Patrick Wolf tiene 25 años. Jarvis Cocker, 45. Ambos tienen voces inconfundibles y un talento expansivo. Ambos comenzaron en la música muy jóvenes, y de forma valiente, arriesgada y no muy reconocida. Patrick, músico precoz que toca multitud de instrumentos, debutó con "Lycanthropy", al que siguió el fantástico disco de su consagración, "Wind On The Wires", con algunas canciones memorables. Su tercer capítulo, "The Magic Position" supuso un relativo parón a su ascenso meteórico, y en este 2009 lanza "The Bachelor", que nos devuelve al Patrick Wolf de los grandes momentos de su segundo álbum. La fea y agresiva "Battle" despistó como precedente del álbum, porque "Hard Times" es puro romanticismo exacerbado cabalgando sobre la ebriedad de unas cuerdas fascinantes; cuerdas que sobrevuelan por todo el disco, como en "Theseus", recién sacada de una película de nocturnos desiertos orientales. La grandilocuencia sentimental de "Damaris" te clava en el sofá, pero la electrónica preciosista de "The Messenger" te saca por la ventana en vuelo rasante. Ningún álbum de Patrick es fácil, ninguno se repite, ninguno se acomoda, pero cuando su talento se despliega, a lo grande o en pequeñas dosis, el flechazo es profundo. Y en "The Bachelor" hay varios flechazos emocionantes.
De Jarvis se debe esperar siempre todo, el golpe genial, la voz atractiva, la melodía brillante. Pero lo cierto es que desde 1998, año de "This Is Hardcore", es difícil rastrear en su obra la fascinación que ejerció en aquellos años 90. En esta década, sus proyectos, duetos y picoteos no han demostrado gran cosa. Su debut en solitario, "Jarvis" (2006) fue tibio, un disco sólo de momentos. Pero su segundo disco, "Further Complications" deja literalmente a cuadros. Venía precedido de buenos comentarios de cercanos de fiar, pero en realidad el disco es un bofetón para cualquiera que esperara al Jarvis de los buenos y viejos tiempos. Una hamburguesa cruda de rock grasiento, ¿qué pasa? ¿que grabar con Steve Albini equivale a sonar siempre así, incluso para el gran Jarvis?. Para Nirvana estaría bien, pero no para el de Sheffield. Áspero, sin inspiración, como si de repente le hubiera dado por juguetear con el glam-rock más desfasado y requetevisto. Su primer single es "Angela" a lo David Bowie pero sin chicha, como todo el disco. Irreconocible Jarvis en "Caucasian Blues", en "Pilchard", no digamos en las horrendas "Fuckingsong" y "Homewrecker!". Estamos a favor de que los artistas cambien de tercio, investiguen, no se atasquen y se repitan como el ajo, pero cambiar por cambiar, escupir un disco tan rastrero para un tipo con la clase que siempre tuvo Jarvis Cocker, no. Está claro que ha llegado a ese alto status de artista que hace lo que le da la gana, pero este disco no deja de ser una sorpresa desagradable que no hace más que añorar los tiempos pasados de este gran músico. x Matías Galli
Homenajeando al Rob Fleming de "Alta Fidelidad", inauguramos esta sección de listas inservibles: vale todo, para nada, sin sentido y porque sí, el puro placer de clasificar. Primer capítulo:
5 películas europeas favoritas de los 70
x A. Hurtado 1. "El soplo al corazón" (Louis Malle, 1971). Controvertida, dulce, arriesgada, moderna y cautivadora obra maestra acerca de la adolescencia más inquieta y las relaciones materno filiales, a ritmo de jazz. Lea Massari enamorando a la pantalla y Louis Malle rozando la perfección.
2. "Secretos de un matrimonio" (Ingmar Bergman, 1973). Duro, extenso, realista, íntimo y personal estudio de la desesperación, la soledad y la angustia que invade a un matrimonio que cae en el abismo del resquebrajamiento sentimental.
3. "Robin y Marian" (Richard Lester, 1976). Sean Connery y Audrey Hepburn maduros y fantásticos en una comedia de amor y aventuras, el Robin Hood menos heroico y más creíble de la Historia del Cine. Una delicia.
4. "¿Quién puede matar a un niño?" (Narciso Ibáñez Serrador, 1976). Miedo a la luz del día, escalofrío al sol del verano. Un repaso cualitativamente terrorífico de Ibáñez Serrador a un género machacado por el exceso de oferta y la falta de talento.
5. "La noche americana" (François Truffaut, 1973). Una película dentro de otra película, un homenaje al propio cine de uno de sus grandes maestros. Alta escuela cinematográfica francesa.
Volvían a Zaragoza Los Straitjackets, y eso supone de antemano un lleno en la sala que los programe, porque el público del rock’n'roll en su vertiente más clásica es fiel e incondicional.
Entramos en la sala cuando aún estaba cerrada y el Colectivo Anguilarealizaba una de sus inmortales sesiones de fotografía. Iván y Pedro nos dieron las primeras pistas para desmontar la leyenda de los enmascarados: a pesar de lucir máscaras de luchadores mexicanos, tan sólo uno de ellos habla español. Y el vocalista, Big Sandy, que interpreta bastantes canciones de su disco “Rock En Español”, y que les acompañaba para la ocasión, le llega justo para decir hola y adiós en español. ¿Fraude, timo o magia?. Nos da lo mismo, ellos hablan rock’n'roll, y es universal.
Los Straitjackets x Colectivo Anguila
Estuvimos pinchando antes de su salida al escenario, con la sensación de sentirnos observados, y ahí estaban Teen Beat, Daddy O-Grande, Eddie Angel y Pedro del Mar, sin sus máscaras pero con sus trajes, preguntándonos por las canciones que sonaban antes de su show, y regalándonos su último disco “The Further Adventures Of Los Straitjackets”. Todo un detalle.
A partir de este párrafo todo lo que leerán será una crítica musical partidista ensalzando a la banda, como agradecimiento y reflejo del sentir general de todo el público que asistió. Su actuación alternó el repertorio de los dos discos citados. A los bloques instrumentales de tres o cuatro temas le seguía la aparición en escena del sudoroso Big Sandy jaleando al respetable, y diciendo tres frases en español que llevaba anotadas en la palma de la mano. Big se hizo más grande cuando tuvo que entretener al público improvisando un set humorístico, contando unos chistes en inglés mientras cambiaban una cuerda de la guitarra. Fueron impactando en las almas presentes: “Hay viene la plaga”, “California Sun”, “De día y de noche”, “Hey Lupe”, “Loco te patina el coco” y el resto de versiones con traducciones imposibles. Sonaron brillantes y entretuvieron durante hora y media. Apuesta segura. x Simón Zico
Solemos huir de las notas promocionales, aunque a veces caigamos en un sensacionalismo superior al que las remite. Nuestro entusiasmo no esta condicionado por el marketing agresivo, sino por la necesidad de compartir experiencias y momentos sonoros. Hoy haremos uso de la que nos mandan desde Argentina: “Simón Zico, acá te mando una gaceta de la banda":
GACETILLA DE PRENSA. BANDA DE TURISTAS. 2009 Banda de Turistas es la fusión de dos universos: el de la canción pop, accesible e instantáneo y el hermético, de sonidos cósmicos, mántricos y espectrales.
El resultado es una estimulante combinación en la que el formato canción se ve intervenido por la experimentación.
Un cóctel de emociones que prepara al oyente para la nueva era.
Con letras que oscilan entre lo real, lo onírico y lo desopilante, el joven quinteto logra captar la atención del público y la prensa para dar un primer gran paso: "Mágico Corazón Radiofónico", su disco debut, el cual graban y coproducen junto a Tuta Torres y mezclan con el prestigioso productor Mario Caldato Jr. (quien trabajó con artistas como Beastie Boys, Blur, Beck, Molotov, Super Furry Animals, entre otros…)
"Mágico Corazón Radiofónico" se encuentra disponible completo para su escucha en el portal de MySpace y es editado en formato Cd a través del sello argentino Estamos Felices. Pronto disponible en México.
Consiguen la apertura de críticas de la revista Rolling Stone siendo el primer grupo en 10 años, y en la historia de la revista, que lo logra con un primer álbum y gran aceptación por parte del público. “El novel quinteto pop psicodélico argentino supo sostener con empirismo esa loable naturaleza redentora en su maravilloso primer larga duración, Mágico Corazón Radiofónico. Lanzado recientemente, es, sin dudas, uno de los mejores discos nacionales de este año”. Yumber Vera Rojas –Revista Inrockuptibles-. “Banda de Turistas se concentró en las canciones: las dejó salir de manera natural. Y el resultado es notable: un disco que llama la atención por su frescura, buena química y desestructura musical” Silvina Marino - Diario Clarín-”. Añadimos antes de nuestro cuestionario, que han sido teloneros de Keane.
1. Piedra, papel o tijera. Canciones
2. Andrés Calamaro, Estelares o El mató a un policía motorizado. Andrés Calamaro!
3. Pilates, psicoanálisis o vermú. Nada de eso
4. Bingo, cartas o Playstation. Ruleta, todo al negro
5. Morir de amor, vivir de la fama o padecer en el anonimato. Hacer cada vez mejores canciones. Lo demás es una consecuencia.
6. Cuál de estos disco creéis que esta más sobrevalorado: My Bloody Valentine “Loveless”, The Strokes “Is this it”, o Portishead “Dummy”. Ninguno de ellos, aunque el mejor está entre el de My Bloody y Portishead
7. En el epitafio qué os gustaría más: una frase de argot futbolístico, un refrán o una estrofa célebre. "La máquina favorita, que en paz descanse" que es una mezcla de todo eso.
8. Los políticos argentinos: están por llegar, se confunden con los especuladores económicos o trafican con las ilusiones de sus votantes. Trafican con las ilusiones de los votantes
9. Hacemos música para: visitar otras ciudades con hotel y cena pagada, para mostrar nuestro interior o para mantener una manicura impecable sin callo. Porque nos gusta plasmar a través del tiempo nuestro propio imaginario..
10. Si llego a viejo y me jubilo elijo: una limpieza de sangre, un alzheimer selectivo o inaugurar una calle con el nombre de la banda. Hacemos rock, eso es algo que no vamos a planear!!x Simón Zico
"Rompepistas", de Kiko Amat. Editorial Anagrama, 2009.
Soy un mal lector. Inconstante, incongruente, intransigente, inconsistente. Por eso, la voracidad con la que he deglutido "Rompepistas", la tercera novela de Kiko Amat, me ha dejado a mí mismo impertérrito e incrédulo. Zis zas, lo que con otros es un verano con "Rompepistas" han sido tres sentadas.
Había oído y leído cosas acerca de "El día que me vaya no se lo diré a nadie" y "Cosas que hacen BUM", sus dos novelas precedentes, y sobre todo había leído cosas de Amat en Rockdelux. La casualidad quiso que en la librería me topara con éste. Y cuando leí la descripción que del autor se hacía en la contraportada -"escritor accidental, periodista cultural sin carrera, anglófilo militante y apasionado fan del pop"- y su año de nacimiento, tuve un claro pálpito favorable hacia este "Rompepistas¨: como si lo hubiera escrito un amigo, y supiera que me iba a gustar un huevo.
Con una prosa que se engulle como un bistec por un náufrago, con ansia, aceleradamente y con un deleite máximo, la historia del adolescente Rompepistas un mes de junio de 1987 rápidamente es la tuya, con muy distintas coordenadas en las formas pero fondos primos hermanos comunes a cualquiera que recuerde la confusión de su adolescencia. Las formas, cuatro amigos de 17, ratas de alcantarilla atrapadas en un pueblo del extrarradio barcelonés poblado de punks y skins, el lema 'no future' en el alma y la música tatuada en el corazón: Generation X, The Clash, The Jam, The Beat y muchos más.
La novela se balancea entre frases, situaciones y vivencias, propias de la edad, que hacen reír y sonreír todo lo ancho de la boca, ingenio y diversión contagiosa, y el trasfondo de amargura del paulatino y desasosegante ingreso en la edad adulta y los problemas que en ella nada más comenzar ya se acumulan. La historia de un chico punk perdido entre la mierda que a veces es el mundo, y cómo las cosas buenas que te llegan saben doblemente a gloria entonces. Y duele, por cercana, cómo se estruja el corazón al recordarlo el narrador 20 años después. Una época de descubrimiento, casi nunca grato eso sí. El primer amor, la amistad pactada con sangre, las victorias pírricas frente a las numerosas grandes derrotas de la vida. El párrafo final lo dice todo, y cuando lo terminas se incrusta un mazapán en la tráquea.
Un libro magnético, nostálgico, irreverente, mordaz, iniciático, melancólico, gracioso, ensanchacorazones, de asimilación instantánea y, diría incluso, inolvidable. Al menos para mí y, seguramente, para todos aquellos que alguna vez bailaron pogo, pero a conciencia, y que reconozcan que en el paisaje de su memoria aún pululan, no se sabe cómo, los Juegos Reunidos Geyper, Gente Joven y La bola de cristal, el Madelmán, Coyote y Mortadelo, la E.G.B. y el B.U.P., el chupachup Kojak con chicle dentro, el Burmar Flax y las pipas Churruca, los Goonies, las zapatillas J'Hayber, C3PO, el breakdance, el Seat Ronda y los Peta Zetas, y sobre todo, las canciones que te hacían saltar y bailar, que te suben la adrenalina hasta los topes. O sea, cuando, de verdad de la buena, estábamos vivos. x F. Andén
"¿No es eso la adolescencia, después de todo? Un estiramiento inhumano y antinatural y dañino de la niñez. Un disparar los últimos cartuchos antes de ingresar en la vejez. Sólo que algunos cabezotas nos encariñamos con ella y, terminados los cartuchos, cargamos con la bayoneta, y luego, cuando ésta se rompió, fuimos a la carga con la culata, y luego con las manos, y luego con el culo y luego con los dientes. Con lo que hiciera falta. Sin aceptar la derrota, estúpidamente."
Odiaba a la gente y asumía su culpa por tal hecho, pero al menos le gustaba reírse de sí mismo por ello. Se acordó de la frase de Bossuet ("Si crees gozar de la felicidad manteniéndote alejado de los hombres, eres un dios, un anacoreta o una bestia") y, considerándose sin duda más bestia que dios, se imaginó al gran Félix Rodríguez de la Fuente, con esa entonación suya tan característica que tocó techo con el alimoche y el abejaruco, analizando todos los comportamientos distintivos de su aparente misantropía: "Bárbaro se compra su McMenú y se lo lleva al escondrijo del asiento trasero de su coche, aparcado al final del parking gratuito del centro comercial, al que se acerca en algunas ocasiones amparándose en las sombras de la noche invernal"; o "para no tener que intercambiar palabra alguna, nuestro amigo Bárbaro se cambia de acera con la sutileza de un reptil cuando, con su vista del mejor de los linces, ve a lo lejos acercarse a alguien conocido"; o "Bárbaro, con el paso del tiempo, cada vez se recluye más y más tiempo en su madriguera, de tal forma que para verle fuera de ella es necesario poner algún efectivo cebo musical para contemplarle unas horas al aire libre en donde se parapeta bajo una gorra calada hasta los ojos, para esconder lo máximo posible la dirección de su mirada"; o "el escurridizo Bárbaro nunca está mucho tiempo en un mismo ambiente, pues en seguida desarrolla una enfermiza e irracional ojeriza para con sus congéneres, a quienes considera casi siempre unidireccionales y planas simple minds que siempre van incomprensiblemente en su contra"; o "este Bárbaro, huidizo paladín de la inadaptación social, va atravesando kilómetros y kilómetros por la tupida selva de la vida, dejando por el camino contactos que apenas le duran un suspiro en el tiempo debido a su desinterés absoluto por mantenerlos, y siempre buscando el utópico edén de los de su especie, una llanura extensa y vacía donde disfrutará con placer de todo el tiempo previo al día en que el último de todos sus allegados y conocidos le dé el definitivo matarile social". Se rió él solo cuando imitó en alto la voz del amigo Félix.
Alguien le tocó por detrás. "Vamos a cerrar". "Que te den", pensó para sí sin siquiera volverse. "A ti y a todo el patético árbol genealógico que desgraciadamente te ha permitido pisar este mundo". La persona con la que había quedado no había aparecido. Pero no se enfadó, ni siquiera le supo malo, más bien todo lo contrario. Procedió, con la gratificante sensación que le proporcionaba siempre esta acción, a apagar su móvil hasta el día siguiente. A. Hurtado
Neil Francis Tennant, nacido el 10 de julio de 1954, cumplirá este 2009 sus 55 años, y Christopher Sean Lowe, nacido 4 de octubre de 1959, celebrará su medio siglo de vida este año. Juntos llevan al frente de los Pet Shop Boys desde 1986, una carrera paralela en el tiempo a la de Madonna, y similar en el efecto generacional ocasionado, capaces de afiliar en sus filas de fans a cada generación de jóvenes y de mantener a los adeptos logrados.
Han sido capaces a lo largo de 23 años de renovar o revisar su sonido, para mantener la esencia y añadir el ingrediente justo de vanguardia necesaria para huir del estancamiento o la caducidad de su propuesta. Son el espejo donde se miran innumerables bandas de techno pop deudores confesos de su sonido.
Y ahora dejamos de ensalzar su papel de músicos ejemplares para hablar de su disco “Yes”. Para los que no somos fans, sino observadores del dúo, nos han llamado la atención dos canciones por sus arreglos diferentes al resto del disco: “Beautiful People”, eminentemente pop con arreglos orquestales, es una canción que podría cantarla Jarvis Cocker, Richard Hawley o Neil Hannon y la elogiaríamos como una de las canciones del año. La segunda canción es “Legacy”, que con sus seis minutos y medio se asemeja a la narración de un cuento orquestado con programaciones insinuadas. Si lo hicieran Flaming Lips estaríamos hablando de la segunda parte de “Yoshimi”.
El resto del disco es un catálogo completo de su sonido habitual, con incursiones en las tendencias actuales de la pista de baile vía remezclas extras. Y según parece indicar nuestro radar se detectan cuatro hits de calado inmediato: “Love Etc.”, “More than a dream”, “Pandemonium” y “The way it used to be”. Vamos, que para no ser fans, creemos que mantienen el tipo y la tendencia ascendente en su gráfica de resultados. x Simón Zico
Un día antes, aproximadamente a la misma hora, contemplaba cómo comenzaba a llover en mi terraza y ese inconfundible olor a mojado se mezclaba con el sonido de "A l'aveuglette", una penúltima escucha antes de paladearla al día siguiente en directo en voz de su autora, Françoiz Breut. Me vino a la cabeza en tan buen momento lluvioso aquel entrañable concierto de la francesa con Dominique A en Benicassim hace casi trece años cuando la complicidad entre ambos contagiaba todo el ambiente de magia, o la cantidad de veces que "Si tu disais" ha iluminado buenos momentos de mi existencia. "A l'aveuglette" es uno más de esos discos que necesitan ser redescubiertos en cada escucha, pero una vez que has entrado, el encanto de la Breut se pega a la piel, y aunque no entiendas ni papa, esa cadenciosa forma de cantar en francés envuelve el sentido con facilidad. En la noche de su presentación en Zaragoza no escogió su repertorio más fácil, el que la hubiera llevado a un éxito inolvidable, pero aún así su presencia, su voz y ese final a dos voces con "Over All" valió por todo lo que se esperaba de ella.
Bigott, previamente, inició la noche, y como si le impusiera y le relanzara la plaza en la que esta vez lidiaba, todo un Teatro Principal de su ciudad, estuvo más comedido que de costumbre en las formas, pero en el fondo, como si supiera que esta noche era especial para él, estuvo pletórico de voz y de canciones, en donde lo mismo brilló su dueto con Clara a lo Velvet Underground & Nico que el solo de su guitarrista eléctrico a lo Yo La Tengo. Su folk de ascendencia americana con ramalazos country sonó más convincente que nunca.
Y de Russian Red, salvo algunas canciones nuevas que no desmerecen a las de "I Love Your Glasses", nada que no se dijera en la crónica de su anterior visita: sigue creciendo y sin bajar su alto nivel habitual. x Crackity Jones
The Smiths: Un placer insuperable x Javier M. Carpi (So Young #14, 1998)
The Smiths (Rough Trade 61, feb. 84) Comenzando con la claustrofóbica "Reel around the fountain", que enseguida se convierte en adictiva, y terminando con la lánguida tristeza de "Suffer little children" (¡joder! cómo te hiela los huesos la desesperanza fría de los páramos), el primer trabajo de los de Manchester supone todo un encontronazo seco con los sentimientos más escondidos que enseguida afloran bruscamente (a los casi quince años se convierte en un disco sencillamente IMPRESCINDIBLE). Coge cualquiera de las canciones, exprímela una y cien veces y saca las frases con las que seguro que te identificas. Entonces y ahora, un escaparate emocional fundamental en nuestras vidas.
Hatful of hollow (Rough Trade 76, nov. 84) La promiscuidad creativa de Morrissey y Marr no podía perderse en caras B de exquisitos singles y en sesiones perfectas de la radio inglesa, y este trabajo se convierte en la ideal excusa para prolongar los sueños de miles de seguidores ya fanáticos. Dieciséis perlas que sirvieron para cimentar aún más una dependencia casi vital hacia el grupo. Y es que siguen consiguiendo una identificación completa (y ¿quién no dice alguna vez lo que se dice en "Heaven knows I'm miserable now"? o ¿quién no ha reprimido las lágrimas al hacer suya la letra de "How soon is now?).
Meat is murder (Rough Trade 81, feb. 85) Morrissey destapa su rabia anti-sociedad más furibunda (de amargado autista pasa a agresivo "outsider" en "Meat is murder" o "Nowhere fast") y sigue salpicando de ingratitud, sufrimiento, rabia, indecisión, lagrimeo, rencor y desdicha las melodías preciosistas de un Marr totalmente perfecto. Seguimos de paseo por los parajes emotivos de historias cercanas. La lírica punzante recorre nuestras vidas y nos impacta, pegajosa, en nuestra propia piel (y "That joke isn't funny anymore" es sólo un tímido ejemplo). Si hasta entonces no queríamos vivir sin ellos, a partir de ahora no podemos ya vivir sin ellos.
The Queen is dead (Rough Trade 96, jun. 86) Embadurnando la visceralidad y la pasión existencial con una pulcritud rockista madura, el nuevo trabajo de los Smiths consigue mantener viva una llama ahora ya inextinguible. No hay vacuna que te inmunice y el contagio es seguro con "There is a light that never goes out", "Cemetry gates" o "Some girls are bigger than others". ¿Sufrir una carga?. Nunca el dolor de la soledad fue tan agridulce y tan emocionante como cerrando los ojos mientras "I know it's over" hace vibrar tus tímpanos sensibles. La reina estará muerta pero nunca desearás tanto acudir a un mismo funeral.
The world won't listen (Rough Trade 101, mar. 87) El mundo nunca cerraría ya sus oídos y el nuevo recopilatorio recogía maravillosos singles no incluidos en los álbumes ("Panic", "Ask", "Shoplifters of the world unite") y no menos excelentes caras B ("Half a person", "Stretch out and wait", "Asleep") y sencillos extraídos de "Meat is murder" y de "The Queen is dead". Otro pequeño tesoro y aunque todos los temas ya eran conocidos (¿os he contado ya la satisfacción que producía ser un inquieto buscador de cada nueva delicia que con asiduidad sacaban a la calle), el glamour y el encanto de un nuevo disco de los Smiths suponía un placer (casi) insuperable, y es que haciendo todas las permutaciones posibles entre sus canciones el resultado era el mismo: MARAVILLOSO.
Louder than bombs (Rough Trade 255, abr. 87) Editado inicialmente por Sire en los USA el nuevo recopilatorio incluía como única novedad el single "Sheila take a bow" y sus correspondientes caras B "Is it really so strange?" y "Sweet and tender hooligan". En la portada, una Shellagh Delaney encantadora teñida de naranja frustración (también aparecería en la portada de "Girlfriend in a coma") que invitaba una revisión de la magia emocional en forma de doble disco.
Strangeways, here we come (Rough Trade 106, sep. 87) El adiós definitivo y la despedida más triste. Cuando el disco sale a la calle la disolución ya es un hecho (tras meses de dudas desde la marcha de Marr en verano de ese mismo año) y por eso el disco lo recibimos con desolada inquietud, con tristeza y pesadumbre. Y mucho de lo que en él se oye invita precisamente a eso. "Last night I dreamt that somebody loves me" es toda una bofetada de desesperanza que te despierta de golpe de un sueño perfecto, "Girlfriend in a coma" susurra el drama del final de una relación especial...Y la palabra muerte repetida en varios temas, el desaliento de las cosas no terminadas, los puñales envenenados lanzados con vehemencia hacia los antaño queridos... Un disco pesimista, una obra intensa, un pellizco amargo, una (otra) obra sublime. Y el corazón dolorido por lo que estamos perdiendo.
Rank (Rough Trade 126, sep. 88) Único testimonio oficial en directo (junto a la cara b de "Hand in glove" y de "That joke isn't funny anymore") para uno de los grupos que cuenta con más conciertos pirata en el mercado. Toda la magia del cuarteto (quinteto en el disco ya que pertenece a la gira del "The Queen is dead" en la que les acompañaba Craig Gannon) para despedir al grupo más emblemático de la década de los 80 en Gran Bretaña. Posteriormente llegarían varios recopilatorios de "The best of" y "Singles" una vez que la WEA compró su catálogo y decidió explotar la fiebre necrofílica de los de Manchester.
Esperamos el primer largo de Cohete, mientras saboreamos su crecimiento paulatino en el subconsciente colectivo. Tras su paso por Actual 09, su particular forma de concebir el pop está enganchando cada vez a más adeptos. Sonidos amables del día a día surrealista. Enrique nos regala unas breves respuestas al control de calidad.
1. Piedra, papel o tijera. Piedra, papel y tabaco
2. Apuntarme a un gimnasio, aprender inglés o limpiar los armarios de la cocina. ¿?
3. Pilates, psicoanálisis o vermú. Vermú!
4. Bingo, cartas o casino. Bingo
5. Morir de amor, vivir de la fama o padecer en el anonimato. Vivir de la fama
6. Patrullero Mancuso, El Niño Gusano o Penélope Trip. Los Patrulleros
7. En el epitafio que os gustaría más: una frase de argot futbolístico, un refrán o una estrofa célebre. Una estrofa
8. Los políticos españoles: están por llegar, se confunden con los especuladores económicos o trafican con las ilusiones de sus votantes. ¿?
9. Hacemos música para: visitar otras ciudades con hotel y cena pagada, para dar envidia a nuestros compañeros de instituto o para mantener una manicura impecable sin callo. Para visitar otras ciudades, hasta con pensión y dos copas
10. Si llego a viejo y me jubilo elijo: una limpieza de sangre, un alzheimer selectivo o completar todas colecciones que tengo con fascículo 1 y dos de regalo. Limpieza de sangre! x Simón Zico
Había perdido ya la cuenta de las veces que le había dado vueltas a los datos de cierre del año de la empresa en la que trabajaba como director financiero. Había consultado manuales, páginas web, recalculado las cuentas una y otra vez....pero lo que le contestaban los números era siempre lo mismo: la empresa se iba a la mierda. Con la mirada perdida más allá del ventanal de su despacho, pensaba en lo que le dirían sus jefes cuando, desesperados, le inquirieran sobre su inexcusable retraso en comunicar la voz de alarma y adoptar las medidas paliativas necesarias, o en las caras de sus compañeros cuando se enteraran de que su ingreso en la lista de desempleados era inminente. Le daba igual. Bajo ningún concepto estaba dispuesto a que se suspendiera la cena de Navidad de todos los años y no correría riesgos. Así pues nadie debía saberlo y a nadie se lo había participado. Excepto a su mujer, claro. A ella –todavía desconocía por qué clase de sortilegio- nunca le había podido ocultar nada. Aunque no fuera su voluntad –ni la de ella-, siempre acababa impelido a darle parte de los sucedidos de cualquier índole que salpicaban su cotidianeidad. De vez en cuando se preguntaba –y sorprendentemente pronto debería responderse- si sería capaz de ocultar una eventual situación de infidelidad en una tesitura como la que él vivía, sometido de una forma tan extraña a su pareja hasta el punto de sentirse incómodo cuando salía sin ella. El día de la cena de Navidad, empero, era diferente. Por absurdo que fuera, ese día se sentía legitimado para aflojar ese lazo que no dejaba de apretarle sutil pero implacablemente y permitir que su espíritu se explayara siquiera tímidamente.
Lo que no podía imaginar de ninguna manera era a dónde acabaría llevándole esa en apariencia inocente licencia que se daba a sí mismo desde hace unos años. Aquella noche, los remordimientos laborales que reaparecieron durante la cena en forma de cándidas e ignorantes risas de sus compañeros, fueron perdiendo paulatinamente intensidad a medida que los diferentes fluidos espirituosos penetraban en su organismo. Y si alguno quedaba, terminó por desaparecer por completo cuando sus ojos se cruzaron con los de la mujer morena que, con una media sonrisa y mirada sospechosamente brillante, llevaba un rato marcándole desde el otro lado de la barra. Una frase sin sentido, una conversación aderezada con múltiples –y gordas- mentiras, alguna copa de más, una burda excusa para evadirse de sus compañeros sin levantar sospechas...y, entre nebulosas, se vio entrando en el piso de su one-night-stand. Deambulaba por el pasillo camino del dormitorio, excitado como un verraco, cuando de pasada le llamó la atención algo que le resultó familiar. De la pared colgaba una orla. Concretamente la misma que adornaba un habitáculo de su propia casa y en la que, hacia la mitad de la sexta fila, aparecía su mujer recién licenciada y con diez años menos. A medio camino entre la incredulidad y el espanto, tuvo que superar un instante –sólo uno- de titubeo antes de dejar su mente en blanco y abandonarse al dulce de lis que le esperaba a veinte pasos. Realmente el tema estuvo tan bien que incluso recibió los parabienes de su ocasional amante, especialmente feliz por sus habilidades ‘lingüísticas’. Envuelto en un halo de varonil satisfacción, un agradable sopor le iba venciendo hasta tal punto que a esas alturas ni pensaba en la excusa que tendría que poner si, como creía, llegaba a su casa bien entrada la mañana ni en toda la increíble movida que pasaría por su mente el subsiguiente day after.. Fue entonces cuando su compañera de cama comenzó a hablar. Las palabras fluían de su boca normalmente, pero él las escuchaba a cámara lenta, notando cómo cada una de ellas se clavaba sin compasión en su cabeza, produciéndole un abrupto desvelo del que en ese momento era incapaz de atisbar su fin.
- Oye, tío, me has caído de puta madre y te defiendes bien en la cama. Tenía ganas de variar y creo que ha llegado el momento. Ahora mi amante es una mujer ¿sabes?, pero ya llevo un tiempo necesitando un cambio. Es una antigua compañera de facultad con la que me reencontré hace un tiempo. Es buena tía y me da un poco de pena, la verdad, porque se le va a juntar esto con el tema de su marido, que por lo visto se va a ir a la calle dentro de nada. Pero lo superará. ¿No te parece?. x Atreyu
Miembros del grupo: Uno. Carlos. Dos. Alberto. Tres. Débora. Cuatro. Rafael. Cinco. Ricardo.
Disco: "Gascoigne" (2009), ellos insisten en que es una maqueta.
Una curiosidad: Cuando algunos miembros de Gascoigne se quieren desprender de la dulzura de su pop, acompañan como banda de punk el Tua.
Nombres con quien se les puede asociar: Family, Carlos Berlanga, La Buena Vida, Camera Obscura, Le Mans.
Gascoigne (2009). Carlos toca la batería en Gascoigne y, desde el verano pasado, cuando nos vimos en lo que prometía ser un concierto de The Clientele (acabó suspendido), llevaba hablándome de su nueva maqueta. Ahora me toca corroborar las buenas sensaciones que él tenía durante su grabación. Comenzaremos diciendo que el sonido no es de maqueta, es de disco y de los buenos. A los controles del estudio de La Cafetera Atómica estuvo Rafa Domínguez: para el que no lo conozca, una institución en el indie zaragozano al haber estado en los grupos Tras el Francés, INK, Muy Poca Gente, Guisante y Huracán Ambulante. Carlos nos dice que sólo han hecho 100 copias y que ni siquiera han perdido tiempo en numerarlas, mientras da un sorbo a su caña en el Bacharach. Sus nueve canciones pasan rápidas en la escucha. Han conseguido equilibrar su sonido de pop naive, dosificando sus recursos: combinando las voces, incluyendo pequeños destellos de melódica y rompiendo las estructuras clásicas pop. Carlos nos regala su “disco” y nos explica su estrategia de mercado: “En el concierto que daremos en La Lata de Bombillas lo regalaremos a los que vayan, y pondremos un bote para el que quiera dar un donativo”. Si tenemos que elegir entre sus canciones nos quedamos sólo durante esta semana en el top con “Lo mejor”. Seguramente la semana que viene será otra, y pronto les pediremos más, que el año tiene muchas semanas y necesitamos más canciones de Gascoigne. Altruismo pop, con la sencillez de un recortable. x Simón Zico / Foto: Pedro Hernández