A los que leen (capítulo V)

29/2/08

"Ropa tendida" (Eva Puyó)



Conocí a Eva Puyó en la primera edición de Pirineos Sur, cuando podías elegir con los ojos cerrados en qué trozo del pelado campo de fútbol que hacía las veces de camping querías acampar. Iba en nuestro grupo de amigos y compartía tienda con Vicky Calavia y Javi Estella, así que con semejantes huéspedes, el modesto tenderete emitía por la noche rayitos fosforescentes de cultura literaria y audiovisual. Vimos cometas perfilando la cumbre de Peña Foratata.

Recientemente, Eva Puyó ha publicado su primera obra narrativa, "Ropa tendida", todo un libro de historia contemporánea, pues las generaciones que afortunadamente no sufrimos grandes cismas ni tragedias, también tenemos nuestras pequeñas marcas a fuego ganadas con el tiempo: empleos precarios, sorteos de pisos de VPO, trapicheos familiares, broncas fraternales, el profesor de autoescuela más borde del mundo… ¿Quién no ha padecido una de estas ampollas?

Tu vida o/y la de tu vecina, en primera persona. No por común deja de ser un argumento interesante, y más aún si se aborda con chispa e ironía, mucha ironía. No más príncipes matando dragones, no más empacho feliz de perdices. Sandra es la heroína de nuestros días, de La Jota, hija de una mujer de la limpieza y un ludópata, cuida niños, compra en Zara, escucha a Kase-O, acumula objetos robados por su padre y torres de cedés por el suelo.

Sandra registra con sus recuerdos y anécdotas el día a día de cualquier familia ‘estructurada’. Va creciendo con todo ello, quemando etapas, pasando pruebas (el carnet de conducir, la oposición, el sorteo de pisos, nuevo novio). Heroína en silencio, como su abuela durante la guerra civil, como tantas.

“Nacimiento”, “Amigos de mi padre”, “Las señoras”, “Llaves”, “Suegros”, “Varices” son algunos de los escuetos y elocuentes títulos que marcan el ritmo de este pequeño libro, pero las cosas suceden como vienen y tampoco hay tiempo para la reflexión. Ni tendría mucho sentido. Es historia, digo, no filosofía.

Tras diversos avatares, parece que Sandra finalmente consigue lo que quiere, lo que han hecho que queramos: piso y trabajo fijo. Y llega, así, triunfante y dichosa al último episodio, “Paraíso”: El edén es un huerto abandonado de un barrio rural en el que no se escuchan precisamente trompetas de júbilo, sólo el crujir de una rama de caqui al que su padre ha trepado para robar fruta.

Ropa tendida, sin centrifugar, chorreando intimidad familiar por el patio de luces y por las calles de Zaragoza. Una nutrida generación en boca de una nueva voz. Eva Puyó, calentando motores.
x Asun No

1 comentario

Eva ha dicho...

Gracias por esta crítica tan cariñosa. Me ha servido, además, para descrubrir vuestro blog, que no conocía. Una auténtica centrifugadora de ideas.
Os linko,
Besos