Ya desde el título esta película tenía algo especial que la distinguía de las otras comedias españolas de la época, en un tiempo además en que este tipo de filmes tenían algo más de chicha argumental que la simple patochada nacional vigente en casi todo el siglo pasado y más aún en el presente.
"Todo es mentira" tenía un guión de fácil absorción para el público adulto, especialmente para el de la quinta de los protagonistas, unos veinteañeros Coque Malla y Penélope Cruz. Su éxito no se produjo por la vía de la risa fácil, sino por lo bien que ridiculizaba, de la forma más sencilla pero graciosa en sus diálogos, las situaciones cotidianas de una pareja de recién enamorados y su evolución subsiguiente. El reparto de roles es tan estereotipado como atinado y bordado en su caracterización: el chico que se muestra ante la chica, y lo que ella espera de él: romántico, cariñoso, maduro, seguro de sí mismo. La realidad que encuentra cuando se ha pasado esa breve etapa de la idealización ensimismada: un crío que vive al minuto, pasa de todo y se obsesiona con el pasado sexual de ella.
Y la chica que se muestra ante el chico, o lo que él espera de ella: guapa, con buen cuerpo, la amante y confidente perfecta, su reflejo pero con curvas. La realidad que encuentra: pasión por el orden y necesidad de planes concretos de vida a medio y largo plazo.
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