayo de 1998
-----------------------------------------------------------
Tras doce años de carrera sin gran eco, a Jarvis Cocker y compañía (por desgracia menguada, Russell Senior era importante en esta banda) les llegaron los días de gloria con "Different Class". Su continuación era un interrogante con el único anclaje seguro de la extrema calidad.
Las canciones de "This is hardcore" indudablemente paran los pies a los que aspiraban a seguir moviéndolos con bombones como los del disco anterior. "The Fear", "Seductive Barry", `This Is Hardcore", "Sylvia" y "The Day After The Revolution" duplican en duración y densidad la media de esas canciones directas y adhesivas con las que los de Sheffield eran los soberanos amos en las Británicas Islas.
Para eso, para emocionamos con celeridad nos mandan tres recados como "Dishes" (qué final: sensacional tema dedicado con sorna a Michael Jackson), "Glory Days" y "Help The Aged". Las letras, como siempre, son inteligentes y con vida propia, sacuden las conciencias de los ciudadanos de a pie con la alimonada visión que de la sociedad, del amor, de la vida y de sí mismo tiene Jarvis Cocker ("No soy Jesucristo pero mi nombre tiene las mismas iniciales, soy quien se queda en casa y lava los platos" ["Dishes"] ; "Ven a compartir esta edad dorada en mi cuchitril y si todo eso no lleva a ningún sitio, no pasa nada, aquellos siguen siendo días gloriosos" ["Glory Days"]; "Eh, tío, ¿cómo tratas a tu mujer tan mal? No deberías. Yo solía practicar cada noche con mi mujer y ahora se ha ido. Parezco un gran hombre pero tengo un alma pequeña" ["A Little Soul"] ; "La perfección se acabó, y Sheffield, el miedo, la culpa, Bergerac, la resaca, los hombres, las mujeres, el colesterol, los cirios, la ironía. Adiós" [`The Day After The Revolution], una personalidad de las que, no es que escaseen, es que no existen, de las que haga lo que haga vendrá recibida con reverencias. Esto es pomo duro, pero del que tiene hilo instrumental, talento interpretativo y riqueza de estilo. x Rubén Aliaga

TCR: ultrapop de toda la vida El arca del fanzinefable

16/1/20

Entrevista publicada en So Young n.º 16, mayo de 1999.

Como buen profesional del periodismo amateur me empapé del nuevo y primer disco de los barceloneses TCR antes de entrevistarles, y no pude evitar olvidarme de las preguntas típicas y tópicas y preguntarles en base a curiosos títulos de sus canciones. Del bombardeo de respuestas de todos los componentes del grupo, aquí va un jugoso extracto. x Fernando Bauluz


Decidnos una buena razón para beber.
Porque está mal visto, para olvidar que nos vamos sin pagar de los hoteles, para olvidar el dinero que perdemos en cada concierto...

¿Creéis sinceramente que la fama no os va a cambiar?
De momento no nos ha cambiado nada de nada, pero tenemos fe en que todo mejorará...

¿Qué 3 cosas pensáis que son mejores que un domingo de sol? 
Unas vacaciones al sol, ser famoso un domingo de sol, cobrar un domingo de sol.

Aparte de caras tristes ¿qué otras cosas coleccionáis? 
Discos, fotos, papeles inservibles...

¿Cuál ha sido la mejor y la peor experiencia que habéis tenido yendo de sitio a sitio, tocando por ahí?
La mejor, el concierto de Murcia de hace poco, fue muy divertido, hubo mucha gente...
La peor, en una sala de Barcelona que se llama La Báscula, que está muy alejada y no llega el metro, y tocamos como para unas veinte personas.

¿Vais a exprimir el verano con conciertos? 
Esperemos. Ahora después de Semana Santa se abre la veda de las llamadas para tocar en verano. Tenemos alguna cosita, Sevilla, Bilbao, Canarias (estos son para ahora pronto).

¿ Dónde preferiríais perderos, en la Gran Manzana o en el Soho londinense? 
En el Soho ya me he perdido, así que, por la novedad, en la Gran Manzana.
En el Soho, nunca me ha apetecido ir a Estados Unidos. De gratis igual, pero pagando...

Y de música qué preferís, ¿la inglesa, la americana o la nacional? 
Inglesa y nacional quizá.

Si TCR fuera la reencarnación de un grupo, ¿cuál sería? 
Buah, a mí me gustaría Blondie, por ejemplo.

Dicen que lo último de Marilyn Manson es pop. Entonces ¿qué es TCR? 
Ultrapop. El pop de toda la vida. De Marilyn Manson, ¿lo último? ¡Ojalá fuera lo último!, ese es mi único deseo, Me parece lo peor de lo peor, es todo reciclaje.

¿Qué cosas creéis que debéis cambiar para el segundo disco da TCR? 
El primero hace poco que lo hemos sacado, hay que rodarlo todavía, Con respecto a él, tocar mejor y hacer mejores canciones si se puede, es la aspiración de todo artista. De momento no pensamos cambiar de dirección.

¿Qué directo os gustaría volver a ver si pudierais? 
El primero que vi de Los Fresones.
El de La Mans y La Buena Vida. los dos seguidos en el BAM del 94.

¿Qué festivales son vuestros favoritos? 
Bullas, Benicássim, Pradejón.

¿Alguna novedad en exclusiva para So Young? 
Vamos e tocar muy pronto en Los Conciertos de Radio 3 (en la radio y en le tele), Por supuesto, recomendamos a todos el mundo que no se los pierda.

Elliott Smith El arca del fanzinefable

23/11/19

Publicado en So Young en mayo de 1999.

La primera vez que vi una imagen de Elliott Smith fue una fotografía en la que aparecía sentado en la terraza de una cafetería tomando un refresco de naranja. Con la tez muy roja, arrugas no precisamente bellas adornando su rostro y un pelo que seguro pasaría las pruebas de selección para ser un buen estropajo scotch-brite, realmente parecía que había pasado un millar de noches durmiendo entre cartones.

La primera vez que escuché las canciones de Elliott Smith me quedé tan perplejo al saborear tanta sensibilidad y bello intimismo como cuando descubrí que tenía solo un año más que yo, que me considero aún (so) young, por cierto.

Su historia conocida parte por mor de una película: “El indomable Will Hunting”. Gus Van Sant le pescó y su canción “Miss Misery” llegó a estar nominada para los todopoderosos y previsibles Oscar. De 1997 hasta hoy, su trayecto musical es impecable y reconocido; de 1997 hacia atrás, su existencia había estado salpicada mayormente de espinas y tristezas.



El primer gran punto de inflexión en la vida de Elliott Smith lo supone el momento en que se traslada de Dallas a Portland para vivir con su padre. Tiene sólo catorce años pero ya empieza a escribir con asiduidad. Ya inmerso de lleno en la adultez, y a pesar de tener como principal álbum de cabecera el “White Album” de los Beatles (“Nadie puede escapar de la influencia de los Beatles, pero realmente es mi banda favorita, especialmente el álbum blanco y ‘Magical Mistery Tour’”), Elliott se embarca junto a Neil Gust, Sam Coombes -ahora en los excelentes Quasi, que compaginan su actividad propia con la de banda de acompañamiento o teloneros de Smith- y Tony Lash en un proyecto llamado Heatmiser.



Heatmiser fue engullido de lleno por la onda expansiva del fin del grunge, con todos sus postulados sonoros y de temática torturada reflejadas en los tres discos que la banda dio a luz: “Cop And Speeder” (Frontier, 94), “Dead Air” (Frontier, 95) y “Mic City Songs” (Caroline, 96). Contrastando con la dureza de Heatmiser, Elliott mantenía cuantitativamente al nivel creativo del grupo un alto caudal de composición personal que contrastaba fuertemente con el de su banda al ahondar en terrenos de intimidad folkie y acercamiento al pop. Esta doble naturaleza no cuadraba y Elliott veía su futuro claramente en solitario. Tras su primer elepé como tal (“Roman Candle”, Cavity Search 94) se lanza un año después a un tipo de composición más versátil y trabajada, con más énfasis en las guitarras. Esto unido a una seguridad creciente en su voz hacen que su segundo trabajo (“Elliott Smith”, Kill Rock Stars 95) siente las bases de lo que iba a ser ya indudablemente una carrera plagada de riqueza artística y musical.



Estas buenas perspectivas se confirman en 1997 con la primera Gran Obra de Elliott Smith: “Either / Or” (Kill Rock Stars). Si en su anterior etapa en Heatmiser reinaba la confusión de una vida desordenada y bien repleta de todo tipo de excesos, con “Either / Or” se atisba un recogimiento espiritual que sin embargo no deja de penetrar -a veces con dureza, a veces con dulzura- en letras sobre emociones doloridas y profundas heridas sentimentales arrastradas a través de los últimos años, y que en lo musical hielan la sangre con su trémula hermosura y una desnudez sobrecogedora (“Say Yes”, “Between The Bars”), o sonríen conmovedoramente en sus mejores melodías pop hasta la fecha (“Ballad Of Big Nothing”, “Rose Parade”, “Pictures Of Me”).



Tras su nominación a los Oscar, su pase a una multinacional era cuestión de segundos. Dreamworks le ficha y Elliott rompe el mito que dice que las compañías poderosas estropean a los artistas superando -algo que parecía realmente difícil- a su fabuloso disco precedente con “XO” (98), un álbum sensible y cálido ideal para arroparte por la noche antes de dar por concluida otra pequeña -y a menudo triste- porción de vida llamada día.

“XO” llega por la puerta de atrás y en pocas escuchas se apodera de toda la casa merced a su maravillosa orquestación, su pop preciosista, su soleado pero moderado romanticismo y las melodías en pleno esplendor de un artista en una exquisita expansión artística y personal pero que sigue fiel a sus principios de sencillez e intimidad. Su afiliación al pop crece incuestionable y con él la instrumentación se enriquece y, lo más importante, la melancolía cede terreno ante un optimismo entre luminoso y terapéutico. Canciones que tocan algo más, mucho más, que la fibra sensible de los que estamos ya completamente desbordados, entregados y enganchados a Elliott Smith: la caricia acústica de “Pitseleh” y “Oh Well, Okay”; la nostalgia emotiva del piano de “Waltz #2 (XO)”; las irresistibles armonías de “I Didn’t Understand” e “Independence Day”; el frágil recogimiento de “Sweet Adeline” y “Tomorrow Tomorrow”; la evocadora “Waltz #1”; la arrebatadora explosión de encanto en la irresistible melodía de “Bled White”; la delicada perfección pop de “Bottle Up And Explode!”; o la jovial lucidez de “Baby Britain”.



Muchos sentimientos reunidos en los tres cuartos de hora que ahora figuran (y ya llevan bastantes semanas) como disco-rey de unas últimas adquisiciones que cuento por decepciones y mediocridades. Por ello -y por muchas otras cosas- me doy cuenta, Elliott Smith, de que en estos momentos no te cambio por nadie. x Fernando SoYoung

Manic Street Preachers. La Riviera (Madrid), 3/11/98 El arca del fanzinefable

18/10/19

Manic Street Preachers. La Riviera, Madrid, 3 de noviembre de 1998
Publicado en So Young en diciembre de 1998

Mansun no fueron de esos teloneros que te hacen olvidar al grupo que has venido a ver. Y eso que se mostraron mucho más accesibles y directos que sus dos indigestos discos (el 2º más que el 1º). Sin embargo, temas como “Stripper Vicar”, “Being A Girl”, “Wide Open Space”, “Taxloss” o “Bring It On Down” son un entretenido pasatiempo para pasar la cervecilla. En media hora no se puede hacer más.

El grupo que habíamos venido a ver eran como una espina clavada que no dejaba de escocer desde hacía años. Presenciar a los Manic Street Preachers en directo se convirtió en un sueño difícil de conseguir en los tiempos de “Generation Terrorists” y en una obsesión tras “Everything Must Go”, y ahora, curiosamente gracias a un elepé más tibio que su predecesor, la oportunidad la habían pintado de color calva. Precisado esto, que en la noche del 3 de noviembre se produjera una decepción a costa de los galeses era algo más que un suceso improbable teniendo en cuenta mi devoción por su canciones pretéritas y recientes.

Y lo cierto es que estuvieron, como esperaba, atronadores. Bien es verdad que últimamente vienen cultivando una imagen modosita de buenos chicos que contrasta con aquella de carmín, ojos pintados de negro (Nicky Wire, sin embargo, los llevó así en escena) y actitud guerrillera, y que sus caras, un tanto regordecidas, les hayan quitado glamour pero, una vez más, hay que ceñirse a la música, que es lo que les mantiene vivos en este circo, y en eso siguen siendo unos maestrillos con un librillo arrollador.

Sonaron tremendamente compactos. Comenzaron con “Australia”, “You Stole The Sun From My Heart”, “Tsunami”, “Faster”, “The Everlasting” y “Everything Must Go”, para luego introducirse en el terreno más caliente y entrañable con unas celebradísimas “From Despair To Where”, “La Tristesse Durera”, “Motown Junk” y (la cima) “Motorcycle Emptiness”. A partir de aquí un tète a tète entre los dos últimos álbumes con, por suerte, ventaja numérica para “Everything Must Go”: “No Surface All Feeling”, “Ready For Drowning”, “Small Black Flowers That Grow In The Sky” (preciosa, con James Dean Bradfield solo con acústica), “Kevin Carter” y “Elvis Impersonator: Blackpool Pier”.

Los Manics no pudieron cerrar de manera más atinada, con su reciente hit “If You Tolerate This..”, el desparrame con “You Love Us” (brazos en alto y desgañite general) y un “A Design For Life” de fin de fiesta que no dio paso a ningún bis. 73 minutos de gloria para sus fans. Recordaremos con nostalgia, que no es poco, esta noche de lluvioso martes de noviembre. x Fernando SoYoung

Camilo Sesto: el ocaso de un mito El arca del fanzinefable

9/9/19

"Camilo Sesto: el ocaso de un mito", de Ignacio Hangar, fue publicado en So Young #13, en marzo de 1998.

Sí, sí, amable lector, no ha leído mal, se trata de Camilo Sesto. ¿Que qué leches hace Camilo Sesto en un fanzine como éste? No lo sé. La respuesta habría que buscarla en la inextricable materia gris que rige a nuestro insigne superintendente. El que suscribe, que no sabe si es por estar al cabo de la actualidad, por ampliar las fronteras de nuestra publicación o vaya usted a saber, sólo se va a limitar a cumplir con lo encomendado, porque en realidad, uno es fan de Camilo de toda la vida.
Y el caso es que el hombrecico acaba de lanzar un disco de recopilación al mercado y parece que se ha vuelto a poner de moda. Ya no tanto por el hecho en sí de que saque un disco después de tanto tiempo, algo que hacen todos para sacar pasta y si es cerca de la Navidad mejor que mejor, sino porque la promoción le ha llevado a salir hasta en la sopa en los medios y estos se han encargado de mostrarnos, sin tapujos, la patética imagen que se gasta hoy en día el otrora ídolo de las féminas. Porque lo que he escrito antes, aludiéndolo como hombrecico, ha sido un auténtico eufemismo dada la auténtica gravedad del asunto. Alguien, con acierto, señalaba que se parecía a Ken, el novio de la Barbie. Aunque, en realidad, uno no sabe bien a qué  se puede parecer, con su rostro estirado a más no poder, su superpeluca, su fragilidad extrema y para rematar, su inconexa y deslabazada retórica.

Parafraseando a otro compañero de páginas, lo primero que viene a la cabeza es decir "¡Joder, Camilo, cómo pasa el tiempo!" Porque éste no es mi Camilo, que me lo han cambiado.

Al verdadero Camilo Sesto -Camilo Blanes, según su DNI- comencé a escucharlo cuando sólo era un crío. Mi tía lo ponía sin parar, como tantas otras jóvenes y no tan jóvenes, y poco a poco me fue enganchando. Era la época dorada del cantante, allá a finales de los setenta y principios de los ochenta: éxito imparable de ventas, múltiples galas, llenazos en los conciertos, televisión... Todo venía de cara y estaba claro que era mucho más que un fenómeno pasajero, ya no sólo por la cantidad de los trabajos editados, sino por la calidad que estos rezumaban. Dotado de una voz única, cambiaba de registro según el tema que interpretaba y el sonido de las guitarras, junto a unos arreglos muy cuidados, ponían el acabado perfecto a las canciones. Duetos acertados (Ángela Carrasco) y trabajos tan exitosos como la famosa ópera rock "Jesucristo Superstar" no hacía más que seguir encumbrando al artista. Otra muestra de su talento quedaba patente en las letras de los temas, de las que Camilo es autor -a veces coautor- de casi todas, y en su faceta de productor de, también, la mayoría de sus trabajos. Por atreverse, hasta se atrevió a componer -al margen de Jesucristo Superstar- algunos ternas en inglés, con los que intentaba realizar incursiones en el pop, aunque, esta vez, sin tanto acierto.

Que Camilo no era sólo un cantante más en el mundo de la llamada "música ligera", era, pues, algo evidente y los millones de ejemplares vendidos -cuarenta, según él mismo apunta- así lo refrendan. Pero, sin la proyección internacional de un Julio Iglesias y por razones que de momento desconocemos, la estrella de Camilo se fue apagando.

Con este panorama, Camilo, que por aquel entonces había tenido -¿milagro?- un hijo con la mejicana Lourdes Ornelas, coge los trastos y se traslada a Miami. El tiempo va pasando y las únicas noticias que llegan de él lo hacen a través de las revistas del corazón, que nos muestran a un Camilo rodeado de lujo pero ya con evidentes muestras de grave deterioro físico, lo que hace que comiencen a dispararse los rumores sobre su salud, algo que las fuentes allegadas al artista, por boca principalmente de la madre de su hijo, se apresuran a desmentir. Quizá para acallar las malas lenguas o quizá para convencerse a sí mismo de lo imposible, hasta llegó a grabar un LP no hace muchos años, aunque sólo sirvió para constatar que su declive físico había devenido a su vez en declive artístico y apenas tuvo repercusión, a pesar de los denodados esfuerzos de la Cadena Dial.

Ahora, Camilo ha decidido, por lo visto, volver a España. Y como avanzadilla manda esta recopilación de grandes éxitos para, cuando menos, compensar lo maltrecho de su imagen -ya no sólo física, sino mental- con la miel de su glorioso pasado.

Hace poco escuché a alguien comentar algo que sonaba a funesta premonición y que, a tenor de lo que se ve, no sería raro que cualquier día se cumpliese:
- Ha vuelto a España para morir en su tierra -sentenció.

El Niño Gusano. Concierto en sala Oasis, 15-11-1996 El arca del fanzinefable

24/4/19

El Niño Gusano en directo en Oasis. 15-11-1996 fue publicado en So Young en diciembre de 1996.

Pop extraterrestre, delirante, surrealista, marciano... Ya no se sabe cómo calificar musicalmente a El Niño Gusano y mucho menos buscarles padrinos o influencias claras como al resto de grupos independientes españoles. Lo que sí he podido leer en algún sitio es que El Niño Gusano ya no se arrastra: es un ciempiés que tiene alas. El hecho de cantar en castellano en tiempos de dominio del inglés, unido a su espléndido directo, les tiene que elevar a lo más alto del pop español. Lo que es seguro, después de contemplar cómo estaba de abarrotada la discoteca Oasis, es que en la próxima comparecencia de El Niño Gusano en nuestra ciudad va a haber que solicitar las entradas con alguna semana de antelación.

El viernes 15 de noviembre debían de estar alineados los astros o algo por el estilo. Lo cierto es que ENG ofrecieron su noche más brillante en nuestras tierras desde su nacimiento, y su estado de gracia se contagió a los allí presentes incluso antes de empezar, respirándose en el ambiente una complicidad y un ansia de pasar una gran noche que luego a todas luces se cumplió, mucho más incluso de lo que se podría haber esperado.

Su último disco, “El efecto lupa”, así lo hacía presagiar. Con canciones mucho más pop que su predecesor “Circo Luso” y varios singles-pelotazo en ciernes, su tibia actuación del 95 en la sala En Bruto quedó rápidamente en el olvido. “Pelícano”, “Conde-duque”, “Sobrinito” y “Mr. Cámping” poseen unas melodías que poguearía hasta mi abuela, y en la Oasis, marco incomparable para alcanzar una noche triunfal sobre un escenario, la conexión grupo-público explotó en apenas minutos el termómetro de la euforia colectiva.
Acompañados por Paco, de Las Flores Venenosas, a la guitarra y a los teclados, y por Jacobo, de El Regalo de Silvia, al violín, la actuación de El Niño Gusano rozó las dos horas, es decir, tocaron casi todo su repertorio (sólo se echó en falta “Pintalabios gris”) sin ningún tipo de altibajo y con momentos para todos los gustos: la excentricidad del “Capitán Mosca” y su inseparable sopa, que voló sobre nuestras cabezas con precisión más que convincente, o el regreso a los 80 con la reconvertida y revalorizada “Hoy no me puedo levantar”, que por un instante elevó al guitarra Sergio Vinadé (increíble toda la noche) a la categoría de lo que en Inglaterra se conoce como ‘guitar-hero’. Pero el resto de la banda no se quedó atrás: el personalísimo estilo de Sergio Algora, el contrapunto a la locura del bajista Mario Quesada y el desparrame neuronal de Andrés Perruca a la batería establecieron una plusmarca de sensaciones y de calidad.

El colofón a tal celebración comunal no podía ser de otra manera que genial. Tras el hipnótico mantra de  “Vi a mi amor en una reality-show / Sin querer le rompi el corazón”, asistimos atónitos al descenso de Algora a los dominios del público para hacerse un hueco entre la gente mientras tocaba un tambor de la batería que sostenía en su cabeza, mientras Perruca rodaba por los suelos del escenario con otra parte de la percusión y Vinadé tocaba los tambores que quedaban... un apoteósico final marca de la casa.

El Niño Gusano, por lo aquí presenciado, deberían ir imparables hacia el éxito, a pesar de que todavía algunos critiquen sus letras (¿por qué se valora más cantar “sin tu valía seré un pringao” que “no pesa más de un gramo todo lo que amo”, “hay un cielo caliente en cada cuerpo / a ese cielo no llegan los tranvías” o “todos los insectos volaban con máscaras / hacían equilibrios en bigotes de roedor / una alegre fiesta en un claro del bosque”?). En todo caso, para los que sólo nos faltaba un pequeño empujón para creer ciegamente en sus posibilidades, esta noche fue de lo más clarificadora: después de ver a la mayoría de bandas pop alternativas españolas podría asegurar que El Niño Gusano poseen uno de los dos o tres mejores directos del país. Y no es pasión de paisanaje. x Fernando SoYoung. Foto: Pedro Hernández

The Frank & Walters: melodies haunt you El arca del fanzinefable

4/2/19

"The Frank & Walters: melodies haunt you" fue publicado en So Young, en mayo de 1998

The Frank & Walters (x Pedro Anguila)
La última de esas extrañas e inesperadamente sorprendentes visitas que muy de vez en cuando caen por nuestra ciudad fue la del espléndido grupo irlandés The Frank & Walters. Son de Cork, una pequeña ciudad al sur de aquel verde país, y aunque el trío formado por Ashley, Niall y Paul se conocen desde la infancia y llevan como grupo casi ocho años, sólo tienen dos discos en el mercado, y lamentablemente siguen siendo poco conocidos por aquí. Pero, por supuesto, no por ello sus canciones dejan de ser de primera fila.

Su fuerte y particular marca de la casa son las melodías y los estribillos en el más puro estilo pop británico: adhesivos, brillantes, definitivamente bonitos y certeros. Su primer trabajo, tras unas interesantes tomas de contacto en forma de singles, fue el titulado "Trains, Boats and Planes", nombre que, aunque pueda parecer proveniente de la conocida canción de Burt Bacharach, tiene una origen sencillo: una tienda de aeroplanos y trenes que había en Cork en los años de juventud del grupo. El disco, con grandes canciones como "This is not a song", "Fashion crisis hits New York", "Walter's trip", "After all" y "High is low", tuvo una buena acogida, pero tras problemas de índole extramusical, su continuación ha tardado un porrón de años en aparecer, aunque no ha defraudado en absoluto. The Frank & Walters mantienen su habilidad compositiva y "Grand Parade" (Setanta, 97) se convierte en otro compendio de canciones directas, melancólicas, transparentes y contagiosas, con excelencias como "Colours", "Russian Ship", "Saturday Night" y "Indian Ocean" alumbrando un disco de esos que no figuran en las listas pero sí en lo más hondo de un puñado de fans.

Son canciones, las de Frank & Walters, reconfortantes, eternas, disfrutables aún tras decenas de escuchas y ellos un grupo de los auténticamente entrañables, de los que piropeas a gusto a todo el mundo cuando de una discusión musical se trata.

Por todo ello es un orgullo el que (aunque otro medio de la ciudad se nos adelantara para entrevistarlos) accedieran a fotografiarse con este fanzine que tanto les venera. Volved pronto. x Fernando SoYoung

  

Yo cambié la historia del Festival de Benicásim

5/1/19

Me debes un verano...
Second
--------------------------

Desde que este proyecto comenzara a ver la luz, hace unos cuantos años ya, inicialmente con soporte material en forma de fanzine delicatessen y devenido ahora en este moderno blog, el abajofirmante ha tenido la gran oportunidad de participar y la fortuna de compartir un espacio único para recreo y solaz mentales.

Con absoluta libertad y mejor o peor suerte, la contribución ha sido surtida y variopinta: desde firmar crónicas de conciertos o relatos cortos de ficción, ‘cascarrabiadas’ varias y listas inservibles, a traducciones de entrevistas al inglés, pasando por emocionadas y vehementes semblanzas de grupos y lugares comunes y vitalmente emblemáticos, eventuales guiones de historietas animadas...en fin, una afortunada pléyade de incursiones.

Y precisamente en relación con la mencionada tarea de ‘escritor’ (recalco las comillas) de relatos cortos, uno, por lo que sea, siempre ha estado bajo la eterna sospecha de escribir en primera persona (con independencia de que el texto haya sido formalmente así o en tercera). Vale que es entendible que cuando te lee gente que te conoce de toda la vida, puede ser inevitable que encuentren –o crean encontrar- puntos comunes en tus escritos e identificarte, con más o menos gratuidad, con lo que escribes. Pero es muy curioso; ya presentes a un protagonista gay, hables en clave de un enfermo alcohólico, de infieles crónicos, de un jefe amargado y déspota, de una mente atormentada, o de cualquier otra sujeción, el caso es que indefectiblemente eres tú...

No voy a negar que efectivamente casi siempre los gérmenes de un relato surgen de algo que te viene a la cabeza, más o menos tontorrón, y te identificas o no, y a partir de ahí tiras, en función de lo que procesas y de que el producto te parezca de alguna manera digno (las musas son para otra división), pero de ahí a ser todos tus personajes va un trecho…

Ha sido sistemáticamente un estigma del que huir, o cuando menos cansinamente tener que aclarar, cuando no justificar. Por ello, me congratulo ahora de tener la oportunidad de resarcirme de alguna manera e invitar a leer un relato abiertamente, y sin ambages, basado en vivencias reales propias -surgido de una chispa graciosa en conversación reciente y nocturna con gente del blog- lógicamente muy lejos de la petulancia o pomposidad que puede sugerir la contundencia del título, y muy cerca de la sorna, la jocosidad, la chanza y la risa, la broma en definitiva, sin olvidar, como digo, la rigurosa y total veracidad de los hechos relatados:



YO CAMBIÉ LA HISTORIA DEL FESTIVAL DE BENICÁSIM

Quizá todo fuera demasiado rápido, visto con cierta perspectiva temporal.

El tema se concibe en la entraña de lo que era la recreación de la quintaesencia de la definición de lo que se entendía por un fanzine: una publicación artesana y límpida, trasunto empírico del actual blog que el amable lector ahora degusta, seguramente con delectación.

Pasión, esmero, delicadeza, talento por arrobas en cada firma y colaboración. Seda en cada artículo, crónica, semblanza, entrevista o tira cómica.

Grupos de música venerados, lugares de culto, fotos, secciones inolvidables, personajes y reportajes de la subcultura en estado puro, inocencia juvenil y genialidad a partes iguales jalonaban un espacio donde la parte dedicada a la reseña anual del FIB era de obligada y reverencial referencia, con especial cuidado y detalle, fruto ya no de una ineludible cita anual para el entorno sino de un hito anhelado y marcado a fuego en el calendario, reflejo de gustos y filias hasta un límite difícil de soñar tan al alcance de la mano.

Dedicar, como digo, un generoso espacio del fanzine a glosar las vicisitudes anuales del FIB no sólo no era sacrificio sino que podía considerarse un auténtico leit-motiv para la publicación. Si además, ello te era considerado, valorado y tomado en cuenta por la organización para acreditarte como ‘periodista’ para una futura edición, ya era lo más.

Y el caso es que, en el año 2000, era así. De otra manera entiendo que no nos lo hubiéramos ni planteado. Pero había indicios y nada que perder…
- Nos vamos a Benicásim.
La llamada era del alma y superintendente del fanzine recordado, y hogaño de este blog. Lejano en el espacio y laboralmente abducido, en principio no di crédito.
- Qué dices.
- Que sí, que sí, que el FIB ha aceptado la solicitud de acreditación y nos vamos a cubrir el evento.
Oasis, Placebo, Primal Scream, Elastica, Richard Ashcroft, Sexy Sadie… No me lo podía creer. Redactor y fotógrafo. Dos acreditaciones. Increíble, pero así era.

   

El caso es que habíamos conseguido dos acreditaciones. Ni pensamos en los roles que acompañaban a cada una que teóricamente habría que justificar y, en su caso, desempeñar. Lo importante estaba conseguido… La ilusión cegaba todo. Era imposible ver más allá de la perspectiva de disfrutar del evento desde un punto de vista privilegiado, no ser como la ‘chusma’, adjetivo con el que convinimos describir, desde el cariño, la guasa y la conciencia de que es nuestro sitio habitual, al público en general.

Backstage, glamour, famoseo, starlettes, lugar específico y restringido para la holganza y el esparcimiento, y sí, importante, ‘alpiste’ (bebida) gratis para la prensa acreditada, aunque sólo fuera cerveza…

¿Quién podía pensar en nada más? Nosotros, desde luego, no. De hecho, si a poco tiempo de emprender viaje hacia el festival no hubiera reparado en la cámara desechable de fotos que regalaban con dos botellas de JB, que era lo que lógicamente buscaba, ni me hubiera acordado de que tenía, sobre el papel, que hacer reportaje gráfico. Trampa del fatum, además, para alguien como yo, al que le gustan las fotos, pero las fotos rotas (me remito, con permiso, a la hemeroteca de la casa…). Es una señal. Un guiño del destino, me dije, convencido. Y ahí que llegué al FIB acreditado como fotógrafo con una cámara de plástico con motivos y logo de JB.
 - Coño, buena idea.
 El súper, que tampoco recordaba ‘el detalle’, aplaudió la iniciativa mientras nos preparábamos los primeros combinados para entrar en calorcillo.

Pero faltaba la prueba de fuego. O sea, entrar acreditados como tal habíamos sido considerados. Conseguir la acreditación material en el control de acceso no fue problema. De mi cuello pendía, ufano y radiante, el salvoconducto que me diferenciaba de la chusma. Y así llegamos, como si no hubiera un mañana, hasta la zona restringida, a la que ‘pertenecíamos’ de pleno derecho hasta que me decidí a ejercer mi ídem.

No me arranqué con Ian Brown pero Oasis era mucho Oasis. Lo sigue siendo ahora como para no serlo en verano de 2000… Así que algo achispadete –por así decirlo- y con el respaldo de mi colgante tomé posiciones a la entrada del foso de fotógrafos… Se me bajó el pedo ipso facto. Tipos con unas cámaras del copón me precedían en la fila. Pero no sólo camaracas, sino recambios como si fueran a cubrir un nuevo Vietnam…

En las primeras filas del público la peña se empezaba a enervar, las luces del escenario se apagaban, y, por fin, los seguratas nos dieron paso al foso…

Tragué saliva. ¿Qué hacer?. ¿Enseñar la desechable de JB como si tal cosa al lado de las Nikon o lo que fuera que llevaban los de verdad?...No. Contrito por dentro pero con cabeza alta y todo digno apreté el paso cuando me tocó el turno, sacando el pecho que sujetaba mi acreditación como fotógrafo… pero ninguna cámara. No coló. Fue un error. El controlador, que esperaba sin duda verme algo colgando (aunque fuera una Werlisa), me paró en seco. Me miró la acreditación, más tiempo del normal. - Pero, ¿y su cámara?

No quedaba otra. Y así lo hice. Metí mi mano en uno de los bolsillos del pantalón tipo coronel tapioca (que no coronel tapioca real) y saqué la cámara. O lo que fuera aquello. El caso es que tras dos segundos, eternos, al tipo no le quedó otra que dejarme pasar. Vi, en todo caso, cómo tomaba nota de alguna manera…

Lo siguiente para mí fue debatirme entre estar un poco avergonzado entre profesionales ‘de verdad’ o disfrutar del momento con los Gallagher un metro por encima de mí.

No decidí yo. Lo hizo una fan encima de los hombros de su pareja (o no), que, sin cortarse un pelo, intentaba citar a Liam para después del concierto. Genial, nadie se da cuenta de que estaba ahí  ‘de extranjis’.

La turba estaba a lo que estaba, más en primera fila, no a ver si los fotógrafos tenían cámara. Aun así, disimulaba de vez en cuando sacando el engendro y disparando, siendo plenamente consciente de que no funcionaba sin el flash, que por supuesto no tenía.… Valía la pena, desde luego. Elastica, Johnny Marr, Nada Surf, Autour de Lucie, Doves. Esperanza cero de volverlos a ver en un foso. Brutal.

Y así, tal que así, discurrió todo el festival en relación con la corresponsalía gráfica.

El verano siguiente volvimos a Benicásim y su festival. Sin acreditación. Había sido todo demasiado bonito como para ser duradero. Lo intentamos pero ya no pudo ser. Ya no coló.

Tuve tiempo, sin embargo, para acercarme al foso de fotógrafos y constatar que nadie pasaba, tras un exhaustivo control, sin tener una cámara medianamente seria. Cámaras que, seguramente hicieran fotos tan brillantes y luminosas, como impersonales y neutras. Nada que ver con lo que las entrañas de aquella cámara desechable de Justerini and Brooks dejaron guardado en su día sin más testigos que ella y la posteridad…    

Tiempo para colegir, sin margen para la duda, y sin arrogarse mayores méritos, que uno, siquiera involuntariamente, cambió de alguna manera la historia del Festival Internacional de música independiente de Benicásim. x Atreyu

   

Daniel Darc: vida después de la vida El arca del fanzinefable

24/11/18

"Daniel Darc: vida después de la vida" fue publicado en So Young en junio de 2005. 

Conocido tanto por su militancia en el grupo Taxi Girl en los años 80 como por su escarceo continuo con el abismo del lado más oscuro del lado oscuro, su vuelta a lo grande con el elepé "Crève coeur" constata que el alcohol, las drogas, la prisión y, sobre todo, su maltratador torbellino interior no han podido con él.
Mucha culpa de esta vuelta a lo grande de Daniel Darc quizá la tenga el joven compositor Frédéric Lo, copartícipe muy estrecho de las doce canciones que se incluyen en el magistral “Crève coeur”. En él, Darc saca mucho de sí mismo con una producción tan sencilla como poético y brillante es su resultado. Inspirado en sus héroes declarados (Serge Gainsbourg, Johnny Cash, Boris Vian, William S. Burroughs) este hombre de nocturnidad alevosa e implacable nos conduce con su voz malherida por un túnel de luminosidad cegadora, dejando el sabor de un gran clásico francés.

Evocadores pianos y guitarras acústicas le bastan para acercarnos a personajes de la bohemia urbana de difíciles destinos. En contraposición, el disco respira luz por casi todos lados. El susurro Gainsbourg de “Si tu vas là-bas” es mucho más que un homenaje; “Inutile et hors d’usage” y su bonito comienzo de piano, es la sencillez instrumental tornándose pura fantasía preciosista, estética modesta al servicio de la nostalgia más punzante; “La pluie qui tombe” es de una belleza crepuscular, tan relajante como atenazadora en su melancolía oceánica; “Rouge rose” exporta la iluminación de un amanecer vacacional junto a un amor recién estrenado; la pura expansión de vitalismo exacerbado de “Mes amis”; el sentimiento a flor de piel de “Je me souviens, je me rappelle”... todo ello deja poco espacio para oscuridades rocosas y mucho para arenas blancas. Un gran retorno de Daniel Darc. x Fernando SoYoung

   

The Delgados cuelgan el maillot amarillo El arca del fanzinefable

18/10/18

"The Delgados cuelgan el maillot amarillo" se publicó en So Young en junio de 2005.



La noticia de la disolución de este grupo escocés nos pilló un poco desprevenidos. Estábamos ya acostumbrados a sus discos bienales, sacados con tan poco ruido y expectación como aceptación y agrado. Cada disco de The Delgados siempre traía consigo canciones que añadir a tu lista de favoritas del otoño o primavera de ese año,y sus directos siempre eran una experiencia para saborear con delectación. Ahora que el horizonte ‘delgado’ se ha nublado, saboreemos los nombres propios que han llenado su apreciada biografía musical.

The Delgados, ese entrañable grupo escocés que homenajeó con su nombre a Perico (eran fans del ciclista y les pareció que el nombre sonaba bien) nos dicen adiós. Durante once años nos han hecho disfrutar de su indie pop urgente y divertido (al principio) y su querencia posterior a la orquestación y a sonidos más preciosistas y elegantes, con el denominador común en ambas facetas del cuidado de sus voces.

La banda, integrada por Alun Woodward (voz y guitarra), la cantante y guitarrista Emma Pollock, Stewart Henderson al bajo y el batería Paul Savage, se creó en 1994 en la ciudad de Glasgow. La parte masculina del grupo, amigos del colegio desde su infancia, ya habían estado en otro combo previo, llamado Bubblegum. Emma era amiga de la universidad de Paul Savage, quien le invitó a unirse al terceto.

En 1995 fundan su propio sello discográfico, Chemikal Underground Records (sello en donde militarían grupos como Bis, Mogwai o Arab Strap), y en ese mismo año publican su primer single, “Monica Webster”, recibido con buenas críticas por la siempre exigente prensa británica, llegando a ser single de la semana en la ya extinta Melody Maker. El mismo año editan el ep “Lazarwalker” en Radar Records, y en el curso siguiente telonean a grupos como Elastica, The Wedding Present o Sebadoh. También en 1996 editan en su sello los singles “Cinecentre”, “Under canvas under wraps” y “Sucrose”, estos dos últimos también presentes en el primer elepé de la banda, “Domestiques”, un entretenido disco de pop enérgico y desprejuiciado, de una veloz inmediatez, y que tuvo una gran aceptación. Entre sus fans se contaba el recientemente fallecido John Peel, que los calificó como la mejor banda británica del momento (en plena ebullición britpopera).

La continuación en largo a “Domestiques” tuvo por título otra referencia ciclista, “Peloton”, para el que se hicieron esperar dos años (1998). Con grandes canciones como “Everything goes around the water” o “Pull the wires from the wall”, el álbum volvió a ser otra fenomenal colección de canciones de pop independiente que hizo de puente entre su vena de pop directo y su posterior gusto por un tipo de canción más elaborada.

Además de en su inspiración, este disco tuvo algo más en común con su predecesor: las discretas ventas. “The Great Eastern” (2000) fue su siguiente disco, y en el que ya se notó una evolución en la música del grupo escocés. Con el productor de moda del momento a los mandos de la grabación, Dave Fridmann (casi tan famoso como los grupos a los que produjo por la época, The Flaming Lips y Mercury Rev, triunfadores en estos años), la música de The Delgados amplió fronteras en cuanto a la concepción de su sonido, tornándose más grandilocuente y orquestal, con unas formas de mayor brillantez sónica sin perder el fondo del estilo de creación clásica del grupo. “American Trilogy”, “Accused of Stealing” o “The past you suits you best” fueron los estandartes de un disco mejor acogido por crítica y público.

Hate” (2002), su cuarto álbum de estudio, y de nuevo con producción de Dave Fridmann, seguía las directrices de su predecesor “The Great Eastern”, cultivando un pop de estética elegante y letras cada vez más sugerentes, como demostraron los espléndidos momentos que nos depararon cortes como “The drowning years”, “Coming out from the cold”, “Woke from dreaming”, “The night before the land” o “All you need is hate”.

No hemos hablado de los directos, uno de sus puntos fuertes. La gira de “The Great Eastern” los reveló como uno de los mejores grupos del mundo en directo, con una perfección sonora y vocal que hacían de sus canciones en vivo auténticas experiencias catárticas. Quien estuvo en el Centro Cultural Matadero de Huesca en aquella gira sabe de qué hablo (inolvidable conjunción de los instrumentos de cuerda con guitarra, bajo y batería).

Y por fin este 2005, a sólo unos meses de la triste noticia de su disolución, nos llegaba su quinto trabajo de estudio, “Universal Audio”, un disco que de alguna manera autohomenajeaba los primeros tiempos del grupo con canciones un tanto más desvestidas de los ropajes fastuosos de orquestaciones y arreglos cuidados. El resultado volvía a funcionar para los oídos más exquisitos del pop con canciones para el recuerdo como “Is this all that I came for?”, “Keep on breathing” o “Everybody come down”, y un directo excepcionalmente bueno que quizá no podamos volver a degustar.

Un grupo que sin duda merecerá la pena recordar cuando echemos la vista atrás dentro de unos cuantos años. x Fernando SoYoung

Tostones El arca del fanzinefable

5/6/18

Tostones. El Refugio del Crápula. Viernes 17-5-96. 21.30 horas 
Publicado en So Young, junio de 1996

Era la segunda vez que nos acercábamos a contemplar a esta joven formación zaragozana, así que su estilo y su repertorio no nos pillaba de sorpresa, aunque sí lo ha hecho las dos veces su frescura y desparpajo a la hora de atacar los temas de sus bandas y cantantes favoritos. Y lugar primordial en éstas ocupa el tan admirable como admirado Kiko Veneno, del que rescataron entre otras, su “Joselito”, con gran resolución y acierto -provocando el delirio entre el público que se había acercado a este refugio-. También deleitaron a los presentes repasando alguna canción del clan “Negra” (Mano y Pata), de los que interpretaron el tema “Mala vida” de los primeros y “Patapalo” de los segundos, con el que cerraron su corta pero intensa actuación.

Pero para el que suscribe merece mención aparte, por cuanto fueron los momentos más vibrantes de la noche, la revisitación que hicieron los Tostones del ya legendario grupo Jane’s Addiction con sus temas “I would for you”, “My time” y la superior “Jane says”, donde el vocalista demostró su devoción por la banda californiana bordando la interpretación a pesar de la dificultad de las inflexiones vocales que el gran Perry Farrell imprime en todos sus temas.

A destacar también la eficiente labor a los bongos de Simón, un percusionista con gran sentido del ritmo y del buen humor, y de Fernando, un guitarrista de altura con un enorme horizonte de futuro en sus dedos. En conclusión, un rato algo más que entretenido el que nos brindó esta banda que en directo no hace en absoluto honor a su nombre. x Flashboy

The Auteurs. Otoños en flor El arca del fanzinefable

21/2/18

"The Auteurs. Otoños en flor" fue publicado en So Young en junio de 1996.


Debido a la enigmática personalidad de su cantante, guitarrista y compositor, The Auteurs se han convertido en una banda de difícil acceso para el gran público. Pero su desinterés por la fama, el dinero y los titulares de revistas, su manifiesto hermetismo con la prensa y las rajadas contra bandas famosas como Blur, Suede, sobre todo Gene -también incluso Iggy Pop- no han hecho pasar inadvertidos sus trabajos (tres hasta el momento) por una sencilla razón: sus canciones son elegantes tratados de pop otoñal con tintes poéticos, endulzadas con imponentes arreglos de cuerda y abigarradas con oportunos guitarrazos esporádicos.

En seguida se les metió en el mismo saco que Suede al frente del llamado “glam-pop” o “indie-glam”, pero el desprecio constante de su líder por todas sus bandas coetáneas (sólo salva de su quema particular a Stereolab) les ha situado en tierra de nadie. Ni britpop, ni glam-rock: The Auteurs.

Luke Haines vivió su adolescencia en el seno de una familia londinense de clase media. Su padre era funcionario y su madre maestra de literatura, notándose más en él la influencia materna. Se fue de casa a los 16 años para entrar en una escuela de arte que no tardaría en abandonar en favor del conservatorio, en donde su aspiración máxima consistía en ser compositor de bandas sonoras.

A su salida del conservatorio se decide por entrar a formar parte del grupo The Servants, del que también formará parte Alice Readman que más tarde iba a convertirse en bajista de los futuros Auteurs. La crítica ignoró a The Servants y sobrevino la disolución de la banda, no sin antes dejar grabados y publicados dos singles y un elepé titulado “Disinterest”. Desde este momento hasta el nacimiento de los Auteurs sólo transcurren tres meses. El nombre de la nueva banda es cuando menos extraño y al parecer procede de un vocablo francés que inventaron unos críticos de cine de aquel país para describir a los grandes directores de cine.

Y aquí comienza su discografía. El primer Lp sale en febrero de 1993 con el nombre de “New Wave” y es recibido con los brazos abiertos y con muchos elogios. La primera formación de los Auteurs es la siguiente: Luke Haines, Alice Readman y Glen Collins a la batería. Pero es igual de grande el interés que despierta la calidad de este primer álbum como la extraña forma de actuar y pensar de Haines: un ser introvertido con un sarcástico y duro sentido del humor y una actitud completamente diferente a los otros líderes de las demás bandas que campan en esos momentos por el pop, afirmación demostrable por ese afán incomprendido de rehusar a cualquier representación en su persona de la juventud de su tiempo. El álbum en sí compendia espléndidas canciones de las que Luke se niega a desvelar el significado de sus personales letras.

Para el siguiente larga duración (“Now I’m a cowboy”, 1994) The Auteurs han cambiado de batería (entra Barney Crockford) e incorporan a James Banbury (chelo) como miembro oficial del grupo, puesto que ya había trabajado con ellos en el primer álbum. Como suele suceder en Inglaterra en estos casos, este segundo elepé es recibido mucho más fríamente que el primero a pesar de que contenga obras maestras como “Lenny Valentino” o “New French girlfriend” (‘ese es el precio del éxito/querer que una chica coja mi mano/cuando el avión aterrice’). Las coordenadas de este álbum siguen siendo las mismas que en “New Wave”, incluso las portadas (magníficamente acordes con lo que hay dentro) guardan una semejanza.

Pero la línea estilística que une estos dos álbumes se ha visto rota en su disco más reciente: “After murder park” (1996). El productor ha pasado de ser Phil Vinall a Steve Albini, habitual en discos y sonidos más rockeros. En este trabajo se observa algo más rudeza en las composiciones, algo de amargura y también una pizca de tristeza contrastando con un sonido más cercano a lo que puede ser un directo de los Auteurs. Pese a todo, el trasfondo espiritual del disco sigue desvelando que detrás sigue estando el genial Luke Haines de siempre.

Actualmente y de forma paralela a los Auteurs (no se separan pese a los rumores) Haines se ha embarcado en un proyecto llamado Baader Meinhof, del que asegura que su sonido va a ser muy diferente al de su grupo de siempre.

Aunque el éxito masivo no les sonríe, sus discos siempre van a estar ahí para el que quiera adentrarse en su mundo íntimo de pop ensoñador. La mejor definición o el mejor resumen que he encontrado de los Auteurs lo he tenido que robar por lo bien que lo describe a un periodista nacional que dijo de ellos que “se deben a Sunset Boulevard, al caviar iraní y al champagne bebido en zapato…” en clara referencia a su depurado estilo. x Fernando SoYoung

   

Ash. Chupetes desde Marte El arca del fanzinefable

12/11/17

Ash. Chupetes desde Marte 
Publicado en So Young en abril de 1997


Es la banda a la que primero me apuntaría si tuviera ocho años menos y algo de destreza instrumental. Ash (Tim Wheeler, Mark Hamilton, Rick McMurray) representan el auténtico espíritu juvenil del pop, son un antídoto contra el aburrimiento y hacen una especie de power-punk eufórico con melodías acarameladas y guitarras atropellando lo que encuentran a su paso.

Un día de diciembre de 1994, de madrugada, vi un videoclip de esta banda de Downpatrick (Belfast, Irlanda del Norte) llamado “Petrol”. En ese mismo momento (bueno, después de verlo 2 o 3 veces) lo vi claro: Ash iban a vender discos a kilos. Lo que no me pude imaginar es que sería tan pronto. Ni 2 años han tardado en conseguir el triunfo absoluto. Pero vayamos por partes.

Tras pasar un par de años tocando en pequeños locales y editar un single con una pequeña compañía, el sello Infectious se fija en ellos. “Jack Names The Planets” fue su explosivo punto de partida, y si en algo se ha coincidido desde los diversos medios es en compararlos con los Buzzcocks, un grupo que triunfaba cuando los componentes de Ash todavía se alimentaban de biberón. Le siguió la citada “Petrol”, con unos eléctricos cambios de ritmo que la convierten en un continuado escalofrío romántico-guitarrero que, junto a las más recientes “Angel Interceptor” y “Girl From Mars” componen el triplete glorioso de la hasta ahora corta historia de Ash.

    

Su tercer single, “Uncle Pat”, fue el encargado de demostrar que la banda también domina los tiempos más reposados, aunque siempre bañados en sus particulares ácidas guitarras. Es el más claro precedente de la vertiente tranquila de su primer álbum “1977”.

Con la base de estos tres singles previos presentan el mini-CD “Trailer”, completado con cuatro canciones donde domina más el punk-pop que el pop-punk, la cara menos amable pero igual de efectiva de Ash. Esta última faceta, de momento, no la han vuelto a revisitar, al menos tan crudamente. El productor de este primer semi-largo no fue otro que Marc Waterman, que también produjo el debut de Elastica.

E igual que a todos y cada uno de los cerdos les llega su correspondiente San Martín, todo grupo famoso tiene su propio big bang musical. Para Ash está claro que fue el single “Kung-Fu” y la aparición con el mismo de una nueva y determinante figura: el productor Owen Morris. El afamado productor de, entre otros, Oasis, ha sabido sacar todo el jugo al talento de Wheeler y compañía en sus producciones, dotando a Ash de un sonido brillante en sus melodías y potente en sus guitarras. Todo esto acarrea más comparaciones con los Buzzcocks y un mogollón de ventas del single en el 95, de lo que se aprovecharon para reeditar “Trailer” con “Kung-Fu” dentro. Sin duda es una canción que consigue patearte el oído tan implacablemente como lo hace el futbolista del Manchester United, Cantona, a un espectador en la portada del single.

Durante el 95 lanzaban además otros dos singles. Las dos dianas -la de la calidad y la del éxito- iban a ser torpedeadas en el mismísimo centro: “Girl From Mars” y “Angel Interceptor”. La primera, un auténtico estallido adolescente de emoción que se cuela entre yunque y martillo a base de subidones continuos de adrenalina, y la segunda, otra enorme canción pop con un estribillo incasdencente y eterno. Los augurios para el próximo álbum se presentaban, pues, inmejorables.

La mecha para la definitiva explosión de la dinamita fue encendida por el single previo “Goldfinger”, otra descarga más de romanticismo juvenil con una melodía impactante que en su cara B contenía una versión del “Get Ready” de los Temptations. Y por fin, el álbum, "1977", que les ha traído, no sé si para ellos por sorpresa o no, muchísimo éxito, muchas ventas y muchas giras por Japón, Europa y USA. Objetivamente, es un disco en donde las cuatro mejores canciones -junto a “Oh Yeah”- son sus singles previos. Con algunas de estas canciones Ash han tocado el cielo del pop más supervitaminado y mineralizado del momento y la juventud, la asimilación correcta del éxito y los buitres van a ser sus próximos enemigos para construir una sólida carrera de la que han hecho lo más difícil, establecer una base consistente y emocionante.

    

Edwyn Collins y Black Box Recorder en el BAM’98 El arca del fanzinefable

9/3/17

Edwyn Collins y Black Box Recorder en el BAM’98
Publicado en So Young, diciembre de 1998



Era un escenario de excepción, fascinante, dentro de una ciudad con las mismas características. La Plaça del Rei de Barcelona es una península mágica de elegancia supina, un transbordador de sensaciones encontradas y antiguas que nos transporta por años acelerados a la orden de un puñado de canciones que rellenan este marco dorado por unas horas.

Edwyn Collins (viernes 25 de septiembre) ofreció una cara intimista que deslumbró irresistiblemente con sólo voz (sobrecogedora, apasionante), y guitarra acústica. Está claro que si un músico con esta desnudez instrumental llega a cotas de emoción como las que asaltó el ex Orange Juice, es que estamos ante un artista magnífico. Y Collins lo es. La segunda parte de su actuación se vio apoyada por guitarra eléctrica, lo que dio más brío a sus canciones (con un buen sonido a pesar de algún problemilla) entre las que no faltaron temas de su último álbum como “The Magic Piper” o “Superficial Cat”, aunque curiosamente revisitó más su ya lejano “Gorgeous George”. “A Girl Like You”, su gran éxito comercial, hizo de gancho alborozado. Espléndido caudal de emociones para endulzar la noche.

Black Box Recorder era una cita que intrigaba a priori para el día siguiente y en el mismo entorno. Y el cúmulo de sentimientos que ofertaron fue extraordinario. El primer disco de esta banda formada por dos sombríos genios del pop británico (Luke Haines, de The Auteurs, que ofició con la mano vendada, y John Moore, ex-The Jesus & Mary Chain y Revolution 9) y representada a la voz -excelente- por Sarah Nixey, es un trabajo delicado y poético, pero la fuerza que cobró en este directo lo magnifica hasta cotas insospechadas. Detalles bordados de sensibilidad adictiva, excursiones por la cara oculta de montañas de placer hipnótico, conmovedora belleza... demasiados sentimientos y evocaciones para el poco tiempo (o eso me pareció a mí) que duró su actuación, en donde repasaron toda su inaugural obra “England Made Me” y de donde destacaron por su impactante lirismo (la voz de Nixey susurrando “Life is unfair......” derrotó mis defensas y ya no pude bajar de la nube en toda la noche) “Child Psychology”, por su enigmático ritmo “I.C. One Female”, por su frondosidad de matices sonoros zurcidos a golpe de lágrima emotiva “Swinging”, por su dulzura turbulenta llena de sentimiento “England Made Me” (“I need my privacy, a little secret life”)... Y “Hated Sunday”, “New Baby Boom”, “Ideal Home”...

Miradas entre los desconocidos congratulándonos de estar allí y un leve pero continuado escalofrío en la espalda sólo corroboraban lo que los sentidos ya sabían: otro de esos suspiros de felicidad agridulce que se saborea demasiado de vez en cuando. Un grupo y un concierto para llevar en el corazón siempre. Melancolía a manos llenas. Un sueño. x Fernando SoYoung