31/8/09
3) Bark Cat Bark: "Antico Verrès"
4) The Sunday Drivers: "I"
5) Sally Shapiro: "Dying In Africa"
Conocemos a muchos buenos grupos que nos hacen pensar rápidamente en los Beatles por similitudes, pero estos tejanos llamados Cotton Mather contagian desde el primer segundo de “The big picture” (su segundo trabajo tras “Kontiki”) un irremediable optimismo con su pop de guitarras y estribillos dinámicos y armónicos, y una voz, la de Robert Harrison, que triunfa en todos los registros sin operaciones previas. Las velocidades medias aún suben más el nivel (magníficas “Story of Anna”, “Ramon finds waterfalls” o “Monterrey honey”) de una colección de canciones de incuestionables momentos fáciles de escuchar y aún más de recordar para un buen amante de las melodías de origen sixtie. Un grupo muy especial para gustos clásicos. x Gabi Lombardo

1. Jeremías Hierros (Jeremy Irons).
En un mes de julio de larguísimas siestas espoleadas por el aplastante calor y por uno de los Tours de Francia más aburridos que uno recuerda (salvando la última semana), he encontrado en "Mi querida bicicleta" historias, algunas con cuerpo de hecho real y otras de imaginación voladora, que merecen la pena ser leídas te guste o no el deporte en general y el ciclismo en particular. Mitad holandesas y mitad españolas, aquí encontramos historias trágicas como la de la familia Otxoa y su lucha contra el cruel destino, descubrimientos como la pasión por la bicicleta de eminencias como Ernest Hemingway (desde el punto de vista de Erik Brouwer) y Miguel Delibes (su escrito "Mi querida bicicleta", en donde nos narra cuán notable y entrañablemente influyó la bicicleta en su infancia y juventud, da título al libro), el homenaje que en "El hombre de la mochila" Tim Krabbé dedica, recordando la relación que les unió en distintas etapas de su vida, al campeón ciclista de los 70 Gerrie Knetemann, la visión de primera línea que Thijs Zonneveld hace de su incursión en el ciclismo asiático en la última fase de su vida deportiva en "Lluvia en mis ojos" (uno de los mejores cortos del libro), algunas bonitas semblanzas que hilvanan el deporte del ciclismo con la vida en algunos pueblos y ciudades españolas (Jesús Gómez Peña en "65" y Bernardo Atxaga en "Hilario, el ciclista de Obaba"), interesantes experiencias sobre dos ruedas con pedales sea como aficionado o profesional (Peter Winnen: "El deseo de convertirse en mito", Pedro Horrillo: "Pedaleando con Bruno"), o ese otro relato de Alain Laiseka ("Trece escalones"), también de los mejores del libro, en donde acabamos convencidos de que algunos sueños se pueden cumplir si le ponemos el debido empeño.
El día que alguien se pare a mirar atrás y quiera agradecerle a Will Holland sus años de dedicación a los sonidos negros, deberá perder un poco de tiempo en el speech de congratulaciones. Un inglés que en su corta vida ha heredado el espíritu de los primeros noventa del acid jazz para llevarlo con un solo proyecto a su máxima expresión. Se hace acompañar en cada uno de sus discos por los músicos acordes a su temática sonora elegida para la ocasión. Su combo Bárbaro esta formado por músicos de su residencia actual, Cali. Y como ya avisó en su disco “Tropidelico”, cada vez le interesa más el latin jazz.
Se hermanó con él rápidamente debido a lo peculiar de la situación de ambos, que eran observados con desprecio por sus "colegas" profesionales de la instantánea e incluso eran recriminados a regañadientes por estos, que seguían buscando hueco a codazo limpio para coger el mejor lugar.
Un domingo mañana más temprano de lo habitual, por problemas de sueño; un canal de televisión local del que es muy difícil conocer su programación; una película unos minutos empezada. No parecen unos buenos datos para encontrarse una película de esas que te atrapan y hacen tirar el mando lejos del toquiteo indiscriminado.
Protagonizada por su actor fetiche Vincenzo Amato, apenas se puede encontrar información de ella, poco más aparte de algunos premios y de que estuvo nominada en Sundance. Mucho más modesta que sus cintas posteriores, al ser su primera película como director, guionista y productor, le sale un mosaico -más dramático que cómico- de gran frescura en el que se entremezclan el amor, las costumbres, la inmigración, las relaciones fugaces y otros muchos elementos que hacen de ella una película de esas que solemos catalogar como "sencilla, pero deliciosa". Dos personas se conocen, se enamoran, pero una de ellas se tiene que ir del país por motivos de trabajo tan sólo unos días después. Otras dos personas, del mismo origen pero de muy distinta cultura, son obligadas a casarse, con los consiguientes problemas de adaptación. El final de la película sólo es una demostración de que no todo en la vida es previsible, y que en algunas películas tampoco. x Boletus