Tipos de personas odiosas en los conciertos Cascando rabias diarias (17)

9/12/17

Este artículo fue escrito por Alba Cordero y publicado en la página web sesiongolfa.com en febrero de 2015.

Los conciertos son lo mejor del mundo excepto por la gente que va a ellos. Las personas son, por lo general, molestas. Cuanto antes lo asumamos, mejor. Porque la magia (mala) de la música también consiste en concentrar en un concierto a todos los tipos de personas odiosas que la raza humana puede proporcionar.

1) Los que no paran de hablar. Desde el minuto uno hasta que acaba el bis. Nadie, aparte de ellos, entiende que es el lugar idóneo para relacionarse con sus amigos, que han pagado veinte euros (más quince de gastos de gestión, aproximadamente) para hablar tranquilamente porque en España no hay bares, parece ser.
2) Los que cantan a gritos. Que se note que se saben todas las canciones y que se lo están pasando fenomenal.
3) Los que cantan como si estuviesen en una audición a ciegas de La Voz.
4) Los (las) que gritan cosas a los músicos. Da igual que estén en primera fila o en última.
5) Los que piden la canción conocida. No saben que más canta, y les da igual, pero de ahí no se van hasta que toque la que conoce, así que se lo recuerdan durante TODO el concierto.
6) Los de la camarita. Una foto para el Instagram, perfecto. Un vídeo para guardar de recuerdo, vale. Ver el concierto entero a través de la puta pantalla del de delante, pues mira, ya no.
7) Los de la camarita profesional. En los recintos grandes hay un foso estupendo donde los fotógrafos hacen su trabajo sin molestar a nadie, se van y todos contentos. Pero las salas…ay, las salas. Estás tú ahí tan feliz en tu primera fila, sin nadie que tape tu visión, y zas, llega el fotógrafo de turno.
8) Los de los selfies. No sois tan guapos como para sacaros veinte fotos seguidas. Que si con el escenario de fondo, que si con mi amiga poniendo morritos...
9) Los altos. Vale, sí, esto ya es personal. No digo que tú, persona altísima aficionada a conciertos tengas que ver todo desde el final de la sala, pero igual tu 1’95 puede estar en un sitio que no sea la segunda fila.
10) No me olvido de los que van en pareja a comerse la boca mientras suena la canción de amor, ni de 11) los borrachos que saltan con el vaso en la mano y te duchan con cerveza, ni de 12) los que van con sus cánticos preparados para entonar cada vez que el cantante se separe del micro, ni de 13) los que se pasan medio concierto llamando al bajista para que les mire y poder saludarle con la mano porque un día coincidieron en un bar y ya se creen sus amigos.

Entre todos podemos unir fuerza y combatirlos. Y sino, que permitan la entrada a los conciertos con una recortada.
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Me permito completar para Soyuz el artículo con los siguientes tipos:
14) Los hombres con camiseta de tirantes o directamente a cuerpo gentil michelinesco. Casualmente, nunca huelen a gel de baño sino a porcino revolcado, por lo que el inevitable y húmedo contacto se antoja desagradabilísimo en grado vomitivo.
15) Los de la mochila. Ni se quieren gastar el euro del servicio de guardarropía, ni se fían de dejarlo en ningún sitio fuera del alcance de la vista, ni siquiera tienen la deferencia de dejársela entre sus pies. No. Mochilón a la espalda.
16) El conocido con el que has hablado un par de veces en tu vida que se pone al lado tuyo y te empieza a hablar con todos los decibelios del mundo, al que además no le entiendes nada y le dices a todo que sí y encima le huele el aliento a cerveza que mata. x Gabi Lombardo

El cine y las rosetas de maíz tostado y reventado Cascando rabias diarias (16)

13/1/13

En un hipotético pase de modelos en el que en lugar de esbeltos seres humanos desfilaran esnobs cascarrabias, yo podría ser un perfecto y cotizado modelo de pasarela. Lo reconozco sin paliativos: no puedo soportar el ruido de palomitas, el ruido continuado de toses, de móviles, las risas a destiempo, incluso la respiración, en el cine.

Una vez reconocida esta anomalía personal, hay ocasiones en las que hasta la más paciente de las personas bondadosas perdería la tranquilidad y la concentración. Ayer -no acostumbro a acudir al cine los fines de semana y los miércoles, pero a veces me salto la norma confiando en la mejoría de la educación del ser humano moderno, craso error siempre- fui a ver "Amor", la alabada película del retorcido director austriaco, nacido alemán, Michael Haneke (el director perfecto para un esnob cascarrabias), una obra cuyos protagonistas son dos ancianos, en la que apenas hay música y sí mucho silencio y mucho dolor tácito, y en el que además de amor, se respira decrepitud y muerte como conceptos básicos.

Al lado me tocó a un señor cuarentañero, con una barriga de esas que, no es que no se vea la picha cuando mea, es que no se ve ni las manos que la sujetan. Por supuesto, llevaba un cubo de palomitas tamaño XXL que, por lo que pude constatar en todo mi radio de acción visual del cine, que estaba a rebosar, era el único de toda la sala. Aderezado con un vaso XXL de cocacola con bien de hielos que, curioso, nunca se derriten. Por su sobrepeso galopante, su respiración era desacompasada y agitada, sonora, en una palabra. Hasta aquí, la parte del esnob cascarrabia tipo.

A partir de aquí, y a partir de la primera media hora de película, el horror. Ante su evidente aburrimiento, empezaron los comentarios despectivos por lo bajini-no-tan-bajini, las consultas de la hora a su acompañante, las palomitas que no se acaban nunca, los hielos que chocan una y otra vez unos contra otros, otro comentario lamentable y atroz acerca de la anciana protagonista de la película, ahora que me muevo hacia la izquierda, ahora hacia la derecha, ahora que me despanzurro lo que la tripa me deja, en el asiento. Cualquiera al que le estuviera gustando la película, o simplemente la respetara, se hubiera convertido a la religión esnob cascarrabia gracias a este desagradable espécimen.

Seguramente las recientes nominaciones a los Oscar de esta película, y el escueto y amable título, llevó a error a algunas personas que quizá esperaban ver la última comedia de Jennifer Aniston. En todo caso, fue un sufrimiento estar viendo una película así, en estas condiciones. Me hubiera gustado decirle a mi vecino de butaca un 'váyase señor palomitero', con la peor entonación aznarina posible, con seguridad ambos habríamos sido más felices esas dos horas de nuestra vida.

Una pregunta me surge para finalizar esta diatriba: ¿por qué, aunque recientemente haya acabado de comer, de merendar, de cenar, aunque no tenga ni pizca de hambre, la gente se pone hasta arriba de palomitas en el cine? ¿alguien come palomitas en otro sitio? ¿qué tendrá esta roseta de maíz tostado y reventado, asociado al cine, que no tengan otros frutos secos u otros alimentos de picoteo? x Fran Dolz Peone

No te olvides la toalla cuando vayas a.....¡la cancha! Cascando rabias diarias (15)

20/5/11

‘El sudor es el lubricante del éxito’. Anónimo


Pues eso, que la graciosa y ya vetusta canción de Puturrú de Fua nos da pie a adaptar su letra para reflejar lo que se nos pasa por la cabeza después de una buena temporada ya viendo algún que otro partido de tenis en la tele.

Y es que de un tiempo a esta parte no hay quien aguante. Los jugadores están más tiempo con la dichosa toalla en las manos (brazos, cara, piernas...) que con la propia herramienta de trabajo, o sea, la raqueta. No es que la pidan de vez en cuando, que podía ser comprensible en función de algún punto especialmente largo y duro, por una caída sobre la tierra batida que lógicamente te pringa entero, por un día de calor aplastante..., no, es que la piden ya por sistema al terminar cada punto. Da igual hombres, mujeres o cosas intermedias como Schiavone; la práctica está extendida hasta tal punto que es muy difícil encontrar honrosas excepciones.

Al principio, y para que quedara diáfano (ver vídeos de David Ferrer, al que bien podemos considerar claro precursor de la movida), se hacían gestos claramente explícitos al modo de girar la palma de la mano abierta delante de la cara, para que el recogepelotas de turno (no sé si habrá algún chaval ya exclusivamente para la función toallera, olvidándose de las pelotas, pero no me extrañaría un pelo) entendiera a la primera que lo que se demandaba era la toallita de marras. Ya no, es acabar el punto y una simple extensión del dedo índice hacia el fondo de turno indica sin margen para la duda que lo que se desea es la ‘pieza de felpa, algodón u otro material, por lo general rectangular, para secarse el cuerpo’, que es como la RAE define a la también
llamada ‘toballa’, por algún que otro sector de la población. Y te acabas cansando, porque si de por sí la tendencia se iba encaminando sin remedio hacia que los amiguitos tenistas apuraran cada vez más su tiempo entre punto y punto (¿verdad Nadal?), con la sesión toallil el tema acaba alargándose definitivamente más de la cuenta con el permiso tácito que parece legitimar el refrote.

Qué tiempos, ay, los del mítico Lendl, con esas aparatosas muñequeras que le bastaban y sobraban para de vez en cuando pasárselas por la cara y enjugarse el sudor sin más zarandajas hasta que llegara el descanso preceptivo cada dos juegos. O el travieso McEnroe, que tenía más que suficiente con levantar un brazo y acercar su frente a la manga para hacer lo propio. Qué decir de la cinta en el pelo, que aparte de para sujetar el ídem, también puede servir para evitar que te chorree la frente (ver James Blake, con la cinta sobre su desértico cráneo), pero no, mola más ahora calarse un pedazo de gorra demencial en la cabeza -abstrayéndote incluso de estar eventualmente bajo techo-, que aunque provoque más transpiración, el espónsor es el espónsor, y para algo están la toalla y el ejército de toalleros que tiene que haber detrás. Que ésa es otra, porque a la marcha que van, en cada torneo tiene que haber una auténtica camionada de toallas preparada para dar curso a tanta glándula sudorípara desbocada.

En fin, que no sé cómo terminará la cosa, pero a lo mejor acabamos viendo a toda una cohorte de variopintos profesionales de la peluquería, masaje, quiromasaje, manicura, pedicura, limpieza de cutis....pululando en derredor del sufridor que continuará, eso sí, aguantando la sombrilla, no sea que le dé una insolación al jugador mientras descansa. x Atreyu

Wo wo, sha la la, ye ye ye ye

Las vacaciones sin fotos... no son vacaciones Cascando Rabias Diarias (14)

24/9/10

Si hace tiempo, tras unas vacaciones de verano, analizábamos el comportamiento del turista medio occidental con respecto a los buffets libres, en esta ocasión abordaremos la cuestión de las fotos.

Excluyendo a los verdaderos aficionados a la fotografía, que durante el año ya dedican su tiempo a este bonito arte (minoría, por supuesto), la locura que le da al viajero con el botoncito de las cámaras de fotos es digna de estudio. Veamos el caso concreto de un viaje organizado y en grupo. Aquí el absurdo puede llegar a ser total, y el viaje entendido como experiencia de vida, como una oportunidad -quizá única- de presenciar y conocer paisajes, costumbres y gentes diametralmente diferentes a lo que tenemos visto en nuestro discurrir diario, buscando de una forma u otra algún tipo de enriquecimiento personal, pasa a un octavo plano.

El primer plano y principal, rey absoluto, lo ocupa tener algo que enseñar a amigos y familiares con el ánimo de vanagloriarse con lo maravillosa que ha sido su experiencia. Con el avance de la tecnología, megas y megas, gigas y gigas de imágenes de casi cualquier cosa que implique diferenciación se acumulan en las modernas cámaras. Un perro, una casa, una niña, una artística ánfora, un campo sembrado, un templo en ruinas, un bonsai, un botones, una exótica pieza de fruta, una matrícula, un plato de comida... da igual: hay que fotografiarlo absolutamente todo. Parejas, y hasta familias de 3 ó 4 miembros, cada uno con su propia cámara, cuanto más grande mejor.

Así, la máxima tragedia de un viaje no es la sacudida de un tifón o un golpe de estado, es que se rompa la cámara de fotos.

En resumen, la gente no viaja para retener gracias a su retina visiones memorables, sino para fotografiarlas a fin de, en un día lejano, recurrir a la evocación de la imagen para recordar lo que una vez realmente apenas vio, porque estaba intentando encuadrar su Canon, sudando la gota gorda discurriendo la mejor toma.

Puedo dar fe personalmente de cuando, a bordo de un autocar en busca de una puesta de sol famosa por su belleza en un determinado lugar, se confirmaba a la llegada que las nubes no dejarían disfrutar de la vista del bonito atardecer en todo su esplendor, y a uno de los viajeros, indudablemente preso de la fotitis, se le escapó sin poder remediarlo un: "¿Y para qué vamos a bajar a verlo, si no se van a poder hacer fotos?". x Crackity Jones

Una organización desastrosa Cascando Rabias Diarias (13)

26/7/09

Como si fuera una segunda parte del Cascarrabias comentado en estas mismas páginas hace pocos días con respecto al concierto que Leonard Cohen dará en Zaragoza, cuestiones previas al concierto de Madonna de ayer en la feria de Zaragoza sumaron unos cuantos despropósitos que rayaron lo vergonzoso. Para empezar, esa estafa que no poca gente ha sufrido con el tema de las entradas. Como "la organización" (ese ente sin cabeza pero con mucha cara) había pinchado por todo lo alto con la venta de entradas en esta ciudad, se dedicó a rebajar el precio de las entradas al 50% e incluso más para no hacer el ridículo más espantoso. Y claro, eso es un agravio digno de una demanda conjunta en el juzgado: ¿así se premia así a todos los fieles que compraron la entrada en los primeros días, medio regalando luego las entradas a gente que en un principio pasaba olímpicamente del concierto?. A muchísimas personas, sin ninguna duda "la organización" (desorganizada y rastrera) le ha robado un buen dinero de la entrada. Eso por un lado.

Por otro lado, el acceso al recinto de conciertos. Sí, ya nos habían avisado de que en el concierto de The Rolling Stones el caos circulatorio de acceso a la Feria fue tremendo. Pero claro, uno piensa, iluso, que en ese tipo de cosas se aplica el refrán "para aprender, perder" y que después de aquella chapuza se habrían tomado medidas al respecto (¿a alguna autoridad le suena el término "habilitación de carriles"?). Pues ni medidas ni niño muerto. Cada cual que se apañe, y se te pierdes medio concierto (cosa que le ha ocurrido a muchísima gente, fueran en coche propio o en autobús facilitado al efecto) pues te jodes. Así que, perfectamente, alguien habrá pagado 69 euros -por una que en realidad costaba luego 36-, para contemplar un concierto de 60 minutos en lugar de 110 que fue lo que duró más o menos.

A esta gente -ya sabéis, "la organización" desorganizada y rastrera-, sólo le interesa, cómo no, la pasta, y el resto son detalles sin importancia (como gastarse un pastizal en los caprichos de la artista), haya personas con ilusión o no detrás. Ojalá sus pérdidas hayan sido de las buenas.

Dejando de lado todo el desastroso evento previo, la actuación de Madonna por lo menos hizo finalmente olvidar tanta indignación contenida. Comenzó con un sonido pésimo que hacía pensar que estábamos en un karaoke retumbón, hasta que pasó sus éxitos de los 80 por un tamiz electrónico que resultó. Y resultó porque básicamente su concierto tiene su sustento en una fantástica pléyade de vídeos gigantes, seguido de un cuerpo de baile (el suyo, que dejó claro que tiene más horas de gimnasio que de dormir; y el de unos tíos cachas que se movían como muñecos sin articulaciones) espectacular, y en donde la música de Madonna -que se pasó un poco en cuanto al tiempo cuando, para cambiarse de ropa, simplemente emitía uno de sus vídeos, o cuando dio tantos minutos a un gran combo gitano con violín en ristre- definitivamente se puede enclavar en el cajón de la electrónica, cosa que dejó bastante perplejo a buena parte de público (sí, seguramente a toda aquella que no pensaba ir ni de coña al concierto y que luego pensó que por la mitad de precio no le importaba ir a escuchar "Into The Groove" o "Like A Prayer" a recordar aquellos viejos tiempos en que le prestaban algo de atención a la música) pero que lo salvó y que por momentos lo hizo grande a fuerza de ritmo potente y machacón. Un show en toda regla, como corresponde a una artista de las que todavía arrastran masas. Y eso, dada la reconversión de Madonna, tiene su indudable mérito.
x Bárbaro Pacífico

Gastos de distribución Cascando Rabias Diarias (12)

7/7/09



La noticia era muy buena: Leonard Cohen visita la ciudad en la que resido, y en la que los acontecimientos musicales de calidad nunca han brillado demasiado por su cantidad. Un auténtico galápago, sí, 75 años. Pero qué galápago. Uno de los grandes, del que, últimamente, se habla sobre todo de que su representante lo desplumó y que ahora recorre medio mundo para sacar pasta. Lo mismo da. Sus conciertos, al parecer, contienen grandes momentos musicales. Y yo estaba dispuesto a rascarme el bolsillo aún siendo un artista cuyo mejor momento me pilló en pañales, y sabiendo que últimamente con los conciertos en grandes superficies se pasan tres pueblos con el precio.

Lamentablemente, en este se han pasado toda una comarca entera, por lo menos. 70 euros. Aún con semejante multa indecente, y reuniendo a favor los parámetros de calidad del artista y posibilidad de volver a verlo en otra ocasión, decidí gastarme el dinero. El primer día a primera hora me meto en Tickmaster para coger buen asiento de pureta bien cerca, y ¿qué me encuentro?. Que el dolor por el desorbitado precio de la entrada aumenta 8,90 euros más por ese concepto moderno llamado "gastos de distribución". Total de la entrada: 78,90. Y aún te dicen que están los "impuestos incluidos". Os podéis ir directamente a la mierda. ¿Gastos de qué? ¿Distribución dónde?. Una auténtica vergüenza. Y lo peor es que no son capaces de poner el precio total real de la entrada y evitar un disgusto mayor al personal, no, siempre ves un precio en un cartel o donde sea y cuando vas a comprar la entrada observas al de delante tuyo en la fila que se le queda cara de bobo cuando le cobran un suplemento por todo el morro, la misma cara que se te vuelve a quedar a ti cuando te toca.

Lo siento, Leonard, otra vez será. Espero que llenes el recinto con otros incautos. x Matías Galli

Lotería de Navidad Cascando rabias diarias (11)

21/12/08

La lotería de navidad, la de los cargantes niños cantores de San Ildefonso, lejos de revelarse como un hermanamiento nacional basado en la esperanza y la fortuna, lo que verdaderamente hace es sacar a la luz dos de los pecados nacionales con denominación de origen de aquí más representativos: la vagancia y la envidia.

Vagancia porque lo que todo el mundo espera, si toca lo suficiente, es no trabajar, y a poder ser desde entonces mirar por encima del hombro al que lo seguirá haciendo para los restos. Y envidia porque si le toca al vecino, compañero de trabajo o a tu primo segundo y a ti no, hay peligro de úlcera de estómago de lo que se van a corroer tus entrañas.

Por eso, la gente compra lotería de cofradías, equipos de fútbol sala, colegios, grupos de teatro, asociaciones culturales, peñas recreativas y lo que haga falta, no por pensar en hacerse millonario con los miserables 2,40 euros jugados -porque aunque pagaste 3 euros, el boleto llevaba 60 céntimos de recargo para subvencionar la
opípara cena de navidad y las copas de después del que nos vendió el boleto y sus colegas-, sino por la insoportable comezón de pensar que te han ofrecido un número que, si luego toca y no has comprado, le vas a dar vueltas y vueltas a la estupidez cometida de no haber comprado, encima te lo van a estar refrotando por la cara y a esa persona con seguridad te gustaría no volver a verla nunca más. Aunque, claro está, todo esto se aplica sólo al que compra algo pero no de todo lo que le ofrecen, porque el héroe que consigue no comprar nada ya asume con convicción que su vida seguirá igual antes y después de la lotería de navidad, presente ya en nuestras vidas desde agosto por lo menos.

Así, uno se puede juntar con boletos de todos los colores y cantidades, que a veces luego ni sabe dónde cobrar. Porque está el auténtico enfermo que compra en bares, tiendas y cualquier lugar que tenga su propia lotería (que son todos), pudiendo dejarse a fondo, casi seguro perdido, cantidades que mejor ni comentar, por indecentes.

Y no me olvido de esa inevitable estampa navideña de todos los años una vez celebrado el sorteo: en todos los telediarios, la gente botando fuera de sí con cara de haber visto una aparición de la virgen en chancletas, abrazados unos a otros en las correspondientes localidades afortunadas, y apestando a pedo de champán incluso a través de la pantalla. Eso sí, todos nos alegraremos si los afortunados son pobres o parados, que para eso es navidad y tenemos mejores sentimientos que el resto del año. x A. Hurtado

Centros Comerciales Cascando Rabias Diarias (10)

16/9/08



Los Centros Comerciales (C.C.) bien podrían llamarse hoy Centros de Recreo Familiar (C.R.F.), Centros para el Disfrute Gratuito de Aire Acondicionado (C.D.G.A.A.) o incluso Centros para no Tener que Estar con los Niños en Casa el Sábado por la Tarde (C.T.E.N.C.S.T.).

Para cualquiera que los quiera utilizar para su sentido más práctico, esto es por ejemplo, encontrar tres tiendas de ropa juntas para elegir un vaquero, o comprar en el hipermercado la comida mensual que tu horario partido no te deja a diario, acudir a un Centro Comercial se ha convertido en una tarea ingrata y engorrosa: más gente por baldosa cuadrada que una hora punta en Times Square (en Navidad literalmente es complicado andar tres pasos sin tropezarte con alguien), cabezas de familia (preferentemente femeninas, solas o en compañía de análoga) empleadas con fervorosa dedicación al noble arte de la esquilmación de tarjeta de crédito (propia o de su desposado), adolescentes aburridos en grupo preparando el asalto al nuevo botellón, carritos de niño ocupando los carriles de ida y vuelta y sin semáforos, en definitiva, un puto infierno para los detractores de las multitudes bajo techado.

Ya lo dicen los responsables de estos lugares, "a pesar de la afluencia de gente, especialmente de familias con niños pequeños que, por el mal tiempo, vienen aquí a pasar el día, los dependientes de los establecimientos se quejan de las pocas ventas".
Los Centros Comerciales se han convertido en un lugar donde pasar la tarde a la fresca, como en los pueblos cuando se salía a la puerta de la casa a charlar de lo que fuera bajo una buena sombra. En fin, serán cosas de estar de moda, y desde luego los Centros Comerciales son un producto de nuestro tiempo muy de moda, no hay más que ver que los están construyendo como setas, y que por muchos que hagan, y bien lejos que estén los condenados, siempre están llenos de peña dispuesta a tropezarse contigo. x Matías Galli

'Amigo de sus amigos' Cascando Rabias Diarias (9)

25/2/08



Aquí está una de las sandeces más grandes que tenemos que escuchar, y lamentablemente bastante a menudo. ¿Qué atributo extra a la amistad normal tendrá que tener uno para subir un escalón y poder considerarse 'amigo de sus amigos'?. Porque si no eres amigo de tus amigos ¿qué coño eres con respecto a ellos? ¿Sub-amigo de tus amigos, semi-amigo de tus amigos, mal amigo de tus amigos?

Hace años que siento desazón por esta cuestión. Cuando cultivas una nueva amistad ¿cómo pasas a considerarte amigo o incluso muy amigo de tu amigo? ¿Compartiendo ropa, discos, noches desveladas, ex novia?. Y al revés, cuando eres muy amigo de tus amigos y te distancias de ellos sin abandonar la amistad del todo por los motivos que sean, ¿a qué estado retrocedes?

Pensándolo bien, la situación en que más se oye esta expresión es cuando alguien pasa a mejor vida, y como virtud post mortem se le aplica esta "cualidad". Encuentro esta noticia en el Diario de Córdoba: "Sus amigos definieron ayer a A. J., estudiante de tercer curso de Informática de Gestión asesinado el pasado 1 de enero, como un "chico simpático, alegre, deportista, muy amigo de sus amigos, noble y que no se metía nunca en peleas"". ¿Hay que palmarla por tanto para que te atribuyan esta virtud, como una especie de asignatura aprobada en el momento en que el corazón deja de latir?. ¿Es la expresión que nos ocupa equivalente a valores como la simpatía, alegría o nobleza de carácter?

Como posible ramificación, se podría estudiar la situación en que se encuentran aquellos amigos especialmente sociables que de forma fácil hacen amistad con algún amigo que ha conocido a través de un amigo anterior: supongo que entonces, cuando muriera, habría que decir de este hombre que era "amigo de sus amigos e incluso amigo de los amigos de sus amigos" como piropo último de extraordinaria bonhomía.

A mis amigos (en el caso de que sean realmente amigos míos y yo de ellos): espero que no me rechacéis por el hecho de no ser en realidad un amigo vuestro, porque desde luego no me identifico ni me gustaría escuchar jamás esta estúpida frase aplicada a mi bagaje vital. Para que lo recordéis ahora y en la hora de mi óbito.
x Fernando SoYoung

Volando se va

31/12/07

A toda pastilla ha pasado este 2007 (o sea, como todos), esperemos que en 2008 nos ocurran cosas extrañas (vertiente positiva). Estas son algunas de las historias que han circulado por Soyuz que merecen un pequeño recordatorio...

Papá o Mamá: Nistal (Simón Zico)
"Me como lo que hay en el plato pensando en mejores menús venideros mientras escribo una canción un poquito mejor que la anterior".

Disconflicto: Astrud: "Tú No Existes" (Hang the Dj / Sergio H)
"Ya estoy harto de esa modernidad barcelonesa suya, de ese supuesto ingenio desbordante, de su elitista y mordaz lenguaje y de aceptar pulpo como animal de compañía". // "Realmente admirable lo estas dos mentes prodigiosas del pop español".

Encuentros: "Crossings" (Atreyu)
"Apenas fue un segundo pero tuvo la impresión de que la profundidad de esa mirada le gritaba algo silenciosamente".

A los que leen: "Trescientos días de sol", de Ismael Grasa (Asun No)
"Extrañeza de lo cotidiano, rutinas incómodas, convicciones largamente mantenidas y fácilmente contrariadas".

Cascando Rabias Diarias: "Intronáutica" (Laminé Román)
"A lo lejos podía escuchar a los Intronautas destrozando una canción de Family cuando de repente, mi bajo vientre emitió un quejido similar al de un ñu cuando mamá leona le da la primera de una serie de dentelladas".



Artículo general: Closer (Simón Zico)
"Brillantez compositiva, personalidad, convicción... cada disco que editamos en Closer es un disco del que nos tenemos que sentir orgullosos".

Fotografía: Peter Hook, en la sala Oasis (Pedro Hernández)

Concierto: Dominique A (Flashboy)
"Un concierto del de Nantes siempre es un repaso para las neuronas, un regalo para los sentidos".

Vídeo: "Cigarette In Your Bed".

Tocinillo de cine: "La noche americana", de Truffaut.
"Todo tratado con una exquisitez mayúscula en un tono de comedia que avanza engulléndote con facilidad en la trama".

Todos somos pop Cascando Rabias Diarias (8)

27/12/07



Hace tres semanas mientras esperaba cola en las oficinas de la Agencia Tributaria. Tomé uno de sus panfletos publicitarios para pasar el tiempo leyendo y comprobando sus ganchos de marketing para fidelizar al contribuyente. Me llamó la atención por su diseño, el cual podéis ver a la izquierda. Y al comprobar su parecido tan insultante con los diseños que Aramburu hizo para el primer disco de los Planetas “Súper 8”, me empecé a someter a un interrogatorio absurdo y en espiral ascendente esquizoide:
- ¿Habrá sido el propio Aramburu el diseñador de este trabajo o se lo habrá vendido algún listillo a la Agencia Tributaria?
- ¿Alguna vez pasó por la cabeza de J y Florent la trascendencia que tendría el art work de su primer disco, quince años después?
- ¿Estaba pensado inicialmente para Hacienda o para Benetton, por lo multirracial de las figuras?
- ¿Estamos asistiendo a pequeña escala a la perversión de iconos sectarios para convertirlos en masivos e institucionalizarlos?

Podría seguir, pero os invito a colocar un post con preguntas que os sugieran estos panfletos, o mejor aún, que alguien me dé respuestas.
A la única conclusión que pude llegar a través de la lógica fue:
Agencia tributaria= Hacienda; Hacienda= todos somos; Hacienda= diseño “Súper 8”; “Súper 8”= “pop”; Todos somos= pop. x Simón Zico

Horror en el supermercado Cascando Rabias Diarias (7)

7/12/07



Bajo a las 16,30, rompiendo de mala gana la rutina de mi plácida siesta, para ver si encuentro menos gente en el supermercado. Ni por ésas. En realidad no hay demasiada gente, pero los cuatro gatos callejeros que hay en la fila que preside la desganada cajera llevan cada uno de los cuatro el gigantesco carro a rebosar de comida mierdosa: parece que hoy haya un 3x2 en productos rebosantes de colesterol. El caso es que, por fin, me toca a mí pasar por caja. Pero oh, qué raro, hay un problema con la cuenta de mi predecesora de 1,52 cm. con niño cabezón a su cargo: la nota asciende nada menos que a 77 euros y sólo lleva 72. Por supuesto, me doy cuenta de que si me hubiera puesto en la otra fila ya estaría saliendo por la puerta de la calle: en la elección de la fila, la ley de Murphy se me aplica con un tino atroz.
-Señora, además de los tomates tiene que quitar algo más.
-Bueno, pues la salsa de tomate
.
Hoy es el día del tomate.

Momentos antes de este lento arreglo en la lista final de la señora, las fosas nasales suben a mi cerebro un olor de esos que marean al instante: miro al hombretón con cara de asesino en serie que hay al lado mío, y sólo me basta ver el pico de su camiseta interior para ver que ese color amarillento no es precisamente de una prenda recién lavada con Perlán. Ni con nada, desde hace por lo menos tres meses. Qué grima, vuelvo a pensar una vez más en que este establecimiento es el de ambiente más maloliente de todos los que haya visitado en cualquier parte de la ciudad, del país y del mundo, y no son pocos.

Por fin me toca. Cuando estoy metiendo a toda prisa el aceite de oliva y las zanahorias, la bolsa de plástico -recién pagada- se me rasga. No importa, cojo otra. Pero, ay madre, cuando me agacho a por la sustituta mi cabeza queda a dos centímetros de la bragueta del ya nombrado señor amarillento Don Hedorfétido de la Pestilencia y Pútrido de Nauseabúndez, familia pudiente -y pudriente- donde las haya por estos lares.

Tres cuartos de hora después de mi incursión comercial entro en casa, y si algo no puedo negarme a mí mismo es que siempre hay algo fuera de serie que contar en mis visitas al supermercado. x Laminé Román

El teletexto Cascando Rabias Diarias (6)

13/11/07



La convivencia es muy complicada. Estamos cansados de oírlo –y de vivirlo-. Y la complicó todavía mucho más un invento llamado mando a distancia. Pero no se quedó ahí el artilugio de marras, origen de mil y una discusiones, no. De repente, aparecieron nuevos mandos con unos botoncitos de colores rojo, verde, azul y amarillo, que conducían a: EL TELETEXTO.
¿En qué cabeza pudo anidar semejante idea?. Debería estar en la cárcel, puesto que está comprobado que su invención llega a provocar fuertes adicciones, sobre todo entre el género masculino. Y ya de paso también deberían ir a la cárcel los diseñadores de tan espantoso sistema de información visual: colores feos, redacciones lamentables, lentitud exasperante (¿realmente es necesario para pasar de página esperar cinco minutos a que dé la vuelta el marcador hasta la página 800 una y otra vez?). Y ya que estamos con preguntas sin respuesta (por lo menos una inteligente): ¿es imprescindible para los hombres conocer el resultado de la Segunda División B de fútbol los domingos, los resultados del balonmano europeo entre semana, todos esos listados deportivos y económicos que hacen daño a la vista, ver un mapa del tiempo donde un sol es un cuadrado amarillo y la lluvia unas comillas, el historial del Tour de Francia, leer las noticias que acaban de ver hace diez minutos en el telediario?.

Estoy por hacerme psiquiatra e inaugurar una nueva especialidad: el tratamiento de adictos al teletexto, peligrosa enfermedad que puede afectar hasta el alelamiento total del paciente y, lo que es peor aún, desquiciar a todos los que le rodean, que tienen que asistir con ojos incrédulos a un incesante pasar de pantallas oscuras detallando las más absurdas informaciones. x Wendy Cunt

Descendencia descendente Cascando Rabias Diarias (5)

16/10/07

¿Alguien se ha parado a pensar en el porcentaje de tíos más bajos que su padre, o ya si me apuras, en los que no le sacan cabeza y media? Ahora piensa en tus amigos, en tus primos, en el vecino del quinto o en tu compañero de curro si es que conoces a su viejo...Pues eso, y aunque sí, haberlos háylos claro, la proporción es nimia, casi nula, o despreciable, como diría un matemático. Por eso - y no valen los que miden 1.80 y su padre 1.85-, cuando eres uno de ellos de vez en cuando tu cabeza pide recurrentemente una explicación racional. Y te acuerdas, nostálgico, de cuando a los quince años, tratabas de tranquilizarte a ti mismo pensando que -decían- se crece hasta los veintiuno. Así, hacías tus cálculos, y aun con la previsión más modesta de a centímetro al año, la cosa no acabaría tan mal. Sinceramente, no sé qué habría hecho de saber que a mis quince el crecimiento había tocado a su fin para los restos...

La cosa era peor cuando compartías tus cuitas con la peña. Estaba el típico que te decía que bebieras más leche, "mira, desayuno todos los días un vaso de leche y un plátano, y no crezco ni me crece" les contestaba indefectiblemente. Algún otro, y juraría que lo hacía en serio, se decantaba por la demencial explicación de que no me estiraba lo suficiente al levantarme... Pero el que más me jodía era el tontaina que curiosamente no llegaba nunca a 1.70, aunque siempre redondeaba a esa cifra su altura, y te venía disertando sobre la altura media de los españoles, la cual era precisamente y según diversas estadísticas ese 1.70. "Puede que no te falte razón -le respondía yo- pero te quedaste en la posguerra, amigo".

Yo siempre he tratado de buscar algo más sofisticado, más rebuscado, que diera respuesta a algo tan antinatural; que si unas caries mal curadas, que si la orientación de la cama no era la adecuada, demasiadas chucherías en la dieta, abuso de masturbación....Y tantas otras que van surgiendo sobre la marcha, como cuando vas por la calle y ves a alguien que te parece pequeño a lo lejos pero curiosamente según se va acercando te vas acojonando y al ponerse a tu lado compruebas que, quizá no era tan pequeño. Es precisamente en esos momentos cuando las neuronas trabajan más rápido y rápidamente te aclaran que las aceras, con el objeto de desviar el agua de lluvia a los sumideros, tienen una pequeña inclinación y, por supuesto, tú ibas en la parte más baja del pavimento al cruzarte con el pequeño creándose por ende una leve ilusión óptica. Y te quedas tan ancho. O, sin aceras de por medio, te acoges a la proporcionalidad como ultimísimo y desesperado recurso, arrogándote por la cara y sin más jueces el hecho de estar mejor proporcionado que el otro bajito (que ésa es otra, a ver por qué narices hablamos de bajitos y no de bajos a secas, que a ver quién ha oído alguna vez altito o altazo en vez de alto).

En fin, que siempre quedará recordar a cierto filósofo urbano originario de Torrero y con sobrenombre de futbolista italoargentino -que apenas superaba el 1.60, claro-, el cual aseveraba, convencido y sin complejo alguno:
- En la posición horizontal, chaval, no hay diferencias de altura.
x Atreyu

Patinaje sobre hielo Cascando Rabias Diarias (4)

2/10/07

Resulta frustrante ser nítidamente consciente de la degeneración progresiva de tus propias neuronas: lenta y sorda, pero continua e imparable. Es complicado no deprimirse cuando necesitas recordar el nombre de alguien a quien te presentaron ayer mismo y no hay forma humana de que tu cerebro resuelva tan sencilla operación.

Lo curioso es que si tengo la sesera hecho cous-cous ¿cómo es posible que, en cambio, me vengan a la mente con toda facilidad series de nombres estrambóticos que al parecer han quedado indelebles en mi memoria desde los 9 años?. Cito algún ejemplo: Machichaco, Ajo, Peñas y Estaca de Bares (cabos del Cantábrico); o Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas (guerras púnicas); ¿y que la capital de la isla de Tonga sea Nuku'Alofa o la de Burkina Faso, Ouagadougou?. Inconcebible. O rizando el rizo, que alguien me explique el misterioso hecho de que ni por un momento he podido olvidar (y han pasado una pila de años) las 24 marcas de lavadora que recomendaban el uso de Colón y que aparecían en el famoso bote del no menos conocido detergente (AEG, Aytona, Aspes, Balay, Bru, Candy, Cointra, Corcho, Crolls, Domus, Edesa, Elbe, Ignis, Jata, Kelvinator, Lackey, Linde, Míele, Otsein, Philips, Sigma, Super Ser, Westinghouse y Zanussi), y que aprendí tan sólo en un par de sesiones infantiles sentado en el trono casero.

¿Será que a los 9 años las neuronas hacían halterofilia y ahora les ha dado por patinar sobre hielo?. x Boletus

¡Sólo es una fórmula! Cascando Rabias Diarias (3)

14/9/07



Es un comentario ya antiguo pero siempre vigente entre un amigo y yo la perplejidad que nos embarga ante la fatal incongruencia de que el ser humano haya llegado a la Luna (y hace casi cuarenta años nada menos), haya enviado sondas a Marte, sepa lo que hay al otro lado del Universo... y todavía no haya dado con la fórmula del crecepelo. Es inconcebible. Siempre pensamos que era por la poderosa influencia de las marcas multinacionales dedicadas a los rentables tratamientos anti-caída, pero nada más absurdo (bueno sí, más absurdo es creerse que esos tratamientos funcionan).

En realidad siempre tuvimos claro mi amigo y yo que si personajes pudientes y con buenas fortunas como Bruce Willis, Alberto de Mónaco, Sean Connery o Leonardo Dantés seguían calvos con el paso de los años es que no había remedio alguno para nosotros. Eso sí, aunque sea tarde, nunca desfalleceremos en la esperanza de que nazca un Einstein de la regeneración capilar en un futuro próximo, es decir, antes de que abran esos hoteles en el espacio... x Boletus

Intronáutica Cascando Rabias Diarias (2)

7/9/07



Hacía una tarde espléndida, y tras un -como siempre- arduo y molesto proceso de instalación de la tienda de campaña, ya estaba de lleno metido en el excitante engranaje del festival. Otro festival más. A lo lejos podía escuchar a los Intronautas destrozando una canción de Family cuando de repente, mi bajo vientre emitió un quejido similar al de un ñu cuando mamá leona le da la primera de una serie de dentelladas. Un quejido más comúnmente conocido como "rayada". Pues bien, a la tercera "rayada", mis piernas tuvieron que salir al galope hacia una de esas cabinas (me río yo de la de José Luis López Vázquez) inmundas e infectas que hacen las veces de váter en estos eventos de ganado masivo.

Está claro que nadie espera una taza de Porcelanosa en sitios así, pero tampoco un habitáculo más apropiado para hienas leprosas y mofetas pulgosas en donde desenvolverse a gusto sin adquirir un contagio biobacteriológico es casi tarea de prestidigitación.

Aún así, la cara de felicidad con la que uno sale de un trance de urgencia máxima como éste es para hacerse una foto, un rostro feliz que engaña y mucho a la siguiente víctima, que aunque no espera Porcelanosa seguro que tampoco imagina semejante berenjenal... x Laminé Román

Unas cuantas leguas de viaje con la condición humana Cascando Rabias Diarias (1)

25/8/07



Visitas una ciudad bonita, con sus iglesias antiguas, sus paseos por el río, sus crepes de nutella, sus miradores incomparables y sus...quince personas por metro cuadrado. El mundo para borregos, todos a los mismos lugares, en fila de a uno y sin empujar, por favor. Hay que hacer auténticos masters turísticos para encontrar algún lugar interesante en el que poder mirar alrededor y no encontrar japoneses con sus cámaras o tetrafamilias ruidosas; quizá en alguna calle perdida o algún rincón de un parque en día nublado.
Con todo, nada como perderse por las calles de una ciudad desconocida en la que no entiendes nada de lo que habla nadie.

Visitas un hotel con playa contigua, esperando que en tu habitación reine el silencio y que no te hagan madrugar para tomar el desayuno. La respuesta del azar es una discoteca con los graves a favor de viento hasta las siete de la mañana y un desayuno a las 9 tipo buffet, en donde encontrar mesa es como toparse con una palmera en el Ártico, en donde cada persona ingiere con ansiedad cuatro veces lo que suele desayunar cualquier día de su vida, en donde la comida sobra en las mesas y se tira a la basura por toneladas y en donde la fila para llenar tu vaso de zumo se entrecruza con la del jamón serrano.
Con todo, nada como dejar el mundo a un lado y poner la mente en blanco al sol marítimo.



La condición humana es una gran desilusión. Lo dijo Woody Allen en su film "Stardust Memories", y estoy seguro que no lo dijo sin pensar. x Laminé Román